Te has vuelto herida.

Es así de simple, no te mereces ninguna de mis cartas.

No mereces todas esas palabras que escribo día tras día al viento, porque es el único que se las lleva con él.

No mereces que mis ojos hablen por mi corazón, ni que la maquinaria de éste viva por y para ti.

No mereces que plasme los recuerdos en poesía, esa que vas dejando por mi piel a cada paso que das.

No mereces que algo tan bonito te pertenezca, ni una sola gota más de lluvia con tus iniciales.

Y quizás te sigas asomando por la puerta de mis sueños, por si en algún momento decido retroceder y besarte todas las mentiras, todo el daño hecho, todos los portazos que diste.

Puede que en algún momento caiga de nuevo en tus manos, haciéndome cada vez más pequeñita y terminando acurrucada en una de tus curvas de la palma de tu mano.

Pero por ahora no eres ni caballero ni pulmón, no me salvas ni me das aire.

Por ahora sólo me ahogas,

y eso me está matando más rápido de lo que esperaba.