Me cambié de nombre.

Te revuelves en mi cabeza, y sacas la maraña de “¿Qué pretexto uso para hablarle?”. Como si no tuvieras que hacer.

Actividad única la tuya de volverme a dar ansias. De gritar nombres con micrófono, de asomarte con linterna al sótano, o al ático; ya no sé bien qué es. Estabas bien cuando guardadita, en la ventana que da al mar.

No sé a qué le temo más.

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