Mujeres empoderadas

Material leído:

Por Pluma Invitada

“Esta semana, ministras de la mujer de más de 30 países latinoamericanos y caribeños se dan cita en Panamá, en preparación para la sesión anual del principal órgano mundial en materia de igualdad de género: la Comisión de la Condición de la Mujer de Naciones Unidas (CSW, en inglés). Este año, el tema prioritario es el empoderamiento económico de las mujeres en el cambiante mundo del trabajo.

La economía de América Latina y el Caribe se contrajo por segundo año consecutivo en 2016, y para 2017 se proyecta un tímido crecimiento de 1.3%, según las Naciones Unidas. Empoderar económicamente a las mujeres abre una posibilidad real de revertir este escenario: se estima que al superar las brechas de género en el mercado laboral se podría aumentar el PIB per cápita en la región en un 14%.

A pesar de algunos avances, estas brechas persisten en todos los estratos sociales. Las mujeres se deparan con tres realidades diferenciadas en el mercado laboral. De un extremo, en los llamados “pisos pegajosos” se encuentran las mujeres más pobres y con menores niveles de instrucción, estancadas en sectores de baja productividad y alta precariedad, con escasas posibilidades de progreso. En el otro extremo se ubican las mujeres que han desarrollado sus capacidades y cuentan con recursos para acceder a trabajos de mejor calidad, pero chocan contra los “techos de cristal” que limitan su crecimiento y bloquean su acceso a la toma de decisiones. Entre estos dos extremos, en las “escaleras rotas” están las mujeres con niveles medios de formación e inserción laboral, quienes no cuentan con cobertura o acceso pleno a la protección social, y son vulnerables a la volatilidad del entorno económico.

Las cifras son contundentes: los hombres ganan, en promedio, 19% más que las mujeres en América Latina, y el 55% de los empleos de las mujeres está en el sector informal.

Las mujeres realizan entre tres y cinco veces más trabajo doméstico y de cuidados sin remuneración que los hombres.

Para hacer frente, son indispensables leyes que dispongan remuneración igual por trabajo de igual valor, no discriminación por razón de sexo en la contratación y prohibición de acoso sexual en el lugar de trabajo. Medidas para reconocer, reducir y redistribuir el trabajo doméstico y de cuidados no remunerado, a través de la inversión en servicios sociales básicos, infraestructura y servicios de cuidado infantil. Y — de particular relevancia para la región — es fundamental garantizar los derechos de las trabajadoras domésticas, que representan 14 de cada cien mujeres en el mercado laboral, por medio de la ratificación de la Convención 189 de la Organización Internacional del Trabajo, que exige a los Estados extenderles los derechos laborales básicos, incluyendo horas extras, licencia anual remunerada, salario mínimo y condiciones de trabajo seguras.

En la cita de Panamá, este complejo temario es el que tendrán frente a sí: representantes de los gobiernos de América Latina y el Caribe, destacadas economistas y numerosas organizaciones y redes de la sociedad civil y del movimiento regional de mujeres para contribuir al análisis y al debate con su dilatada experiencia.

No podemos reactivar nuestras economías de forma perdurable si la mitad de su fuerza productiva y creativa permanece en empleos mal pagados y de baja calidad, sin acceso a la toma de decisiones y asumiendo la carga del trabajo de cuidado sin remuneración, lo cual se intensifica en períodos de desaceleración económica y austeridad fiscal. Para construir economías más justas y sostenibles, que funcionen tanto para hombres como para mujeres — y beneficien a la sociedad en su conjunto — tenemos que cambiar esta ecuación.”

Comentario personal:

Es importante promover el feminismo en una sociedad sumada en el machismo. ¿Por qué el feminismo? Bueno, este movimiento vela por la reivindicación de los derechos de las mujeres, que son las que se ven más afectadas por una sociedad machista.

No podemos hablar exactamente de promover la igualdad de género, porque al fin de al cabo la “igualdad” entre un hombre y una mujer, de por sí no existe debido a que nos diferencia el sexo. Además, las verdaderamente afectadas por el machismo son las mujeres en diversos ámbitos como el laboral, sexual, educativo y hasta en el tema de salud.

El feminismo no es género porque se da por hecho que partimos de la igualdad entre hombres y mujeres, cuando no es así. Es esta sociedad machista las mujeres están en desigualdad con respecto a los hombres.

Según el primer informe mundial (OMS) 2013 la “plaga machista” afecta a 1/3 de todas las mujeres del mundo. En Guatemala por ejemplo, según el Instituto Nacional de Estadística (2014) por cada quetzal que gana el hombre, la mujer percibe 78 centavos y además, solo el 0.7% de mujeres ocupan cargos de directoras y gerentes.

Por lo que no, no partimos de la igualdad entre hombres y mujeres. El feminismo no es género porque se está reivindicando los derechos de la mujer, no de los hombres. Por ejemplo, el racismo lucha por los derechos de las personas que sufren racismo, no por los derechos de los que lo ejercen.

O por ejemplo, un movimiento social que luche por los derechos de gays, lesbianas, bisexuales o transexuales no pretende reivindicar los derechos de los heterosexuales. Lo mismo ocurre en el feminismo, se pretende reivindicar los derechos de las mujeres y no de los hombres.

Las mujeres seguimos siendo discriminadas por el simple hecho de ser mujer. Según ONU mujeres, 800 mujeres mueren embarazadas diariamente por negligencia, sigue existiendo la disparidad entre sexos en la educación y además, las mujeres representan el 60% de las personas analfabetas en el mundo. Por estas y muchas otras razones existe el feminismo que no es lo mismo que igualdad de género. Y es ilógico quejarse de que el feminismo solo privilegia a las mujeres cuando los que tienen una posición privilegiada en la sociedad son los hombres.

Es importante, entender que este movimiento ayuda a que las mujeres dejen de ser discriminadas por el simple hecho de ser mujer. Somos capaces de hacer diversas cosas, tenemos el derecho a ser tomadas en cuenta en la política, en la educación, en el tema sexual y en el tema laboral. Es cierto, que en muchas cosas hemos avanzado pero aun queda mucho por recorrer, debemos poner en alto y seguir la lucha que mujeres iniciaron desde la Revolución Francesa.

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