De compras por la Plaza Mayor de la ciudad de México en los siglos XVII y XVIII.

En días pasados tuve la oportunidad de acercarme a la historia de la Plaza Mayor de la ciudad de México, actualmente conocido como Zócalo capitalino.

¿Recuerdan las imágenes que les presenté de la transformación de este lugar? Bueno pues en esta ocasión iremos mas allá de las litografías y fotografías del plano general.

Esta vez hablaremos de la distribución de los mercados de la Plaza Mayor de la ciudad de México, ya que esta plaza tan importante (hasta nuestros días), albergo varios mercados como:

  • El Mercado de Bastimento, fue el lugar donde se establecieron los “puestos de indios”, sólo ellos podían comprar y vender sus mercancías, generalmente frutas y verduras.
  • El Baratillo, que era el mercado de manufacturas artesanales usadas o nuevas, por lo general eran puestos de “mesillas” (pequeñas mesas de madera) donde se exponían sus productos.
  • El mercado de productos ultramarinos, también conocido como “los cajones de madera”, después llamado “Alcaicería” y posteriormente “el Parían”, cajones que estuvieron a cargo de mercaderes profesionales.

La distribución de estos mercados fue la siguiente:

  • Los cajones de los comerciantes y mercaderes estuvieron ubicados al poniente, esta posición les daba ventaja por estar cerca del portal de mercaderes.
  • Los puestos de indios al oriente, se dice que esta ubicación les permitía obtener agua de la acequia para regar sus productos.
  • El Baratillo sobre lo que hoy conocemos como la plancha del Zócalo.

Imagen: la arquitecura del comercio en la ciudad de México , 1982, p.35.

Esta representación de Francisco Villa-señor Báez , se trata de una sucesión evolutiva y de cambios de los locales de venta.

En la parte superior izquierda podemos ver un puesto colonial llamado “al viento” ubicados en los tianguis.

De lado derecho en la parte superior se ve un “jacalon” que alojaba diversos puestos.

Las imágenes de la parte posterior son puntos de venta actuales, con mostradores y escaparates para hacer las ventas más ágiles.


imagen: 500 planos de la ciudad de México, México, 1892, p. 61.

Plano de la parte central de la traza, donde se pueden ubicar las principales edificaciones.

Se puede ubicar perfectamente el “sitio para tiendas” donde los mercaderes arrendaban a los comerciantes porciones diferenciadas del espacio público para ubicar sus puestos o cajones.

En la parte central se ubica el espacio de la Plaza Mayor, donde también se seccionaba para ser arrendado.


imagen: Planos de la ciudad de México, siglos XVI y XVII. UNAM- DDF, México, 1990, p. 31.

Se dice que este plano es parte de un proceso judicial (1596) .

El Mayorazgo de los Guerrero, una familia acaudalada de la ciudad de México, llevó a los tribunales ciertas pretensiones de construir “casillas” o puestos comerciales en la plaza, como se puede observar en la imagen.

La ciudad, como propietaria de la plaza, impuso su jurisdicción y se formó el mercado de bastimento municipal.


imagen: Pintura de Cristobal de Villalpando, La Plaza MAyor 1695. En 500 Planos de la ciudad de México. México, 1892, pp. 6 y 7.

Esta pintura se trata de una idealización ya que a finales del siglo XVII, el mercado de productos ultramarinos o Alcaicería (que podemos ver al frente de color rojo en los techos) se hallaba en construcción.

Nos habla de que el autor de la obra conocía perfectamente el proyecto arquitectónico, pues como podemos observar, representó al centro de este edificio las casillas o jacales del Baratillo chico y al rededor de este los jacalones del mercado de bastimento.

a la derecha de la pintura podemos observar la acequia real con canoas y puentes para transportar las mercancías que ahí se vendían.


Imagen: Pintura y vida cotidiana en México, 1650–1950, 1999, p.67.

Esta pintura de Arellano de 1720 está catalogada como una obra de gran admiración, el titulo de la obra es Vista de la Plaza Mayor de México en la Noche Buena.

Habla de una gran mezcla cultural, plasma las practicas y costumbres que prevalecían en los mercados de la Plaza.

En el mes de diciembre la actividad mercantil se complementaba con los “puestos de Noche Buena”, este mercado atendía la demanda de especialidades decembrinas.

Se puede apreciar al frente los jacalones del mercado de bastimento decorados e iluminados.

se podian encontrar diversas mercaderias como:

  • pescados
  • frutas secas
  • colaciones
  • buñuelos
  • frutas del tiempo

En 1720 se ordenó que los puestos habrían de formar calles por las que pudieran transitar carros.


imagen: Pintura y vida cotidiana en México, 1650–1950. México, 1999, pp. 70–71.

Pintura anónima de la Plaza Mayor de México a mediados del siglo XVIII.

Esta pintura retrata dos acciones:

  • Abajo: la visita del virrey y su corte a la catedral, presenciando el cortejo los diversos grupos sociales, que pueden ser identificados por su indumentaria, en la cual podemos ver a oficiales, frailes, monjas, caballeros, damas y curas.
  • Arriba: el mercado de productos ultramarinos, con sus ocho tramos de tiendas y en la plazuela central, los puestos del Baratillo interior. A la izquierda, la acequia y las tiendas de calle señor San José.

La mayor parte de la pintura es una representación de los mercados de la Plaza Mayor.

Al frente se pueden observar los jacalones del mercado de bastimento, en el centro la multitud que se congregaba en el Baratillo chico .

También podemos observar el Portal de mercaderes de donde salen varias personas con ropa elegante de la época.


Detalles de la Pintura anónima de la Plaza Mayor de México a mediados del siglo XVIII.

Información bibliográfica e imágenes:

  • Olvera Ramos, Jorge , Los mercados de la Plaza Mayor en la ciudad de México, México, Ediciones Cal y Arena, 2007, p. 153.
  • María Teresa Suárez Molina “Los mercados de la ciudad de México y sus pinturas” p. 435–458
  • http://algarabia.com/
  • http://www.cervantesvirtual.com/
  • http://books.openedition.org/
  • Pintura y vida cotidiana en México, 1650–1950. México, 1999, pp. 70–71.
  • 500 Planos de la ciudad de México. México, 1892, pp. 6 y 7.