El sueño

En la edición de esta semana, el semanario “The New Yorker” publicó una crítica al libro “The Mystery of Sleep” del académico de la escuela de medicina de la Universidad de Yale, Meir Kryger. (Ver artículo original acá https://www.newyorker.com/magazine/2017/10/23/the-secrets-of-sleep)

Desde un tiempo a esta parte producto de mi dedicación a los temas relacionados con la productividad, mi interés hacia la ciencia del sueño también aumentó, o quizá es solo coincidencia por la gran cantidad de contenidos que se pueden leer y estudiar al respecto hoy en día. En el artículo de “The New Yorker”, escrito por el médico Jerome Groopman, relata la poca importancia que se le prestaba a la necesidad del buen dormir en sus primeros años como estudiante de medicina, y cómo en la actualidad se le ha dedicado un espacio relevante incluso incluyéndola como especialidad médica, y relacionando la falta de sueño en el surgimiento de patologías. Ese protagonismo también se ve reflejado en la tecnología, con la proliferación de un sinnúmero de aplicaciones y gadgets para propiciar, controlar o monitorear el dormir.

Pero junto con este mayor interés de las ciencias en el dormir, no ha disminuido la incertidumbre respecto del por qué todos los seres vivos necesitamos dormir. Junto con ello, el autor del libro explica ciertos patrones de los ciclos del sueño, que han ido evolucionando junto con nuestro contexto y necesidades de la vida actual. “Incluso mientras recorremos las distintas etapas, nuestro sueño se interrumpe con frecuencia por breves despertares, llamados “despertares”, cada uno de los cuales dura solo unos segundos. Kryger escribe que los “durmientes sanos” típicamente experimentan alrededor de cinco despertares por hora, aunque no los recuerdan. Los científicos especulan que estos breves períodos de vigilia podrían haber evolucionado para no ponernos en peligro mientras dormimos, sofocándonos bajo la cama, por ejemplo, o siendo vulnerables al ataque de un depredador”. Respecto de cómo las distintas etapas de la sociedad han moldeado el sueño, es tentador caer en el lugar común de atribuirle a las demandas de la vida actual, a la posesión de aparatos electrónicos y a la hiperconectividad las dificultades para conciliar el sueño. Groopman reflexiona sobre esto en su artículo, planteando que “Parece cuestionable que los humanos hayan cambiado tanto psicológica y físicamente a lo largo de los milenios que lo que nos mantiene despiertos hoy no existía en el pasado. Reiss, un profesor de inglés, sin duda está familiarizado con las muchas reflexiones sobre el insomnio encontradas en Shakespeare, cuyo Enrique IV, acongojado por la conciencia después de tomar el trono, lamenta: “¡Oh sueño, oh sueño apacible, suave enfermera de la naturaleza, cómo me asusté! ¿Tú, que ya no pesas más sobre mis párpados, y mis sentidos se vuelven olvidadizos?” Shakespeare nos revela que no siempre es fue la luz del Iphone o la maratón de series de la noche anterior lo que nos hizo mermar nuestras horas de sueño. Yo siempre me imaginé las rutinas de mis abuelos en el campo en el sur de Chile con noches largas y descansadas a la luz de una vela, y que quienes vivimos en la urbe somos los que históricamente hemos tenido rutinas de sueño mermadas por el sobre estímulo. Groopman expone las diferentes demandas que las sociedades han experimentado según diferentes contextos: “Antes de la industrialización, los patrones de sueño se basaban principalmente en la luz del día estacional. Pero la idea de que la sociedad industrial moderna es la única responsable de nuestras formas discordantes de sueño es desmentida por los ritmos impositivos de la vida agraria. Las cosechas requerían días largos y noches tardías; las vacas se habrían ordeñado muy temprano en la mañana, y los pastores, como dice el himno, vigilaban sus rebaños por la noche, para salvarlos de los depredadores. Hablando de himnos, Reiss también ignora las demandas que los rituales religiosos han hecho durante mucho tiempo en los horarios diarios. En el judaísmo, hay tres servicios para la oración: mañana, tarde y noche. (Un famoso pasaje en la Hagadá de la Pascua tiene un estudiante irrumpiendo en cinco rabinos que pasaron la noche discutiendo el Éxodo, diciéndoles que había llegado el momento de la mañana Shema). En el Islam, el almuédano llama a los fieles a la oración cinco veces un día, comenzando al amanecer. Y entre monjes, monjas y devotos laicos católicos, la “liturgia de las horas” especifica oraciones cada tres horas, desde Laudes, a las 3 a.m., hasta vigilias, a la medianoche.”

Podrán ser las prácticas religiosas, la disciplina requerida por rutinas deportivas o la obsesión con el trabajo, pero se puede predecir que la tensión entre las exigencias sociales y las propias seguirá vigente junto con la necesidad del cuerpo de gozar de un buen dormir. Siendo que el tiempo siempre será un bien escaso en nuestras vidas y las exigencias aumentan, el uso eficiente del tiempo de trabajo es lo único que nos podría garantizar contar con más tiempo para el ocio y el descanso. Mantente enfocado con Focoosin y usa el tiempo en lo que realmente importa. Averigua en qué se te va el tiempo para poder usarlo mejor descargando Focoosin gratis en el link .

por Paulina Ojeda, Socióloga. Co-Fundadora de Focoosin.