Viajar en tren.

Yo tomo el tren a diario, para regresar a mi casa después del trabajo. En él me encuentro a todo tipo de personajes, desde personas que vienen de una fiesta en un estado y olor etílico que inunda la unidad, mujeres que para no perder el estilo van todo el camino untandose polvos en la cara, personas sacándose los mocos, gente durmiendo y otros como yo, que se la pasan escribiendo cosas con los audífonos puestos.

No es tan malo viajar en tren, generalmente suelo encontrar un asiento y las unidades van vacías, son rápidas y no tienes que estar preocupado porque te bajen una parada posterior debido a una distracción del conductor, pues las paradas están predeterminadas y ninguna se pasa por alto; qué ironía.

Es curioso viajar en tren, ya que los asientos se perfilan uno en frente del otro, por consiguiente, los pasajeros suelen mirarse a los ojos como malditos insanos, otros voltean la mirada al suelo, unos al techo, algunos no soportan el sueño ,el cansancio y otros miran el diagrama de estaciones para saber donde se ubican actualmente.

El tren me ha mostrado muchas cosas: la soledad de un asiento vacío, la rapidez con la cual avanza la vida, y la mirada que esconde un alma hecha pedazos que decide vivir su vida como cuerpos que flotan hacia la deriva.

El tren también es un tren de los recuerdos, del pasado, que conforme avanza, ves en el reflejo del espejo de las ventanas,a un tipo serio y mudo que existen en un mundo que grita fuerte.