Resistencia

Somos humanos temerosos y escondidos en un montón de barreras, vivimos ocultos, resistiéndonos a sentir.

Somos humanos cobardes, emprendemos la huída al primer suspiro que nos eriza la piel.

Somos cobardes e ilusos, intentamos convencer el ferviente deseo de beber el agua dulce de una pasión desmesurada que nos resurja del escombro.

Circulamos entre mentiras constantes, que no engañan a nadie, ni siquiera a nosotros mismos, pero hemos de sentirnos más seguros negando lo innegable, sujetos a hacer que nuestras posturas parezcan inamovibles, sabiendo que son tan frágiles como las alas de una osada mariposa que vuela en constante libertad sin ocuparse del peligro y la desgracia.

Grande es la envidia que el hombre le tiene a ese ser minúsculo y a su par de alas, que fluyen en armonía con el viento, sin resistencia alguna, esa que lo frena a correr hacia el otro y darle cada uno de los besos que voluntariamente se han guardado.

Ayer por la noche sentí la resistencia de mi cuerpo al aire, del mismo modo que mi parte consciente controla y evita los movimientos que por impulso podrían hacer mi pérdida definitiva en tu jardín.

La resistencia de mi propio cuerpo y mi propia voluntad están en constante presencia.

Entre mis ganas y el rechazo están los besos guardados, los abrazos pausados.

Ésta vez he de ser como todos los hombres, cubierta en una capa de tela para protegerme del frío y del calor, sabiendo que ambos pueden franquearla con legítima pericia.

Pareciera que estamos condenados a ser víctimas de nuestra propia torpeza.

Nos asesina la calamidad de sabernos víctimas y victimarios de nosotros mismos.

No es inocencia, ¿Será instinto?, ¿Qué es?, ¿Qué fue y qué será lo que nos hace resistirnos?

Seguiremos resistiéndonos , hasta que nuestro pecho ya no aguante el peso del anhelo de encontrarse.

Like what you read? Give Paulina Pérez a round of applause.

From a quick cheer to a standing ovation, clap to show how much you enjoyed this story.