Los nocivos efectos que la retención masiva de metadatos tiene en nuestras vidas (y que los gobiernos no te contarán)

Este es el tercer y último artículo de una serie que pretende explicar por qué la vigilancia masiva debe ser resistida.*

Desde incluso antes de las revelaciones de Snowden sobre la ilegal retención masiva de los metadatos de nuestras comunicaciones por parte del gobierno de Estados Unidos, activistas y expertos en derechos humanos han sostenido que tales actividades de vigilancia masiva por parte de los estados pueden tener un significativo efecto amedrentador en nuestros derechos y libertades.

Los efectos pueden ser a menudo sutiles y difíciles de medir, pero varios estudios en los últimos años crecientemente evidencian que la retención masiva de metadatos tiene como consecuencia directa el control sobre la población.

Así que cuando la autoridad de turno quiera minimizar nuestra protesta y nos diga “solo son metadatos”, no olviden de tener en cuenta los siguientes antecedentes.

La cultura del control y la autocensura

Ya en el 2008 había preocupación por la retención indiscriminada de metadatos y los efectos que tendría en las personas que necesitan acceso a servicios de salud mental y física. En ese año, el instituto de investigación Forsa de Alemania hizo una encuesta a mil personas y halló que uno de cada dos alemanes se abstendría de contactar por teléfono, celular o email a un consejero matrimonial, un servicio sobre abuso de drogas o un psicoterapeuta, debido a que esos registros quedarían en manos del gobierno.

En esta misma línea y un año después, en un informe del Grupo de Trabajo sobre Retención de Datos en Alemania, también se consignaba que este tipo de vigilancia masiva terminaría por quebrantar la comunicación anónima e incluso confidencial en muchas áreas, afectando a las víctimas de abuso sexual o violencia intrafamiliar, activistas políticos, periodistas, abogados, personas de negocios, líneas de ayuda para víctimas de abuso de drogas, adolescentes embarazadas, niños y niñas sexualmente abusados, etc.

Al estallar el caso Snowden el 2013, la Electronic Frontier Foundation (EFF) de Estados Unidos, entregó a un juez federal los testimonios separados de 22 organizaciones muy diversas de la sociedad civil de ese país, entre las cuales estaban agrupaciones ecologistas, religiosas, defensores de derechos humanos, abogados por la legalización de drogas, incluso activistas por los derechos a poseer armas (!), entre tantos otros, y que detallaron cómo el programa de recolección masiva de metadatos de la Agencia de Seguridad Nacional (NSA) ha terminado dificultando su trabajo en grupos, desalentado a sus miembros y reducido el número de personas que buscan su apoyo a través de líneas directas.

En esa ocasión, la EFF argumentó que es suficiente que el gobierno solo obtenga los registros telefónicos (quién realizó la llamada, quién la recibió, cuándo ocurrió y cuánto duró) para que la gente tenga miedo de unirse o participar en agrupaciones que puedan tener opiniones disidentes sobre cuestiones políticas de la época, lo que evidentemente minaría el derecho a la libre asociación de la Primera Enmienda gringa.

Por otro lado, y a propósito de esa idea algo fascistoide de que las personas “buenas” no tienen nada que esconder en la red (algo así como el pobre argumento del que “el que nada hace, nada teme”), una investigación del 2016 profundizó en esta idea y -como era de esperar- se encontró con una serie de actividades en internet que las personas terminarán prefiriendo mantener en privado, en tanto sunecesidad de tener una “protección proactiva de su identidad en línea”.

El efecto amedrentador de la vigilancia masiva en nuestros derechos también fue evidenciado en un reciente estudio del 2017 de la Universidad de Oxford, liderada por Jon Penney. En él se puede apreciar que una vez que las personas tienen conocimiento de las diferentes amenazas en línea, estaban menos dispuestas a participar en una serie de actividades en internet:

Por ejemplo, cuando se hizo consciente de la vigilancia en línea por parte del gobierno, los porcentajes más significativos de los encuestados tenían menos probabilidades de hablar o escribir sobre ciertas cosas en la red, menos probabilidades de compartir contenido creado personalmente, eran menos propensos a interactuar con las redes sociales y más cautelosos en su discurso de internet o en sus búsquedas.

Más aún, según este estudio, jóvenes y mujeres serían los segmentos de la población más propensos a sufrir este efecto amedrentador en sus derechos debido a la vigilancia digital masiva.

La cultura de control y la libertad de prensa

Ya en el 2013, la matemática y ex ingeniera de Sun Microsystems, Susan Landau, advertía en The New Yorker que los metadatos pueden ser muy reveladores de las personas con las cuales hablan los periodistas para obtener sus historias más sensibles. “Comparativamente, las herramientas tradicionales de investigación como las órdenes judiciales y citaciones pueden parecer hasta pintorescas”, afirmaba, ya que con los metadatos es muy simple conocer las fuentes periodísticas.

Efectivamente, hay documentación de cómo los metadatos retenidos han sido usados por los gobiernos para atacar la libertad de prensa. Uno de los ejemplos más elocuentes fue el ocurrido en Polonia.

En el 2010 uno de los periódicos polacos más influyentes, Gazeta Wyborcza, publicó un artículo afirmando que algunos periodistas especializados en política estaban bajo vigilancia ilegal, entre ellos Bogdan Wróblewski, autor de la pieza. Por supuesto, las agencias de inteligencia negaron estas acusaciones, pero la prueba de sus peticiones enviadas a los proveedores de servicios de telecomunicaciones demostró lo contrario.

Las agencias de inteligencia obtuvieron acceso a los datos de telecomunicaciones retenidos con fines de seguridad pública para espiar al menos a 10 periodistas entre 2005 y 2007. La CBA -una de las agencias de inteligencia- espió a Wróblewski al acceder y analizar sus cuentas telefónicas durante seis meses, lo que terminó revelando una lista de sus contactos, incluyendo -mucho ojo acá- sus fuentes periodísticas. Como documenta la Panoptykon Foundation:

Esto ocurrió exactamente cuando Wróblewski estaba trabajando en artículos críticos relacionados con operaciones especiales llevadas a cabo por la CBA, que fueron objeto de escrutinio público debido a varias irregularidades. Parecía claro que el CBA trató de averiguar quiénes eran las fuentes de información de Wróblewski.

Este atentado a la libertad de prensa fue posible a que, como dicen los activistas locales, en Polonia posiblemente se ha dado una de las peores implementaciones de retención masiva de metadatos de las comunicaciones, con un periodo muy largo (dos años) y sin ninguna salvaguardia legal para su acceso.

Sapos en esteroide

Pero lo cierto es que, si bien los efectos de la vigilancia masiva son “novedosos” en términos de las herramientas digitales, existen estudios de sus efectos desde hace larga data. De acuerdo a la investigadora, Jillian C. York:

Consideremos por un momento el daño de la vigilancia constante a los ciudadanos en la Unión Soviética o Alemania Oriental. Una extensa investigación sobre los efectos psicológicos de tal vigilancia generalizada ha demostrado que los sujetos son autoconscientes y temerosos. El daño a largo plazo atribuible a tal aprehensión se manifiesta en una variedad de maneras, desde la creación de una cultura de autocensura hasta — de acuerdo con algunos investigadores — el retraso económico.

No obstante, no es necesario pensar en países tan lejanos para reconocer los efectos de la vigilancia. Para muchos de nosotras que vivimos o tuvimos familiares en el amplio rango de regímenes autoritarios de América Latina, es solo cuestión de echar mano a los recuerdos. Pero, ojo, con la vigilancia masiva digital todo se pone peor.

Si a los delatores de la dictadura en Chile los llamábamos sapos, en Paraguay con Stroessner los llamaban pyrawes. Básicamente, como todo delator, se trataba de zánganos que, a cambio de migajas de poder, vigilaban secretamente a sus colegas, familiares, amigos y vecinos para informar de sus comportamientos y, eventualmente, entregarlos a los más horrendos de los castigos. Se trataba de un trabajo de tremenda eficiencia: documentar todo, pero sin que nadie lo notara; bajo la fachada de una normalidad quirúrgica, ni la más mínima sospecha podría ser levantada.

Eso es, muchos años después y con los esteroides de nuestros rastros digitales diarios, la retención masiva de metadatos. Bajo el argumento de la eficiencia de nuestras policías para perseguir el crimen, detrás de la fachada de gobiernos democráticos que luchan por el bien, se esconde la operación de registro de actividades de las personas más grande que hasta hoy se tenga conocimiento. ¿Quién necesita pyrawes cuando puedes tener pyrawebs?

Pyrawebs fue justamente el nombre de una campaña ciudadana paraguaya, liderada por la ONG local TEDIC, que logró que el congreso rechazara la idea del gobierno de conservar los datos de tráfico de los IP durante un año, bajo la excusa de (oh, sí, adivinen) “combatir el terrorismo, la pedofilia y el narcotráfico”. Pero la campaña fue tan exitosa en mostrar el peligro político que significa para nuestras jóvenes democracias el crear una base de datos gigante de las actividades de las personas, que hasta uno de los impulsores de la medida llegó a declarar:

Noches en la ciudad / como tarjetas de navidad

Mucho más allá del ataque real a la privacidad de la población, la retención masiva e indiscriminada de metadatos también tiene efectos palpables en la paralización de nuestros derechos como la libertad de expresión y reunión. Aquello simplemente implica vivir en sociedades temerosas de la autoridad plenipotenciaria, donde el ejercicio vital de la disidencia, la crítica a la hegemonía y la libertad de prensa, es obstaculizado por la silenciosa amenaza de la vigilancia masiva.

En contextos políticos donde ya sabemos que el fascismo está a la vuelta de la esquina, debemos impedir que este tipo de bases de datos quede en mano de autoridades que, felices, no desperdiciarán la oportunidad de perseguirnos políticamente para destruir cualquier esperanza de democracias libres.

Nunca lo olvidemos: la retención masiva de metadatos no es sobre combatir el crimen, es sobre controlar las sociedades. La evidencia así lo demuestra.

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*El pimer artículo lo puedes encontrar acá: “Por qué la retención de metadatos es vigilancia masiva y debes impedir que tu gobierno la implemente”. El segundo está acá y se llama “No les creas: la retención masiva de metadatos no sirve para combatir el crimen”.