El pabellón y las relaciones amorosas


Todo nace del uso inescrupuloso de “la tajada”. Esta es una forma con la que un grupo de amigos solíamos a referirnos al órgano sexual femenino, sin tener que ser explícitos durante conversaciones en espacios públicos. Para poner un ejemplo — “Tengo hambre y no he comido tajada”.

Sin embargo, la tajada llegó a nosotros como un axioma invitado por otro compañero. Después de un tiempo, un gran amigo y yo comenzamos a divagar teorías sobre el porqué del nombre. En principio cierta similitud visual, pero luego intentamos ir más allá y desarrollamos una analogía entre el pabellón y las relaciones amorosas.

Primeramente tenemos la carne mechada, que es la fuente directa de proteínas. Aquí podemos colocar los gestos amorosos, detalles, salidas, y todo aquello que da una alta carga de nutrientes a la relación. Asimismo, son hilos que hay que tejer. Su digestión es lenta.

Luego avanzamos con el arroz. Aunque puede tener mayor o menor volumen que otros ingredientes en el plato, es casi seguro que habrá más cantidad de arroz por unidad que cualquier otro ingrediente. Son las cosas del día a día, las conversaciones, los pequeños gestos que a veces no solemos observar pero están ahí. Siendo carbohidratos, estos gestos se digieren bastante rápido y pueden ser considerados menos importante (carbohidratos), pero son importantes porque no sólo agregan valor, sino que complementan a los demás actores.

Las caraotas tienen una representación más asociada a los posibles efectos físicos que a su valor nutricional, y es bastante directa. Representan los problemas, dicusiones y diferencias que se pueden llegar a tener (es decir, los peos).

Finalmente, las tajadas representan la vida sexual. Y aquí es donde la analogía se pone más interesante porque no es sólo el cómo podemos llevar la analogía en término de los componentes del plato, sino también de su preparación y consumo.

En términos de distribución hay quienes disfrutan más una proporción equitativa de los componentes, y hay quienes prefieren más un poquito de esto o de aquello. Algunos disfrutan su carne bien sazonada, otros no tanto. Inclusive comensales que disfrutan mejor las caraotas con un poco de azúcar, rallando queso encima[1], o comiéndolas en un plato aparte.

Conozco gente que prefiere mucha más tajada, se las comen primero, se las van comiendo en conjunto, o las dejan para el final. Llegada cierta edad, comer tajada es peligroso por las calorías, las grasas, los riesgos, pero es casi seguro que más de uno ha robado una tajada caliente, una tajada ajena, o compartido su tajada.

Algunos buscan su pabellón resuelto y solidario, otros prefieren algo más “gourmet”, y quien se arriesgan por un sushi de pabellón.

En esta gran selva culinaria tenemos arroz congrí, carne con arroz, y tajadas con quesito ralla’o. Pero al final del día, el pabellón es el rey coronado.

[1] Se le llama queso en Venezuela a lo mucho que se puede estar cachondo.

Fotografía por Robyn Lee.