Ni coach ni sacerdote: por qué preferir la auto experimentación y el autodescubrimiento.

De entrada tengo que advertir que odio la imagen del “coach” (la palabra odio en un sentido insustancial que me apetece usar) y segundo, tengo que añadir que no practico ninguna religión monoteísta, razón por la que encuentro inverosímil la fórmula (auto-castigadora) de la confesión con el sacerdote.

No obstante, para mayor claridad advirtamos que el “coach” es un anglicismo del verbo “to coach” cuyo significado es “entrenar”; y que el sacerdote, es aquella persona autorizada por la religión para mediar entre la confesión terrenal y el conocimiento espiritual.

Dicho esto, si tal vez te molesta lo que he dicho y pese a ello quieres continuar avancemos y si nunca te molestó, gracias (dos puntos paréntesis feliz). Te explicaré los argumentos por los que creo que no deberías acudir al coach ni al sacerdote (tampoco al psicólogo ya que su función es equivalente) debido a que para salvar tu confundida alma y el miserable sin sentido que te embarga en esos días de vacío existencial, te tienes a ti mism@ pero antes quiero decir que esto dolerá mucho, verás tu sangre más roja y tu corazón más oscuro (aunque la imagen sea sacada de cuentos de terror) pero al mismo tiempo será muy emocionante el día que te abandones, lo será… pero cómo hacerlo, aquí va:

Primero, auto experimentación: con esto me refiero a que te pruebes en variados escenarios tan complejos, tan extraños y a la vez tan emocionantes como alguna vez lo hubieras pensado. En esta etapa, en la que eres objeto de tu propia investigación, descubrirás la manera de ahondar en los demonios más grotescos, en la risa y en la provocación a ti mism@ ¿se entiende? Te provocarás perderte en el viaje (metafórico) y tendrás que descubrir por tu propia piel de qué tamaño es la inmensa oscuridad que te habita y habrás de ver tu rostro más profundo (y te diré que puede ser egoísta, feo, raro, falso). Dicho esto, experimenta contigo mism@, tendrás que recoger los datos que esas experiencias producen y analizarlos sobre ti y en este momento empezarás el recorrido hacia el autodescubrimiento.

Segundo, autodescubrimiento: se empieza por dejar de engañarnos y reconocer que tenemos heridas sin cicatrizar, rencores adheridos a los ojos y dramas que como fantasmas nos persiguen, nos inquietan y nos dejan insomnes. Aquí, siendo sincer@, descubrirás que no eres san@ y que estás infinitamente en el proceso, en el camino, y con esto, la verdad más exacta que tengo para ti es que lo más artístico y creativo que harás en tu vida será transformar tu mayor miseria en poesía, o en algo para el sentido de la vida. Por eso la creatividad y la obra de arte son conceptos relativos.

Finalicemos diciendo que se trata de emprender el angustioso camino de amar aquello que eres (que hemos advertido antes puede ser muy feo) y a la vez adorarte por tener ansias de lucha, de vida, de sueños y ensoñaciones. Atención, esto no es otro consejo de autoayuda, pero poco a poco, quizás algún día estaremos en la soledad de saber que somos etern@s y que estamos conectad@s al cosmos y disfrutaremos de lo absurdo, de lo incómodo, de lo inexacto pues a decir verdad de aquello, nombrado vida, no nos vamos ni a acordar pero hay que trabajar y gozar el recorrido. Tan simple y tan misterioso como que somos parte del todo y eso nos compromete.