HISTORIA DEL JUDAÍSMO EN COLOMBIA

Extraído de: Nacionalismo Colombiano Disidente

Se puede hablar bastante de los judíos en la actualidad, tanto en Colombia como en el mundo. Como por ejemplo de Isaac Yankovich: actual presidente de Ecopetrol quien ha sido promotor del daño ambiental en la nación. O el de Antanas Mockus quien quiso privatizar las empresas públicas a manos de la familia Rothschild, poderosos judíos dueños de la banca internacional. Judíos de talla nacional hay de igual manera como: Morris Harf, Jaime Guttman, Isaac Gilinski Sragowicz, Jaime Gilinski Bacal, ames Martin Eder, Jorge Isaacs, Mike Schmulson, Humberto Dorado, Simón Brand, Paul Bromberg, Germán Efromovich, Moisés Wasserman, John Sudarsky, Evaristo Sourdis. Son burgueses la mayoría e inflencian el rumbo del país, pero ¿dónde inicia el judaísmo en Colombia y cómo reaccionan frente a ellos?
 En el silgo XX la masonería tuvo un mayor tinte liberal con políticos como Darío Echandía, Alberto Lleras Camargo y Germán Zea Hernández y personajes como Luis Cano, el general Benjamín Herrera, los escritores Luis Eduardo Nieto Caballero y Enrique Santos Montejo (Calibán) y el empresario Leo Kopp, fundador de Bavaria. Pero el más importante de todos fue Eduardo Santos.

Eduardo Santos fue miembro del Partido Liberal y Presidente de la República de Colombia entre 1938 y 1942. Con ascendencia de independistas de Santander, este inigualable liberal incluiría a Colombia en los países contra el Eje en la Segunda guerra mundial, y de igual forma incluiría secretamente a Colombia “La Lista Negra” que no era más que la persecución de alemanes, italianos y japonés o cualquier individuo que simpatizara directa o indirectamente con los países del Eje. Eduardo Santos es importante a la hora de hablar del judaísmo en Colombia porque todas sus estrategias en su gobierno fueron propiamente judías.
 Antes exponer un poco el fenómeno judío en Colombia, hay que ver desde cuándo el judío ha estado en tierras colombianas: los judíos apoyaron la emancipación de los Estados Unidos y luego la de las colonias españolas con recursos, dinero y armas que vendieron a los revolucionarios. A la mayoría de los migrantes de origen sefardí se asentaron en Santander y en Antioquia. Sin embargo, el miedo a la persecución seguía latente, pues, la Corona española siguió a esta comunidad hasta América, haciendo que la mayoría mantuviera su origen judío oculto. En las guerras de independencia, los judíos de Curazao ayudaron con entusiasmo a Simón Bolívar, quien contó con grandes amigos que lo socorrieron y apoyaron en más de una oportunidad. Cuando perdió a Puerto Cabello en 1812, en aquella isla encontró refugio en casa de Abraham de Meza y ayuda para sus campañas posteriores.

Avanzando rápidamente en la historia, empieza el auge del judaísmo: cae la hegemonía conservador en la década del treinta. El primer gran paso para los judíos se dio en 1929, cuando se creó el Centro Israelita de Bogotá, la primera de las tres comunidades que hay actualmente en la ciudad. Fue creada por un grupo de judíos de origen askenazi. Y ya establecida La República liberal de Enrique Olaya Herrera, y en el momento de finalizar el gobierno presidencial del burgués y masón Alfonso López Pumarejo junto con el ascenso de Eduardo Santos, en 1938 se creó la Asociación Israelita Montefiore. Esta es una comunidad fundada por judíos askenazi, específicamente por migrantes de Alemania. Muchas de las actas y publicaciones tempranas de esta comunidad están escritas en alemán, aunque con el paso del tiempo el español se abrió paso, pues los migrantes aprendieron el idioma y sus descendientes lo hablaron como primera lengua

Ya establecido el judaísmo en todo el panorama colombiano, el problema judío se acentuaba en todo el mundo y después de la Guerra civil de España sería uno de los temas centrales. El antisemitismo crecía desde la gran crisis del 29 sobre las creencias que la culpabilidad caía sobre los judíos. Colombia no era ajena a la cuestión judía; aunque no parece en los grandes temas de la historio nacional, los periódicos “modernistas reaccionarios” y nacionalistas aludían con alguna frecuencia. El caso más interesante sucede en la guerra civil Española donde se manifestaba sensibilidad sobre el problema “judío y masón”. El periódico de Laureano Gómez, El siglo, acusaba permanentemente a la República Liberal de prohijar la invasión judía a Colombia; así informó El Siglo durante el ascenso de Eduardo Santos en 1938:
 “Nueva inmigración judía llegó a Buenaventura a instalarse en el país. El comercio y las industrias, en el occidente se hallan alarmados. Instalada una oficina especial para facilitar la entrada de los individuos de raza semitas”.
 Días antes había informado ampliamente de la llegada de 300 judíos.

“La cámara de comercio se dirige al congreso para pedir que se restrinja la inmigración de elementos indeseables como son los judíos”.

Meses después:
 “Continúa la invasión judía de forma alarmantes por el Pacífico .Ayer entró al país por el puerto de Buenaventura una numerosa colonia semita que se dirigió a Cali”.

El tratamiento que se le daba el semitismo, era visto como una importación de “elementos indeseables” a la sociedad católica que decaía en Colombia. Además, lo que diferenciaba de éstos a los cristianos, era su tradición funcional al capitalismo, en la medida que la herencia no fragmenta los pequeños o grandes capitales, y la empresa adquiere necesariamente un carácter familiar-comunitario, cuyo éxito es comprobable en el siglo actual. En esta serie de ideas contra el sistema capitalista y su hijo mayor el liberalismo, el tribuno del Gómez atacaba al gobierno de la República Liberal, de la forma más directa que era mediante las líneas de la masonería que se asociaba al peligro semita:
 “La inmigración clandestina de tres mil judíos a Colombia es patrocinada por la masonería”.

Pero como se puede ver en el aspecto nacionalista colombiano, su lucha contra los judíos era similar a la de la Falange de José Antonio Primo de Rivera quien decía:
 “La Falange Española rechaza el racismo filosófico y biológico. El racismo es contrario a la moral cristiana y a la igualdad humana ante Dios. La lucha contra los judíos en España es cuestión de Fe”.
 Es decir, para los falangistas el problema judío era un problema religioso y no racial: posición de matices ideológicos que se iban a reflejar también en la política colombiana. Mientras tanto en Europa la persecución judía aumentaba, las migraciones hacia Palestina se acentuaban con más intensidad, agravando las tensiones entre árabes y judíos.

Mientras los anglosajones tenían una posición de crear un Nuevo Estado con la participación de judíos y palestinos, los sectores más radicales (sionistas) planteaban la creación de un Estado Judíos independientes, que además estaba asociado a la defensa de los intereses ingleses sobre el canal de Suez, frente a los intereses de Alemania e Italia. Entre tanto El Siglo informaba que la causa antijudía en Alemania se mantenía creciente:
 “El Jefe del frente de trabajo alemán en la lucha antisemita: la campaña contra los judíos seguirá firme según las instrucciones de A. H. La fe del führer debe transformarse en sentido de responsabilidad”.

En 1938 una vez ascendido el presidente Santos, las migraciones judías aumentaron por las persecuciones en Europa, y en el Gobierno se daban contradicciones como el manifiesto antisemita de algunos funcionarios como el ministro de relaciones exteriores, Luis López de Mesa quien no solo los comprendía como pequeños comerciantes condicionados al a usura, sino que se extendía también a los grandes capitalistas.
 El discurso de los modernitas reaccionarios era jerarquizar los peligros de la gran masa, de la conspiración mundial, desde los años treinta cuando termina la hegemonía conservadora hasta el final de la segunda guerra mundial, colocaba a los judíos como el mayor peligro contra Occidente.

Se preguntaba Gómez ¿qué es el fenómeno judío? Él le caracterizaba como un fenómeno inexplicable de cómo un pueblo pequeño, sometido a una persecución secular, sin patria, cómo un pueblo en estas circunstancias podía tener tanto poder. Luego afirma:
 “Sin embargo, hoy, después de tantos siglos […] aparece el fenómeno judío como un problema, como un gravísimo problema de solución casi inexplicable, que conturba y afana a los pensadores de todas las tendencias. Ya en los mismos libros de los judíos se encuentra la primera huella […] en el libro de Esther del antiguo testamento se lee: “El judaísmo es un pueblo disperso entre las naciones en contradicción con el género humano”, y los pensadores antiguos paganos también lo habían anotado. Salustio dijo: “Esta nación malvada riega sus costumbres y sus intrigas por todos los países”, y Tácito: “Los judíos no son sino odio y hostilidad contra todos los hombres”. En tiempos más modernos, Voltaire decía: “No encontraréis en los judíos sino un pueblo ignorante, perezoso y bárbaro, que junta desde hace largo tiempo la más indigna avaricia a la más detestable superstición y el odio más horrible para todos los pueblos que los toleran y los enriquecen”. Y Renán: “Insociables, extranjeros, donde quiera que estén sin patria, sin otros intereses que los de su secta, los judíos talmudistas siempre han sido un azote para el país donde la suerte los ha llevado”; y Mi chelet:” Pacientes, indestructibles, los judíos han vencido por la duración, han resuelto el problema de volatilizar la riqueza; liberados por la letra de cambio ahora son libres, son los señores, de bofetada en bofetada helos allí en el trono del mundo” y Rochefort:” En la Francia jamás se ha amado al judío que vive no de su trabajo sino de la explotación de los otros”. Citas por el estilo pueden multiplicarse, son infinitas. Casi no hay pensador de envergadura que no haya tenido que considerar este problema, porque este problema ha acompañado a la vida de la humanidad […] apenas voy a citar lo que ya San Jerónimo decía: “Pueblo lúgubre, pueblo miserable, pero que no inspira piedad”
 El discurso laureanista tuvo un extra explotación donde también tenía un odio al capital y a los burgueses, encarnado en la figura administrativa “El judío internacional”. Para Laureano, la más profunda desconfianza provenía de su carácter trashumante; el judío no tiene patria: 
 “Es iluso pretender que un judío aún después de muchas generaciones se asimile. ¡No se asimila! Esa puede ser su fuerza pero también su peligro, porque como no tienen territorio, no tienen Estado, como constituyen una nación en el sentido jurídico del término, viven en los distintos países como miembros de esos países, ¡Pero no son tales miembros!”

La firmeza de sus convicciones llegaba a una indiscutible conclusión: los judíos no tienen patria: pueden adoptarse todas las posiciones pero la enseñanza de la historia es que cuando el fenómeno se presenta no hay sino dos soluciones: o la entrega de la Nación a los judíos o la expulsión de los judíos.
 Hay un momento en el cual se da un giro inesperado. Si los judíos eran descritos como los más descarnados agentes del capitalismo, ahora, de manera contradictoria, se los declaraba fundadores del comunismo; era una estrategia de dominación. Así, aunque los argumentos no eran completos, quedaba demostrado que los judíos no iban solos por el mundo, su debilidad errabunda los llevaba a la necesidad de “diseñar una política, una táctica y unos procedimientos”; entonces surgió el comunismo, pero ¿cómo? La respuesta es fácil:
 “[…] Era una creación judaica, íntegra, total. Judíos fueron los promotores e iniciadores; sus filósofos, sus expositores; no hay en la fundación de la teoría comunista influencia que provenga de otra parte; todo nació de allí. Naturalmente es una filosofía que cubre la mayor parte de la vida terrena, como tiene grandes halagos para los proletarios y los desposeídos, quitándoles la fe en cosas sublimes, se las concreta a cosas materiales que les ofrece repartir, tienen esos proletarios un grande arraigo; entonces el judaísmo, por detrás del comunismo, obtiene la dominación que sin este intermedio no tendría”.

Desde esta visión de la historia del comunismo, los judíos eran los manejadores del complot para dominar el mundo; como en el caso anterior, solo faltaba la “prueba empírica”, “la demostración científica” de que el judaísmo, por detrás del comunismo, tiene la dominación que sin este medio no tendría. Por eso afirma, confirmando su teoría:
 “[…] Por no alargarme, porque la materia es muy vasta, no he traído aquí la cita de los revolucionarios rusos, que en un porcentaje elevadísimo, cerca del 90%, son judíos, los nombres que nosotros hemos oído Trotsky, Kamenef, no eran sus nombres originales; todos tenían nombres judíos. En alguna obra tengo la lista del gran número de prohombres del Soviet, con excepción de unos cuatro, o cinco o diez, todos los demás son judíos. La revolución Rusa fue un fenómeno judaico”.

Aunque nunca mostró la lista del Kremlin, ni los métodos para establecer que solo “cuatro o cinco o diez” no eran judíos, y que el 90% de los revolucionarios lo eran. Simplemente no había que demostrarlo: ¿quién no sabía el origen judío de Marx?, ¿cuántos judíos podrían ser miembros del Soviet supremo?, muy posiblemente algunos. Del mismo Lenin se ha dicho que tuvo parentesco judío. ¿Pero acaso probaba este hecho la conexión instrumental del comunismo con el judaísmo? Gómez estaba convencido, y así eran muchas de sus demostraciones: contundentes, argumentadas y “demostradas”, eso bastaba. Sin pretender decir que el dirigente conservador fuera epígono del Nacionalsocialismo, es importante señalar sus coincidencias discursivas; la comparación entre los dos discursos es interesante: el máximo dirigente NS plantea tres peligros para el tercer Reich, y Gómez, tres peligros para la nación y Occidente, en los que coinciden: el judaísmo, la masonería y el comunismo; al jerarquizarlos, el peor es el judaísmo. Laureano Gómez va más lejos: el judaísmo es el inventor de los otros dos. Al plantear los métodos para solucionarlos, ambos coinciden en la expulsión.
 Sorel fue muy especial en sus referencias sobre supuestos milagros y obsesivas alusiones al problema judío, como un rasgo característico del irracionalismo de su pensamiento. Por esta vía y la del maurismo, el nacionalismo integral convirtió el antisemitismo en uno de los ejes fundamentales del romanticismo irracional, que tiene sus raíces en la secular lucha de la Iglesia católica contra sus ancestros. Mucho se ha escrito sobre los orígenes remotos del nacionalismo, pero para nuestro caso nos hemos limitado a los nexos inmediatos con el pensamiento conservador del siglo XX.

El Nacionalismo integral fue la fuente en la que bebió Laureano Góme; así reseña su principal biógrafo sus influencias:
 “[…] Desde la derecha voces estridentes recorrían toda la escala: Desde Burke y Maistre, hasta Carlyle y Novalis. Desde Pio IX y León XIII hasta Maurras y Barres. También se presentaron críticos eclécticos: Sorel, Nietzsche y Spengler estaban plenamente de acuerdo para condenar el mito liberal como algo absurdo y pueril”.
 Como se ha visto, el anti-judaísmo era parte constitutiva de una corriente del integrismo conservador, una parte importante de la doctrina del pensamiento reaccionario mundial, y Laureano Gómez se convirtió en uno de sus mejores exponentes para Colombia; esta era una nueva coincidencia práctica, teórica y palmaria con el modernismo reaccionario, con los fascismos. “Los protocolos de los ancianos de Sion”, tienen mucha similitud argumentativa con los discursos antijudíos de Laureano Gómez en 1942. Winrod afirmaba que 300 hombres, en su mayoría judíos, habían planeado y causado la gran crisis de 1929 y sus secuelas económicas y sociales de los años treinta. Ahora nótese una coincidencia textual con Laureano Gómez:
 “[…] El liberalismo era un instrumento político que allanaría el camino al socialismo, el comunismo y el fascismo. El gobierno de Roosevelt fue denunciado por estar dominado por los judíos”.
 Era la misma acusación a la República Liberal, y la acusación textual al gobierno de Eduardo Santos por haber admitido unos refugiados judíos de la guerra, los que, según Laureano Gómez, se habían “infiltrado” en el Ministerio de Educación. 
 Sin embargo, todos los suspiros por combatir al “Fenómeno judío” terminaron al finalizar la segunda guerra mundial. Eduardo Santos acaba su gobierno en 1942 y Alfonso López Pumarejo asume por vez segunda la presidencia de la república. Y justamente cuando López Pumarejo renuncia en 1945 como presidente para cederle el mandato a Alberto Lleras Camargo se funda, la tercera colectividad judía en Colombia, la Comunidad Hebrea Sefaradí, fundada en 1945 y compuesta por judíos sefardíes que en algún momento vivieron en la España medieval y se asentaron eventualmente en países mediterráneos, muchos de ellos de naciones árabes.

Política Nacional

Para finalizar en el contexto histórico de la última lucha contra el judaísmo en Colombia que se dio a mediados del siglo pasado, el problema de “la conspiración judía, masónica y comunista” era un rasgo de los nacionalismos a nivel mundial para rescatar a Occidente, como lo podremos ver tomando elementos del discurso del maurismo francés, de Laureano Gómez y de “los Leopardos”; El siguiente cuadro coloca en paralelo discursos de Maurras (Francia), Gómez (Colombia) y Silvio Villegas (Colombia).
 Silvio Villegas: Citando a Charles Maurras: “Sin habitación ni sepultura, sin nada que la ligue al suelo francés, cuyas cenizas corren con sus tiendas errantes. Sin embargo llegan a dominar el mundo de las finanzas, de la diplomacia y la política. Estos judíos sin patria para los cuales la frontera no existe, le dan numerosos pastores a la iglesia protestante de Francia , se instalan en la escuela normal, en el instituto, en la academia, en la universidad, en la diplomacia en la administración , en el comercio; constituyen un estado dentro del estado desalojando al elemento nacional. Gabriel Monod declara un día: “como los otros franceses no tienen hijos, se puede matemáticamente calcular el momento en el que vivamos solos en Francia” ricos, fecundos y ambiciosos constituyen un enemigo para la nación dentro de la frontera. Nunca se dieron razones más eficaces para sustentar el antisemitismo”.

Laureano Gómez: “El comunismo es una creación judaica integra total. Judíos fueron los promotores e iniciadores, la masonería es una creación típicamente judaica, ¿Por qué ha creado el judaísmo la masonería?, para decidir, el judaísmo significa una oposición en la marcha del mundo, el judaísmo significa una oposición radical, fundamental al catolicismo”.

Charles Maurras: “Todo parece imposible y atrozmente arduo sin esa providencia del antisemitismo. Atreves del todo se arregla, se allana y se simplifica. Si no fuera antisemita por voluntad patriótica, se llegaría a serlo por puro sentimiento de oportunidad.”

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