¿Superior a qué o a quién?

Hace algunos años, unos cinco tal vez, a un grupo de amigos escritores nos dio por juntarnos un par de veces al mes en un restaurante bar de la avenida Madero, en el centro de Monterrey. Para seleccionar el día de la reunión, hicimos un acto democrático: elegimos el día que nuestro amigo Chema Mendiola diera su Taller de Literatura de Ciencia Ficción en la Casa de la Cultura de Nuevo León, para que así pudiera acompañarnos. Y digo que fue un acto democrático porque todos estuvimos de acuerdo en que esa sería la forma de elegir la fecha, cuando a él se le acomodara. Además, él ya estaba enfermo del hígado y presentía que sus días estaban contados. Así las cosas, decidimos que las reuniones fueran en jueves, si mal no recuerdo.

Lo que sí tengo muy presente es que, en una ocasión, a finales de enero, llegó Chema y entre risas nos contó como, al terminar la clase, les preguntó a sus alumnos qué harían el fin de semana. Uno le dijo que leería una antología equis sobre Ciencia Ficción y otro que se enfocaría en releer el libro ye y después vería la película zeta. Chema, alterado, les dijo “¡pero este fin de semana es el Súper Tazón!”. Varios de sus alumnos lo vieron con cara de asombro y uno le preguntó por qué desperdiciaba su tiempo en algo tan banal, parte de la absurda cultura del consumismo proamericano que domina el mercado y un largo bla bla bla que parecía recitación de asamblea de escuela primaria, aprendida de memoria pero sin saber bien a bien lo que decían. Su respuesta fue contundente: “vivan, cabrones, dénse la oportunidad de apreciar otras cosas y dejen de verse el ombligo como si la basura dentro de él fuera de oro”.

Ya en la plática posterior con los amigos, nos decía que le quedaba muy claro como a una persona puede no gustarle algo, pero lo que no comprendía ni aceptaba era que ese “no gusto” resultara producto de la ignorancia, que después intentaban disfrazar como una “superioridad intelectual o moral” frente a los gustos del otro. “Apreciar un buen pase de 40 yardas o un gol de chilena también es entender de arte”, remató Chema.

Viene al caso tanta introducción porque en estos días he escuchado hasta el hartazgo como algunos conocidos y desconocidos hablan de la “enajenación estupidizante del futbol y sus sucios negocios” o de la “banalización de la belleza” para atacar eventos que no les gustan, como la histórica final del futbol mexicano entre tigres y los pechos fríos o el más reciente Miss Universo que coronó a una bella sudafricana.

Yo me pregunto ¿en qué les afecta que la gente celebre un campeonato histórico para la ciudad donde se enfrentan los dos mejores (por mucho) equipos del campeonato?, ¿de dónde sacan que el futbol es un deporte tonto donde 22 tipos van en cortos corriendo a lo loco tras una pelota? me parece que en general se trata de prejuicios nacidos de la ignorancia. Quizá lo ven así porque nunca lo han practicado o porque creen que han descubierto el hilo negro y el agua tibia al afirmar que hay un gran negocio detrás del deporte profesional. Claro que lo hay, pero eso no demerita en nada el espectáculo que significa ver un buen juego de futbol como se augura este jueves y domingo. Se trata de la misma ignorancia que existe cuando afirman que el ajedrez es la cosa más aburrida del universo simplemente porque no lo entienden. Seguramente la verían con otros ojos si entendieran su razonamiento. Probablemente le encontrarían el gusto.

Lo mismo sucede con otras muchas actividades. Nunca he practicado el golf pero creo en mis amigos quienes me comentan que se trata es un deporte que exige mucha concentración, coordinación y capacidad física. Es probable que algún día lo descubra, pero no por desconocerlo lo voy a criticar desde una superioridad moral o intelectual afirmando que se trata de un deporte costoso, que requiere de espacios enormes y mucho tiempo libre. ¿No sucede lo mismo con la práctica del tiro, el remo o la escalada? necesitan equipos especializados, mucho entrenamiento, gran pasión y, sobre todo, encontrarle el gusto.

La capacidad intelectual y su desarrollo es algo que requerimos como sociedad y a lo largo de mi vida me he convencido que sí queremos cambiar las cosas debemos de pensar e ir más allá de nuestras narices, pero ver moros con trinchete en toda actividad es más propio de conspirólogos que de seres racionales. Leer es básico para ser (o al menos para que yo sea) feliz. La literatura es bellísima y creo que el conocimiento es fundamental para realizarnos, pero su propósito primario debe ser abrirnos la mente, prepararnos para “entender al otro”, para tener la capacidad de ponernos en sus zapatos y entender por qué un personaje, en la vida real y en la literatura, decide hacer tal o cual cosa. Si no lo logramos, no importa lo que nos creamos, seremos unos pobres “ignorantes instruidos” que nos consideramos mejores.

Aquí mi pregunta sería ¿mejores que qué?, ¿mejores que quién? No encuentro una buena respuesta. Mientras tanto, espero esta histórica final futbolera donde demostraremos que los Tigres siguen siendo superiores. Lo haré como lo hago con el próximo Súper Tazón, con la novela de Fernando del Paso que no he podido terminar o con el siguiente concurso Miss Universo.

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