Mi nueva aventura en Microsoft

“Y, entonces, ¿a qué te dedicas tú ahora?”.

He de reconocer que esa es la pregunta más común que he recibido en los dos últimos años. Bueno, esa y la de “¿pero tú siempre eres así?” cuando hago un par de chascarrillos de dudosa calidad humorística. Pero esa es otra historia, Pedro. Que te lías.

El caso es que he hecho muchas cosas en estos últimos tiempos. De todo tipo. Proyectos muy interesantes, aprendizajes imprescindibles, relaciones constructivas... Sin embargo, no voy a engañar a nadie: en este periodo, hasta ahora, no había encontrado esa motivación profesional de continuidad que necesito. Esa que me llena, que me mueve, que me completa.

Soy un tipo apasionado. Eso es así. Para bien y para mal. Y necesito retos, vínculos, aspiraciones. Y lo cierto es que no tenía claro hacia donde quería dirigirme. Yo sin pasiones no soy yo. Ni quiero.

Emprender te cambia la vida. Vivir el nacimiento de una startup te marca para siempre. Dejarla, quizá más; te convierte en alguien distinto.

Cuando has vivido algo tan intenso, tan gratificante, tan especial; cuando has podido aprender más de lo que jamás has soñado; cuando has compartido tanto con tanta gente tan mágica que se ha dejado la piel, y lo has visto crecer de la nada, el mundo laboral se convierte en otra cosa.

Y cuando te alejas, voluntariamente, porque te lo pide el corazón, todo son dudas.

¿Hacia dónde voy? ¿Quién soy? ¿Qué soy? ¿Qué hago? ¿Qué se hacer? ¿Qué quiero hacer?

Puede sonar exagerado, pero qué va. Es así. La respuesta, además, honestamente, es un “no tengo ni puta idea”. Un no tengo ni puta idea que se ha alargado unos años. Y, uno, acostumbrado a tener las cosas claras desde pequeñito, lo pasa mal. Sobre todo si todo a tu alrededor se ha ido convirtiendo en un y ahora qué.

Hoy no tengo nada que ver con el tipo que hace 13 años terminó la carrera de Periodismo y soñaba con contar historias en la radio, escribir en un periódico o publicar novelas. Soy otro tío. Ni mejor ni peor. Otro. Aunque haya hecho, siga haciendo o vaya hacer cosas como aquellas que añoraba desde que era un adolescente. No tengo nada que ver con el tipo que comenzó a viajar por el mundo hace casi una década llevando apasionadamente una bandera clavada en el alma. Tampoco soy el mismo que decidió guardar el pasaporte desgastado por un tiempo agotado de tanto nomadismo planetario. He actualizado mi software.

No ha sido fácil. No ha sido fácil descubrirme a mí mismo. No ha sido fácil analizarme, descifrarme, comprenderme. No ha sido fácil decidirme. No ha sido fácil ser autocrítico. Introspectivo. Potenciar la humildad. Quitarme las máscaras. Ser positivo. No ha sido fácil rebajar la autoexigencia. No ha sido fácil dejar de ser el que era, dejar de representar lo que representaba, quitarme mi apellido profesional, cambiar de piel, pintarme de otro color sin perder aquel que siempre cubrirá mis poros.

Un día cualquiera te levantas y te das cuenta de que te estás equivocando. Una vez más. Te das cuenta de que estás obsesionado en querer saber. En lo copulativo. Caramba. En querer ser, estar y parecer. Reparas en que estás forzando algo que no fluye. Ay, el flow. En que en lugar de buscar siempre, a veces hay que quedarse quieto y dejarse encontrar. Que la persecución desgasta. Va en contra de la aerodinámica y te exige un esfuerzo excepcional. Y ese día, a lo loco, como tantas otras veces, decides cambiar. Dejarte llevar. Quitarte prejuicios, olvidar ideas preconcebidas, ignorar pensamientos que te has autoinferido en tu cerebro.

La vida es un estado de ánimo.

El lunes 3 de octubre me incorporo a Microsoft. Doble salto mortal con tirabuzón invertido. Seré algo así como el Marketing Manager - Cloud Partnerships and Emerging Business para la compañía en España.

Sí, lo mío son las nubes, doctor. Me lo haré mirar. Será por lo de volar. Por lo poético. Por lo romántico. Por lo idealista. Será.

Y, sí, estoy muy ilusionado. Pero mucho. Estaré en contacto de vuelta con los emprendedores, con las startups tecnológicas, con los fondos de inversión, con las universidades, con los desarrolladores, con los blogueros… Estaré contando historias, desarrollando mi red de contactos, organizando eventos, dando ponencias. En mi salsa. Aprendiendo, como siempre, de toda esta gente excepcional que rodea a este sector tan innovador, tan necesario.

Y estaré en una marca mítica que lleva cuarenta años entre nosotros y que está sabiendo reinventarse y generar impacto. Estaré rodeado de un equipo espectacular que sólo transmite buenas vibraciones. Con gente que ha depositado toda su confianza en mí. Estaré del otro lado, intentando aportar mi granito de arena a todos aquellos que lo puedan necesitar desde el punto privilegiado en el que me encontraré e intentando empaparme de todo lo que me va a rodear.

Miro al horizonte y sólo veo motivación. Ganas de seguir aprendiendo, creciendo, construyendo. Y eso, amigos, es un privilegio.

Hace unos años no me hubiera visto aquí. Hoy no me veo en otro sitio.

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