Tíos-tía y viceversa

A ver si hay alguien que se va a creer que todos los tíos son iguales. Que todas las chicas cumplen el mismo perfil. Já.

Generalizar, en general, es absurdo. Pero, ya puestos, y en plena época de Big Data, mejor generalizar segmentando, aunque sea un pelín. Todo sea por mejorar la conversión; por optimizar el funnel.

Quizá es ahí, en ese vacío que deja el extremismo exacerbado en las relaciones chico/chica, donde aparece “la teoría de los tíos-tía”, también conocida, sorprendentemente, como “la teoría de las tías-tío”.

En resumen: hay dos tipos de hombres (los tíos-tía y los tíos-tío) y dos tipos de mujeres (las tías-tío y las tías-tía). ¿Cómo te quedas?

Quizá ya hayas oído hablar de ello porque esta teoría está moviéndose como la espuma entre todo grupo de amigos de, digamos, más de treinta años, generalmente solteros y en plena crisis de identidad, de los cuarenta o de cualquier otra cosa a la que agarrarse cuando la soledad aprieta. También hay quien ya ha hablado de ello, aunque con otro punto de vista. Al final, como toda teoría, evoluciona.

Al grano.

Los tíos-tío son el perfil de macho hispánico tradicional. El que nos han vendido. El clásico. Ese hombre fuerte, duro y hacendoso. Esa antítesis del hombre blandengue que tanto detestaba El Fary. Fuerte por fuera y por dentro. Con cierto componente machista (no siempre; no siempre mucho; no mucho siempre). Ese hombre que nadie ha visto llorar. Que no comparte sus sentimientos con los demás. Que es un jodido témpano de hielo. Que es más duro que el disco de su portátil. Que no cede ante las presiones sentimentales de su pareja. Que es capaz de acumular muescas en su cartuchera como si fuera el John Wayne del amor. Que no se enamora fácil. Que “pa” chulo, él. Que no va a llamar a su pareja cuando la echa de menos porque ya le llamarán a él; que pocas veces se lo va a decir porque “pa qué”. Ese tío que es capaz de montar con sus manos y un par de herramientas del Leroy Merlin un jardín versallesco sin rechistar. Son autónomos e independientes. De esos que lleva toda la vida ligando mucho así y que va a seguir ligando así mucho toda la vida.

Las tía-tía son las princesas de cuento. Damas auténticas. Mujeres sensibles y livianas. Dóciles. Idealistas, soñadoras, coquetas. Féminas que sueñan con sus príncipe azul. Con ese hombre perfecto que están seguras de que existe y que tarde o temprano encontrarán. Adoran las comedias románticas; y Pinterest. Sueñan con casarse de blanco y formar la familia ideal. De aquellas que suspiran cada vez que le abren la puerta del coche, cada vez que le ceden el paso en el ascensor. De esas que le dan todo lo que tienen a su pareja. Que le entregan su corazón. Que se desviven por la otra persona y que se lo hacen saber. Son cariñosas y dulces. Cursis. Muy ellas.

Las tías-tío son otra cosa. No es que no puedan ser dulces o sensibles. No es que no sean damas o, en ocasiones, no sean princesas. No es eso. Es que son un híbrido. Es que tienen eso pero, también, o sin embargo, tienen esa capacidad de congelar la lava de un volcán en erupción. Son calculadoras. Científicas de las emociones. Son racionales pero, paradójicamente, variables y efímeras. Son esféricas e imprevisibles. Son ángeles y demonios. Son apasionadas. Son el puto Dragon Kahn. El Guadiana. Son tan indefinibles que en el fondo todo este texto es inexacto. Son líderes naturales pero adoran ser seducidas. Quieren lo que no tienen y luchan a muerte por ello pero les cuesta mantenerlo porque cuando lo consiguen ya están buscando otra cosa. Buscan retos constantes. Dominan el timing. Confunden. Abruman. Arrastran masas. Devoran. Son exóticas. Son mantis religiosas. Inquietan.

Los tíos-tía tampoco es que no sean viriles, pero tienen un punto romántico claro. Son muy de decir te quiero demasiado pronto. De prometer la luna. Son luchadores natos. Guerreros. Los amos de las distancias cortas. Artistas. El yerno perfecto. Como las tías-tío, son mantis religiosas; pero consigo mismos, suicidas: se comen la cabeza (la suya) de más. Sufren. Se dan cien veces con la misma piedra. Son detallistas y generosos. Escriben cosas. Son valientes porque no les queda otra. Son menos pero se sienten más. Son tan apasionados que corren el riesgo de avasallar. Son impacientes. Presionan. Tienen las cosas tan claras que a veces asustan. Arrastran. Convencen con el tiempo. Se relajan. Tienen tanto para dar que a veces la cagan y se olvidan de recibir. Son más inestables. Necesitan gente a su alrededor.

Y luego hay versiones. Hay quien todavía le añade una capa más. Un tercer nivel. Un tío-tía-tía, por ejemplo. Tela, eh.

No es que unos u otras sean mejores que el resto. No es que se agrupen en guetos. Pero sí que está claro que hay personas que sienten más afinidad por un tipo de chico o chica que por el otro.

Y, por supuesto, más allá de estereotipos y teorías absurdas e hiperbólicas como esta, están los individuos. Y sus cositas.