Pan, huevos y radio


En la mitad de mi pan con huevo, en el tercer sorbo de mi té y en los primeros 15 minutos del programa, me sentí tranquilo, como cuando era un niño y mi mamá llegaba a la hora a buscarme al colegio. Miré la hora pero no pude entender lo que decían los palitos del reloj, fue ahí cuando me abarco la sola sensación de que todo se iba a acabar, que en verdad mi mamá no había llegado y otros venían por mí.

Sombras corrían rápidamente por fuera de las ventanas de una manera silenciosa, solo escuchaba susurros atrás de cada muralla, había un mensaje dentro del horno, mas susurros venían de muy cerca, demasiado cerca, mi oreja era una muralla mas y un susurro venia de atrás de ella. Masqué mi pan, bebí mi té y la radio explotó. Mi hermana abrió la puerta del horno asomando su calvicie y diciéndome “Si su mamá no llega pronto, va a tener que esperar en la oficina”. Mas movimientos fuera de la casa, rápidos pasaban por la ventana, mas rápido pasaban por la ventana del techo y mas lento por la del piso, iban a entrar por todos lados y yo aún no terminaba mi pan con huevo, me querían a mi y yo no sabía porque pero habían encontrado el mejor momento para venir por mí, el abismo entre la profesora y mi mamá, interceptado perpendicularmente por el hambre y la satisfacción. “Pase a la oficina por favor, vamos a tratar de comunicarnos con su mamá” me informa mi hermana con la mitad del cuerpo fuera del horno. Aún insatisfecho, se estaban demorando mucho en entrar, si me querían tanto debían penetrar esas ventanas ahora porque ese pan con huevo se estaba enfriando y ese té, ese té ya no estaba, solo quedaba el pan con huevo y yo ya estaba cerca de la satisfacción. Se acabó el susurro, pude pesar, pude entender que mi mamá ya iba a llegar, solo debía terminar ese pan con huevo, dos mascadas eran suficientes, mi mamá iba a estar aquí y nos íbamos a ir al cine porque era mi santo, siempre vamos al cine cuando es mi santo, vamos sin mi hermana. Las ventanas tenían un punto negro justo en el medio, eran una sombra e iban creciendo tan rápido como yo iba mascando, estaban en todas las ventanas y yo sabía que mi mamá estaba muy cerca, yo sigo mascando, ellas siguen creciendo, “No nos hemos podido comunicar con su mamá”, me entró un ahogo, me ardió el estomago, mi mentón se descontrolaba, las ventanas eran negras, no había pan, no había huevo, habían lagrimas y un fuerte color azul que se alejaba, cada vez llegaba mas lejos y tu nombre lo cruzaba de abajo a arriba, una sala azul, una luz tenue y dos personas solas, en medio de cientos de butacas, parados aplaudiendo, se miran, se ríen y yacen.

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