El amor que nos cura
o cómo las palabras que se pronuncian con amor producen efectos milagrosos
“La vida secreta de las palabras” , es la mejor película que he visto estos últimos años en relación al tema de la resiliencia. Significó mucho para mi, incluso el título. La historia de Hanna es la historia de alguien que ha sido humillada, violentada por sus semejantes y que se siente culpable de haber sobrevivido al horror, mientras que otros no pudieron. Ambos sentimientos le llevan a cerrarse en su cuerpo, pero también le conduce a no amarlo (solamente comía arroz con pollo) y en general a no amar los placeres de la vida. Esa que le han quitado pero a la vez le han regalado. Se aísla del mundo y de ella misma (tiene sordera psicológica, no quiere oír, ni oírse. Al igual que Josef no quiere ver). Todos los que están en la torre petrolifera sufren del mismo síndrome, necesidad de huir, de rodearse de soledad, todos tienen secretos que no pueden contar.
Eso es Hanna. Es la historia de una superviviente a un drama y a un trauma enorme, como los que padecen los supervivientes de campos de concentración y que se preguntan toda la vida la causa de su supervivencia. Una tortura “bañada por olas” inesperadas: por la entrada de los torturadores cuando duermes y te violan, cuando comes y te pegan, cuando te recuperas de las quemadas de cigarrillos y te sodomizan. Siempre esperando que la última vez sea de verdad la última. El drama de la tortura creo que es el peor que puede vivir un ser humano, precisamente porque es ejecutada por otro ser humano (que en el caso de Hanna son sus propios compatriotas, incluso de su bando, algunos eran de su pueblo).
Solamente el amor por Josef es capaz de sacarla de ese “triste, profundo y negro pozo” de soledad, de alienación y de odio, representado por la plataforma petrolifera de forma sublime por la directora del film. Ayudar a otro que padece, que se siente culpable también de la muerte del compañero que se suicido, le ayuda a recuperar la confianza en los hombres que dejan de ser “lobos para el propio hombre”. La empatía que aparece por su semejante (Josef) es la que la devuelve al “mundo de los humanos” (ese mundo de la que ellos mismos la sacaron).
El papel del lenguaje, de las palabras es fundamental para esa recuperación, solamente explicando a otro lo sucedido es capaz Hanna de abandonar su dolor, de abrirse de nuevo a la vida. Cuando las palabras son dichas y el secreto se revela se produce el alivio, aparece entonces el gozo por la vida a través del amor (en la película se observa en este momento que empieza a comer los platos que prepara el cocinero y abandona su pollo con arroz). Las palabras no deben ser secretas, tal vez por eso encontramos un alivio escribiendo aquí.
Hay un autor que trabaja a menudo y publica bastantes cosas sobre el tema del trauma y cómo superarlo. De hecho él es el que ha acuñado un término bastante usado hoy en psicología: resiliencia. El autor se llama Boris Cyrulnik , y algunos de sus libros que tratan sobre el tema son: “El amor que nos cura”, “Los patitos feos: la resiliencia: una infancia infeliz no determina nada”, o “El murmullo de los fantasmas: volver a la vida después de un trauma”. Todos están publicados por la editorial GEDISA.