Parlez-moi d’amour

o sobre cómo el amor nunca puede ser colmado del todo


En una de las revistas — Le nouvel observateur — que los fránceses dejaron un verano en casa había un interesante artículo de Jean Bertrand Pontalis sobre el amor. Se titulaba “Parlez-moi d’amour” . Destaco a continuación algunos de los pasaje más sugerentes de la lectura de ese texto.

La entrevista está dedicada a interrogar a Pontalis sobre su último libro “Elles”. En una de las primeras preguntas el entrevistador interroga a Pontalis sobre el sentido que tiene para él el enamorarse (“tomber amoreux” en fránces). Jean B. Pontalis comenta que le encanta ese verbo porque define realmente lo que le sucede al sujeto que se enamora. Enamorarse es de hecho una caida (“tomber”), una caida tremendamente feliz y dichosa, pero también inquietante. Uno nunca sabe hacia dónde cae. Uno cae a menudo de si mismo, lejos de si mismo, uno cae dentro del otro. A veces hasta la alienación. Es la parte otra de uno mismo la que a veces aparece al caer en el amor.

A mi entender Pontalis quiere decir que uno puede sorprenderse a si mismo realizando actos extraños al caer en el amor. Algunos de ellos son positivos, por ejemplo convertirse en alguien que se cuida más, que adelgaza, que aspira a conquistar al otro. Pero en otros casos puede que algunos actos que aparezcan sean negativos. Por ejemplo, en medio de los celos uno puede sorprenderse a si mismo espiando los mensajes del móvil de su pareja, o siguiéndola por la calle para ver si tiene un amante. Uno ha caído de si mismo, ha descubierto la parte de él que desconocía. No pensaba ser capaz de un hecho así. Dice Pontalis “C’est un autre que vous qui se révèle en vous” (es otro que no soy yo el que aparece en mí. “Yo no sabía que yo era así, lo acabo de descubrir”.

En otro punto de la entrevista se trata de la sexualidad y de su relación con el amor. En un momento determinado el entrevistador pregunta a Pontalis su opinión acerca del gozo femenino, ¿cómo podemos estar seguros los hombres que ella ha gozado?. ¿Cómo puede un hombre estar seguro de comprender el gozo de una mujer?. Pontalis contesta que para el hombre el goce femenino es, de alguna manera, irrepresentable. Para él la diferencia está en “la madre”. ¿En qué sueñan nuestras madres?, se pregunta. Añade que es una pregunta sin respuesta. He aquí lo inabordable: la parte femenina de la madre que el hombre no puede alcanzar.

En otro momento el entrevistador pregunta a Pontalis si, con el tiempo, la aptitud para el amor se acartona como el resto del cuerpo. Pontalis comenta que la libido puede debilitarse, pero que en realidad se desplaza a otros sitios: el amor por el arte, por el trabajo, por la creación, por el poder, etc. La líbido no está solamente ligada al sexo. Uno está enamorado a cualquier edad.

En un momento determinado de la entrevista el autor de la misma pregunta a Pontalis por la causa que nos enamoremos de esta persona, pero no de aquella. Jean-Bertrand le contesta que es una pregunta imposible de contestar respecto a uno mismo, y que normalmente solamente lo hacemos en relación a los demás: “¿pero que ha visto este hombre en ella, es terrible?”, “¿cómo no lo ve”. Pero ese hombre solamente puede responder desde el juicio torcido por su amor. También puede suceder que uno mismo si vea como es el otro, calibrarlo en su justo punto, o incluso ver cosas que los otros ignoran. Tal vez puede amarla a pesar de sus fallos, o tal vez a causa de ellos. En casos así el amor se vuelve casto.

Pontalis cree que a veces también es complejo contestar qué es lo que el otro ha visto en su amada. Jean-Bertrand cita un texto de Robert Burton en el que este autor comenta:

“ El amante está obsesionado por ella: su dulce rostro, sus ojos, sus acciones, sus gestos, sus manos, sus pies, sus palabras … todo es revisado, registrado, medido por el astrolabio de sus fantasmas” .

Dice Pontalis que se ha quedado sorprendido por el contenido del texto, “… así existiría en nosotros un aparato que orientara nuestra travesía… Sí yo no puedo responder a la pregunta ¿qué ha visto él en ella? es que no dispongo de este astrolabio de sus fantasmas. Yo no tengo acceso ni siquiera al mío”. “La elección no es a menudo voluntaria, tampoco fija, es móvil como nuestros fantasmas”.

Por ello la elección no es fácilmente comprensible ni por uno mismo, ni por los demás.

Cuando nosotros amamos, ¿somos uno o somos dos?.

Ante esta pregunta Pontalis contesta que esta fusión es a menudo ilusoria. Cita a Woody Allen cuando dice en una de sus películas: “¡Qué noche de amor tan extraordinaria!, nosotros nos hemos convertido en uno: yo mismo”. Queremos fundirnos en el otro con tal de que sea a beneficio propio.

Comenta de todas formas Pontalis que no es bueno haber sido muy amado, o por lo menos estar muy seguro de haberlo sido. Freud dijo que él había sido muy amado por su madre y que ese hecho le dejo cautivo para toda la vida. Ser demasiado amado puede ser paralizante. Lo que tiene de bueno el amor es que jamas es colmado. Las mujeres, según Pontalis, creen a menudo que pueden ser colmadas, en esa idea de vacío rellenado. ¿Puede que lo sean durante el embarazo?. Se ve a muchas con una satisfacción total. Añade pero que el amor, la sexualidad siempre tiene algo de inacabado. Freud apuntaba también: “…existe alguna cosa en la pulsión que se resiste a la plena satisfacción, no a la satisfacción sino a la plena satisfacción”.