“Ser mala madre es peor que ser nazi”

“Establezco un diálogo interno conmigo misma para no perder la cabeza. Entonces me digo ‘esto también va a pasar’. Les regalé mi cuerpo, mi tiempo, mi identidad, y quiero que me devuelvan una partecita. No se las regalé, se las presté en concesión por los primeros ¿cuántos? ¿cinco años de vida? ¿después se humanizan? ¿razonan? ¿entienden las limitaciones que padecen los padres? ¿y si cuándo tengan 15 años no sé vivir sin esa demanda constante? ¿si me enfermo de extrañar su dependencia? ¿si lloro cada noche como una enferma patológica del síndrome de Estocolmo? Mi terapeuta dice que lo que me va a matar no son los hijos sino la ansiedad. Pero lo que pasa hoy…hoy, ayer y antes de ayer, es que me los choco. Me tropiezo con sus cuerpitos porque me rondan todo el tiempo, me rodean. El término ‘pollerudo’ y ‘faldero’ no podría haber surgido de otra situación que no sea de una madre intentando llegar a atender el teléfono y tropezando con sus hijos en el intento. Al chiquito lo tiré al piso varias veces por darme vuelta a buscar algo; al más grande lo hice llorar de un codazo en la frente: ‘¡es que quería pedirte jugo!’ me dice con los mocos colgando y mirada de odio”.
Lo que me digo a mí misma.

¿Cómo surge y qué dirías que es libertadcondicionalblog.com?

Libertad Condicional nació como un espacio que yo necesitaba para volcar el lado B del relato oficial de la maternidad. Creo que hay un discurso instalado del deber ser que, cuando tenés un hijo que cuidar en la vida real, no se condice con lo que la mayoría te cuenta. Con mi primer hijo me comí el relato edulcorado de “es lo más lindo que te puede pasar en la vida” y con el segundo, y las expectativas correctas, me lancé a desmitificar ciertos estándares a través del blog. Tuvo relativo éxito porque muchas mamás y papás sentían culpa por no poder responder a esos parámetros y tener una voz que aglutine todos esos mitos creo que liberó muchas culpas.

¿Cambió algo desde su inicio hasta ahora?

Hoy ya no me divierte tanto porque siento que en estos dos años escribí muchas boludeces y cambié de parecer en algunas cuestiones. Sobre todo porque siento que tengo resuelto “el” conflicto con mi maternidad, con mis espacios, con las cosas que no me gustan de mis hijos, de mi rol, entonces ya no necesito ese lugar de catarsis. Lo uso para compartir ciertos consumos, notas de medios para discutir ideas, libros y películas, etc. Así como no creo en la madre y mujer perfecta que muestran en las revistas, en el concepto de mujer orquesta y madre abnegada, tampoco creo en la idea de la madre desbordada que odia a las mamis del jardín y se cree demasiado cool para lidiar con ciertas responsabilidades de los hijos. Mi idea para no claudicar en esta tarea rarísima de ser madre siempre fue bajar las expectativas y desculpabilizar, buscando el equilibrio. Ser madre debería ser una cosa más de la vida, no “la cosa”.

¿Qué es ser madre?

Primero aclaro que yo siempre hablo desde mi lugar de madre de clase media profesional en la Capital de Buenos Aires. Desde ahí, te diría que hoy es ser una neurótica que googlea síntomas en internet y lee libros sobre como criar hijos porque no tiene la menor idea de qué hacer con ese cuerpito de 3 kilos cuando llega a casa.

¿Cómo es entonces ser de ese tipo de maternidad?

Por un lado, tenemos una maternidad hiper intelectualizada y psicoanalizada, con lo bueno y lo malo que eso implica. Por otro, una crianza tan individual que termina influyendo en la estabilidad emocional de los padres. Ser madre hoy es un desconcierto. Queremos desmarcarnos de la generación de nuestras madres, más autoritaria y menos reflexiva del rol, y terminamos cayendo en errores distintos pero igual de graves. Endiosando a los niños y olvidando a nuestras parejas, teniendo miedo de poner límites, de tomar decisiones, de “hacerlos sufrir”. Para nuestra generación, ser mala madre es peor que ser nazi.

¿Qué sucede en la transición de mujer a madre?

Las mujeres sufrimos muchas presiones y cuando sos madre esas presiones se duplican. Las inseguridades se potencian por el arsenal de opinólogos que comienzan a pulular alrededor de la nueva mamá, llena de inseguridades y miedos. Los libros de crianza se contradicen, el papá no tiene la menor pista de lo que hay que hacer con el bebé y cree que la mamá debería saber porque tiene instinto. Es inevitable sentirse frustrada, que los bebés no duerman, que tengan crisis de llanto. Hay mucho estrés alrededor de un nuevo ser humano.

¿Qué sucede hoy con la madre activa?

Las madres que trabajamos somos criticadas por terciarizar el cuidado de un ser indefenso para participar del salvaje mercado laboral. Las madres que deciden postergar su crecimiento profesional para cuidar de su recién nacido son criticadas por relegar su individualidad. No hay recetas de éxito pero algunos ingredientes suman: consentir al deseo propio, desculpabilizar, no aspirar a la perfección y negociar con las parejas.

“Una mujer que no es madre no es todavía una mujer” ¿Qué postura sostenes al respecto?

Cuando una mujer en edad reproductiva no tiene hijos, tendemos a pensar que no puede concebir y nos lamentamos por su terrible destino, el de la no madre. Lo terrible es que, si bien tenemos un concepto para definir a las viudas, a las casadas, a las divorciadas, a las lesbianas y a las separadas, a las mujeres sin hijos las definimos por la negativa: son las no madres. En general tendemos a pensar que una mujer de 45 años que no tuvo hijos es porque no pudo, porque si tiene o tuvo pareja estable no hay otra explicación. Incluso es socialmente más aceptable tener un hijo sola que no tenerlo. A mí lo que me llama la atención es que a las mujeres que no tienen hijos se les pregunta por qué, mientras que a nadie se le ocurriría preguntar a las madres porque sí los tienen. ¿Mirá si todas las mujeres con hijos dijeran realmente el motivo por el que se embarazan? ¿Se imaginan respondiendo “me embaracé para responder al mandato social” o “tuve a mi hijo para salvar mi matrimonio”?

¿Tiene que ver esta idea de madre todopoderosa y no madre con el cambio de época?

La figura de la madre amorosa y devota de sus hijos es una imagen inventada en el siglo XIX para legitimar, por un lado la heterosexualidad obligatoria, y por el otro, una supuesta división natural de las tareas que les cede a los hombres el espacio social y laboral y a las mujeres el privado y doméstico, el mundo que es “natural” para ellas. Es más, los discursos que se refieren a las mujeres sin hijos como algo incompleto e inacabado, solo sirven para reforzar la idea de que la maternidad es el único ideal de felicidad porque colaboran en una imagen negativa de las mujeres que no son madres. Si bien existen cada vez más mujeres y hombres que deciden no tener hijos y la reacción social no es como hace 20 o 30 años atrás, la maternidad sigue siendo uno de los mandatos sociales más fuertes y lamentablemente no creo que aún pueda saltearse ese paso sin pagar algunas consecuencias.