Bookcrossing: la caza de los libros salvajes

Aproximadamente 600 libros se han distribuido por la ciudad de Elche para el libre uso de los lectores y su posterior intercambio

El cazador acecha a la presa de reojo. Observa que de momento está custodiada, pero no tardará en quedarse sola, o eso espera. Mientras tanto, repasa en su mente el modus operandi que llevará a cabo. Tiene intención de actuar con discreción, pero deberá darse prisa. No puede perder el valioso ejemplar. Por fin decide actuar y se abalanza sobre el objeto deseado. Ya es suyo. Lo agarra victorioso, acaricia el lomo, lo abre, pasa rápido las páginas mientras el olor de la tinta embriaga su alma de lector y no le queda más remedio que someterse al placer de la lectura.

Leer, registrar y liberar. Son las tres acciones que se llevan a cabo en el bookcrossing, un intercambio de libros a escala global con el propósito de darles una segunda oportunidad una vez leídos. Cualquier sitio emblemático sirve de expositor para esta actividad realizada en Elche desde hace 8 años, donde la biblioteca es la calle, los libreros son los lectores, los protagonistas son los libros y el público es todo el mundo. La única condición para que funcione correctamente es registrar cada ejemplar en la página web para así poder observar su viaje.

Maria del Mar Melero Muela, periodista y autora del blog Lecturofilia, conoce bien este fenómeno. Ha quedado con un grupo de bookcrossers para repartir libros por toda la ciudad con motivo de la celebración de El día del Libro. Son cerca de las 10 de la mañana y camina dirección al punto de encuentro. Allí, sus compañeros la esperan con algunas cajas llenas de obras que hoy serán liberadas. En total distribuirán cerca de 600 ejemplares (sobre todo clásicos) que serán esparcidos por 20 enclaves importantes de la Ílice, 5 más que el año pasado. La Pasarela, la Glorieta, y la Plaza del Raval han sido algunas de las localizaciones elegidas este año cumpliendo con el único requisito imprescindible como punto bookcrossing: ser un lugar bastante transitado por los ciudadanos.

Exterior de la Basílica de Sta. María en Elche | Foto cedida por Luís Navarro

Esta iniciativa comenzó en el año 2001 en Estados Unidos (concretamente en Nueva York), aunque no fue hasta el 2009 cuando llegó a Elche. Uno de los objetivos de esta actividad es hacer entender a la gente que los libros no tienen por qué hallarse solo en las bibliotecas, sino que también pueden estar en cualquier sitio público y se deben respetar de igual modo.

Maria del Mar inicia el recorrido marcado en el mapa que le han dado al comienzo. Se dispone a buscar algún lugar adecuado donde dejar una de las obras que ha cogido para repartir. Escruta con la mirada el entorno y avanza hacia un árbol de tronco abultado. Vislumbra un hueco entre las ramas y lo deposita entre ellas. Se aleja lo suficiente como para comprobar que tenga buena visibilidad desde una distancia relativamente larga y continúa con la ruta.

Varias personas la observan desconcertadas y algunas de ellas le preguntan qué está haciendo, para qué y si se puede coger, incluso si se lo pueden llevar a casa.

Antonio Miralles López pasa cerca de allí casualmente. Él no es seguidor de esta tendencia y la desconoce, por eso, al divisar un bulto a lo lejos se acerca con curiosidad. Es un libro pero no cualquier libro, sino el famoso libro de El niño con el pijama de rayas. Seguramente algún compañero de María del Mar lo haya dejado ahí, pero de momento él no lo sabe. Perplejo mira a su alrededor y pregunta a la gente de la zona si es de alguno de ellos. Las respuestas son negativas y por eso decide abrirlo por donde indica el marcapáginas. Allí encuentra todas las respuestas. Es un libro salvaje, de esos que componen la jungla literaria por todo el mundo. Impresionado, sucumbe al encanto de esta iniciativa e incluso se plantea realizarla en un futuro con sus propios ejemplares.

Exterior de la Iglesia de San José, junto a biblioteca Pedro Ibarra | Foto cedida por Luís Navarro

La periodista reflexiona sobre la influencia de la cultura española en el ámbito del bookcrossing y llega a la conclusión de que esta no favorece al desarrollo de actividades de este tipo por la desconfianza existente y el sentido de la propiedad sobre las cosas. Considera que se crea una especie de apego emocional que dificulta desprenderse de ellas, incluso en el caso de objetos que no utilizamos. Afirma que para conseguir que el bookcrossing en España prospere, hace falta que los lectores comprendan que deshacerse de su libro favorito cuesta, pero a cambio le pueden regalar a él la oportunidad de crear su propia historia.

“La cultura española no favorece al desarrollo del Bookcrossing ”, declara Melero

Este no es el caso de países como Estados Unidos, Alemania, Reino Unido y los Países bajos, quienes están a la vanguardia de este movimiento. Hasta la fecha se han registrado más de 6 millones de libros liberados al rededor del mundo, la mayoría distribuidos en estas cuatro regiones.

Luís Navarro García del Pozo, técnico de la red de la biblioteca Pedro Ibarra de Elche y coordinador de la actividad desde su inicio en la ciudad, opina que es imprescindible la participación de los particulares para llevar a cabo esta iniciativa y confiesa que aunque desde el primer momento tuvo una buena acogida, el porvenir resulta incierto: “Quizá no lleguemos nunca a estar en las primeras posiciones porque si la gente no entra en el juego, esto no puede crecer. Depende mucho de la participación ajena. Haría falta una motivación colectiva que no podemos controlar”

“Si la gente no entra en el juego, esto no puede crecer”, asegura Navarro

Por el momento, si en algo coinciden María del Mar y Luís es en que hay que intentar darle más visibilidad a este fenómeno y acabar con la multitud de prejuicios que rondan sobre él.

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