La superioridad de River y de Gallardo o el aprender de los errores

Es histórico. En ningún lugar de la Argentina, de Sudamérica, de Europa o del Mundo se vivió lo que serán estas dos semanas entre el partido de ida y el de la vuelta. Boca y River se encuentran, por primera vez, en una final de Copa Libertadores, el campeonato más importante a nivel clubes del continente americano.

En un evento de tal magnitud, el análisis previo se puede encarar de mil maneras diferentes. Si Pity Martínez volverá a ser determinante, o si los delanteros de alguno de los dos equipos meterán el gol de la gloria, o si Franco Armani tendrá atajadas para el recuerdo, o si Darío Benedetto o Juan Fernando Quintero ingresarán en el segundo tiempo y cambiarán el partido, pero en este caso la nota estará vinculada a los antecedentes entre Marcelo Gallardo y Boca.

El técnico Millonario le ganó la pulseada varias veces a su máximo rival, en años distintos, y en competiciones diferentes. En los partidos en los que se decidía un título, y también en los que uno pasaba de ronda y el otro se quedaba atrás, River salió siempre bien parado. Por esta razón, lo más importante a tener en cuenta en la previa es si nuevamente Gallardo ganará la batalla o, de lo contrario, Boca aprendió de los errores para lograr ser competitivo.

Es evidente que un entrenador puede plantear una estrategia que en su cabeza es perfecta, pero si después los jugadores no la interpretan, y no la llevan a cabo de manera satisfactoria, nada tiene sentido. Difícilmente los futbolistas no le terminan respondiendo a Gallardo y de ahí viene su fama de “DT copero” o como se le quiera llamar.

River, tanto a Boca como a varios rivales, les va tejiendo telarañas hasta que caen en la trampa. Los defensores creen que tienen libertad para iniciar sin problemas, y en el momento que se apoyan en un mediocampista, el pressing aparece y genera la pérdida en una zona muy comprometida para el contrario. Para poner nombre y apellido con un ejemplo del Xeneize: no es casualidad que los peores partidos de Wilmar Barrios hayan sido, justamente, con River.

Conociendo la importancia del colombiano en el equipo, Gallardo le produjo dificultades tanto en defensa como en ataque. En la Supercopa colocó a Martínez como enganche, para que Barrios le preste atención a él y no pudiera salir a los costados a cortar como suele hacer. Y en el último clásico por la Superliga, el que jugó más adelantado fue Exequiel Palacios, quien se encargó de distraer al mediocentro Xeneize.

No hay dudas de que River intentará apretarlo a Boca, sobre todo en el primer tiempo. Los de Schelotto, a lo largo de la Copa y en La Bombonera, todavía no se enfrentaron contra un equipo que buscara condicionarlo como sí lo hará el Millonario. Esta será la prueba principal en el día de mañana: cuál será el plan, del local, para sortear el pressing del rival. En un partido de tanta tensión y en el que un error puede valer muchísimo, el envío largo hacia Wanchope Ábila parece ser la opción más simple y viable.

Otra de las ventajas que logró River, en los antecedentes previos, es que siempre pudo ponerse por delante en el resultado antes que Boca, lo que hizo que el contexto sea aún más favorable. Otro desafío para el Xeneize: meter el primer gol y condicionar a su clásico o, en el caso de que se repita el estar debajo en el global, reaccionar y no derrumbarse porque sería difícil recuperarse una vez que el jugador es consciente del golpe recibido.

A priori, con los cambios que realizó Schelotto desde la serie contra Cruzeiro –Nández de interior y el ingreso de Sebastián Villa como extremo–, Boca debería estar más capacitado para competir frente a River. Especialmente con la idea de no ser superado en el mediocampo y de poder controlar mejor a Martínez, el futbolista más determinante del Millonario en los últimos superclásicos y quien más problemas le generó a Barrios.

Los laterales de River son importantes en el equipo, porque están muy atentos a la recuperación rápida para subir por sorpresa y hacerle daño a los rivales. Con Villa por un lado, y con Pavón del otro, tanto Montiel como Casco tendrán una preocupación extra y lo pensarán dos veces a la hora de involucrarse en campo rival. Porque aparte, ambos extremos de Boca, rinden más con espacios que sin ellos.

En un evento de tanta trascendencia, el miedo a perder es enorme y, en un sentido, el nivel de ambos equipos se igualará al máximo. River es superior tácticamente, pero habrá tanto en consideración, en estos dos partidos, que la influencia del juego en sí es menos importante que la capacidad mental de los futbolistas para superar las barreras que se les aparezcan a lo largo de los 180 minutos. Quienes logren estar mejor desde el plano mental, seguramente serán los que terminen festejando.