Esa irreal necesidad de ver sus tenis converse que odio, creo que es eso lo que más extrañaba. Y de repente todo empezó a tener sentido y no. ¿Me explico?
Son esos pequeños detalles los que extrañé, los que extraño y los que extrañaré. Ese ligero gesto de preocupación que pone cuando llega un mensaje que ni siquiera va a arriesgarse a mostrar, la posición en la que pone los pies cuando tiene frío, la manera en que ve a la nada cuando no sabe qué decir o al menos no sabe cómo decirlo, sus mil antojos de siempre y el de Coyoacan (México) en especial, la sutileza con la que puede pedir algo aún sin pedirlo en realidad y últimamente extrañaba que tardara mucho más que yo para comer. Después de los detalles observados sé que odio mucho, mucho más los converse de siempre, aún no entiendo cómo puede usarlos con todo y que siempre se vean así “bien”.
Después de todo, sigo sintiendo un coso estomacal extraño, no es bonito, tampoco es feo, creo que es un vacío y espero que pronto se pueda llenar.
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