Estonia o cómo ganar una década. 


Estonia es una población de 1.3 millones de habitantes sobre el helado mar Báltico que hasta 1991 fue parte del Imperio de la Unión Soviética. A partir del 2000, Estonia entendió la necesidad de alfabetizar digitalmente a la población adulta y fue uno de los pioneros en digitalizar todo el gobierno. De Estonia salieron jugadores disruptivos como Skype y Kazaa que revolucionaron sus industrias y se lo considera uno de los países más conectados de Europa (WIFI público es gratis, bueno y extendido y ya en 1997 el 97% de los colegios contaba con acceso a internet)

Algo muy interesante, es que responde a los problemas que el uso de nuevas tecnologías puede traer con más código y menos abogados. Un ejemplo es el del voto electrónico, que se ha comenzando a utilizar en el ¡2000! y hoy es utilizado por más del 25% de los votantes. El sistema de voto electrónico recibe criticas sobre la verdadera transparencia del sistema y las posibles backdoors (puertas de entrada escondidas) por donde se puede manipular la información. Para despejar todas las dudas y construir un sistema más robusto, el Gobierno de Estonia hizo lo contrario a lo que intuitivamente haría cualquier gobierno. En lugar de dificultar el acceso al sistema, lo abrió. Desde julio, el 100% del código de la aplicación que administra el voto electrónico está en GitHub.

Pero Estonia no solo sorprende por su compromiso con la transparencia, el gobierno abierto y el gobierno digital, en el 2012 se lanzaron un plan nacional para enseñar programación a chicos de 7 años en adelante. ¿El objetivo? Educar ciudadanos para la sociedad de la información, prepararlos para que tengan una relación más inteligente con la tecnología. Un detalle, el programa piloto les costó sólo 70.000 euros.

Mitch Resnik, fundador de Scratch, un software para programar usando bloques lógicos de colores, explica en su Tedx “así como aprendemos a leer para poder aprender también aprendemos a programar para programar para aprender”. Estonia busca proveer a sus futuros ciudadanos con herramientas necesarias para programar como la lógica para que puedan usarla para entender matemática, física, música, robótica…

En Argentina, necesitamos repensar el modelo educativo. Estamos educando para la sociedad industrial: ciudadanos-consumidores que se limitan a aprender cómo elegir entre opciones. Receptores de un conocimiento estandarizado que baja verticalmente a través de una figura de autoridad y son penalizados al equivocarse. Este modelo choca de frente con chicos y jóvenes quienes hoy saben más de tecnología que sus maestros, que entienden que pueden aprender lo que se les ocurra en internet a través de la prueba y error, y que todos los días producen y comparten información, puntos de vistas y experiencias sin intermediarios. La primer pregunta con la que se encuentran cada mañana es la de su Facebook: ¿Qué estás pensando?

Eduquemos ciudadanos que puedan diseñar esas opciones, que participen de la producción de la información. Ellos serán los ciudadanos que una sociedad abierta, conectada, integrada y empática, necesita.

Parece ser que en Estonia se toman en serio esto de que “uno programa o es programado”. Algo tenemos para aprender de este pequeño país.