Mis feas piernas

Ayer me los puse. Otra vez, hacía tanto… estás más delgada.

Pues no lo sé, yo pienso que no. Lo que estoy es más vacía. Ha sido un mes difícil, de esos de dejarte ir sin pensar, o pensando hacia adentro que es la mejor forma, la cóncava, la que no escucha de piel para afuera por que al fin y al cabo no saben qué pasa en tu cama, en tu taza, en tus rodillas, en tu ducha, en los pedales de la bicicleta que estas semanas he aporreado para llegar y sobre todo, para volver rapidísimo a mi piel que brillaba debajo de tanta ropa.

Me he ido dejando por los raíles y las teclas. Yo calculo que unos dos kilos aproximadamente, a razón de 500 gramos a la semana. No sé dónde me pondrá eso en la curva del percentil adulto. Porque también existe, ¿no lo sabíais? Ah, ingenuos.

Y ayer me los puse. Esos pantalones que de culo para abajo me recuerdan que alguien me amasó con desgana hace 39 años, que se aburrió después de dibujar unos pechos pequeños, el lunar del omóplato, la cintura ancha que bien soportó a Lucía, y que terminó como el cirujano con prisa parando la música de Bach y diciendo a su equipo: cerrad vosotros.

Pero es que esas feas piernas sujetan un estómago que ha digerido mucho, dos riñones que destilan ya con experiencia y sendos pulmones que me atormentan dejándome sin aire de vez en cuando, un hígado con adn estropeado que de momento aguanta y un corazón que este mes bombea y se expande, se asusta y se encoge.

El cerebro aguanta solo y se escapa por entre estas letras, hasta que le dejemos. Hoy le dejamos.

Así para mi estreno en Medium, con este diseño tan limpio que hará que lleguéis hasta este párrafo vestidos con lana gordita blanca y lustrosos sin saber cómo ha pasado, quiero homenajear a mis feas piernas que ayer entraron en unos pantalones más estrechos y que no se avergüenzan de soportar el peso de mis vísceras (yo -mi cerebro- sí lo hago, pero ya os he dicho que va por libre).

Gracias pareja, por llevarme hoy un poco más vacía que hace un mes pero no más delgada, a donde sea que me empuje el viento.

Sois grandes.

(Dímelo a mí).

Ay, cállate ya, que lo estropearás todo.

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