De querer, poder, saber, sentir escribir bien

Pues es que no es lo mismo.

Definitivamente.

Y yo que decía que era el trabajo, o el ajo, o el grajo que vuela bajo. Al carajo.

Pues es que no. Es el portátil. Como no tengo portátil, qué pensamiento tan volátil, como no tengo el que quiero, no puedo tumbarme en la cama, mirar a la luna de mi ventana, que se ve gorda cuando quiere y cuando no pues me la imagino. Como si antes tuviera. Si hace cuatro años que me quedé sin él, que un señor de lo ajeno tuvo a bien sacarle partido y dejarme sin las fotografías de mi hija desde los cero y hasta los diez años.

Y además ahora tengo uno. Uno que no me gusta, porque tiene el logo del sitio donde ahora trabajo-ajo-grajo-carajo y me parece como prostituyente, o delincuente. Cuente, cuente.

¿Y qué cuento? Que soy una mentirosa y que no escribo porque no soy genial, y las monjas me enseñaron que solo puedo molestar si es para hacer algo así como grande, que si no tengo que pedir perdón a cholón. También puedo decir que así, visto en la distancia, yo escribo en búsqueda de diagnóstico, es una llamada de auxilio para que me digáis que a vosotras-es-is-os-us también os pasa, y que mil cosas más (os pasan) por la cabeza y que si no las compartís os explota, de tan grandes que son, tanto tanto que las monjas deberían arrodillarse a mis pies, putas y reputas. Que me contabais unas cosas que ni el Fiscal general diría ahora que no hay pruebas. Malas y remalas.

Y del auxilio al idilio, anda que no he ligao yo juntando letras.

Porque al escribir parecemos mejores. Siempre, que sí, ¿ves que sí? Si yo ahora te parezco interesante, un diamante, oh mi próximo amante. Ya te digo yo que no. Hoy mismo un amigo me ha dicho de la forma menos petulante posible: “he llegado a la cumbre de mi carrera con 40 años”, porque precisamente escribe como los dioses y le han premiado por ello. Y va y él, me dice esto intentando alinearse conmigo en el ay-que-estoy-sin-vivir-en-mí que me acompaña-guadaña. Sé que lo dice de verdad. “Haz escuela”, le digo. “Haz escuela y acaba con todos”, le pienso.

Pues es que no es lo mismo querer escribir bien que poder escribir bien que saber escribir bien que sentir escribir bien.

Amén.


Originally published at www.pintiparada.com on August 1, 2016.

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