Mis cadavercitos

Mis cadavercitos.

Tengo cuatro, ya. Dos los llevo en los bolsillos, enganchados a las llaves de casa y al bono de diez viajes de bus y metro, sobre el que soplan para borrar la banda magnética cada lunes. El conductor de la línea 20 que me lleva a trabajar por las mañanas me mira con la ceja levantada del “¿otra vez, Merche?” cuando la máquina pita. Así son mis cadavercitos 1 y 2, quieren volver a la vida no dejándome llevar la mía de ahora.

El 3 está enredado en mi peno canoso artificial, me recuerda a Ratatouille intentando enseñar a cortar cebollas a Rémy. Es el que mejor me cae, hablamos casi todos los días sin que nadie se entere, me aconseja y yo no le obedezco en una suerte de pelea constante, a ver quien lleva la razón. El 4 es el más reciente, el que me habla en catalán. Per què vas marxar? Que no eres feliç aquí?

Si buscas tú también tendrás los tuyos. No hay mucho misterio: son las vidas que habrías vivido, o la que vives, pero tú solo porque no se las cuentas a nadie, te la guisas y te la comes. Hubo un momento en que fueron o iban a ser verdad pero dejaron de serlo en la vida real y pasaron a continuar en tus bolsillos, o en el pelo, o en el cajón de las fotos viejas. Ay, esas, cómo atormentan.

Yo tengo cuatro. Ya lo he dicho. Y son mías. Las vídas. Y míos. Los cadavercitos. No hay género que valga aquí, si cada uno se las y los crea a su conveniencia. Una tiene diecisiete años, casi es mayor de edad y acaba de volver de un viaje largo. Buah, y tiene una de cosas que contar… me pide cita para hacer la quedada de palomitas e historias y de momento me ando escondiendo porque diecisiete se acerca a veinte y veinte años no son nada, y que febril la mirada.

La catalana me hace llorar y abrir la web de Renfe cada tres días aproximadamente, a ver si los tiquets tienen alguna oferta para correr a alta velocidad y ver a Iolanda, a Mónica, a Joan -tendré que esperar a que vuelvas de NYC, vuelve ya, a Josep, a Sergi, a David. La inteligencia, la valentía, mi yang, las risas siempre, la ganas, la razón. A cada cual mi trocito arrancado.

Es sábado, y mis cadavercitos han ocupado el pasillo. Están en fila llamando a la puerta de esta habitación donde tengo el ordenador. Mi trinchera.


Originally published at www.pintiparada.com on October 17, 2015.

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