Tic, Tac, Tuc

Tic, Tac, Tic, Tac

Y Tuc. Qué más da. Quince meses sin escribir nada. Que no había de qué, ni por qué, ni para qué.

Tic, Tac, Tuc. Como si importara. ¿No pasaban cosas? Sí. ¿me enteraba yo? esa es otra, que me volví ameba. Ameba con canitas, canitas cainitas las muy desalmadas que cada vez son más ariscas y puntiagudas.

Soy ameba, confieso. Porque el mundo me ha hecho así. Porque si volviera a ser madre, el obs-tre-tra me diría que soy geriátrica, porque me miro al espejo y yo creo que aún estoy pintona, pero ese individuo de tres sílabas se empeña en decirme que no.

Hay muchos individuos de esos. El peor soy yo misma. Myself. Menudo individuo. O individua. Seguimos con las mismas cuitas de androginismo. Siempre recordaba: “mi madre a los 40 se cortó el pelo y dijo que ya era mayor para llevarlo largo” Esto me parecía alucinante. Ya no. Porque los pasé y pienso lo mismo. Pero no lo diré en alto. Una cosa es ser ameba y otra es parecerlo. Hasta ahí podíamos llegar.

Tic, Tac, Tuc. Y miro y me recuerdo, y ya es otoño en El Corte Inglés, porque en Madrid estamos a 25 grados y monto una fiesta crepuscular si un día amanece nublado. Y tiro fotos desde la ventana de mi cuarto como si el clic transformara la escena en eterna. Una hora después ya no, ahora el sol desalmado, como las canitas cainitas, se me está metiendo por el ojo izquierdo y no me deja ver la pantalla. Disculpen las faltas, y mi falta de quince meses.

Quizá ha sido un embarazo. Corro a Google. Orca, morsa o jirafa. Eso podría ser. Las amebas no se embarazan. Pues hoy he parido una orquita, morsita o jirafita, y ningún obs-tre-tra me ha dicho nada, que son alérgicos al agua y a las sabanas africanas, no salen de sus consultas donde se atusan la bata y te sueltan cosas como si fueras un ficus.

Tic, Tac, Tuc: total. Que cómo echo de menos escribir. Que vayan saliendo letritas de mis dedos, tan apresuradas, ellas, y sin orden, que es lo que más me gusta porque es cuando son más de verdad. Eso sí, (apunto), me falta enterarme de lo que pasa a mi alrededor. Esta semana me pasó una y quizá porque pasó y se quedó hoy estoy escribiendo aquí. Que yo creo que está empujando en el cerebro, que es presumida la cosa y sin ser contada se apaga como el hada Campanilla, y anda que no me ha quedado cursi la comparación. Borren, borren. Qué ñoñez.

¿Lo que no se cuenta no existe? Acabáramos, y yo sin saberlo.

Y si cuento cosas que no existen, pero yo escribo aquí que sí, entonces se harán verdad? ¿O seré una ameba cuentista?

Voy a contar, pues: una, dos y tres: la orca, la morsa, la jirafa. Me voy yendo, que tienen hambre.

Tic, Tac, Tuc. Tiempo, Taconear, Tuétano.

Tiempo: déjame Taconearte hasta llegar al Tuétano.

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