Vergüenza

Desaparece de madrugada, se ríe debajo de la cama y salta encima de los seres vivos cuando amanece.

La vergüenza es la novia celosa de la realidad. Cuando no le gusta lo que esta hace por lo que sea, que neurosis hay muchas y los sentimientos son propensos a esta enfermedad de tan vulnerables que son, cuando la realidad se pone fea que también tiene derecho, la vergüenza hace un giro a lo Bisbal y se transforma en crueldad. Se hulkaniza y nos hace tratar mal a cualquiera con tal de escapar: regañamos a nuestros hijos en público de forma desmesurada, no vaya a ser que se sepa que les hemos educado mal. Echamos la culpa a cualquiera de nuestra cagada en el trabajo, no somos infalibles pero eso tiene que quedar para nosotros y el cubículo del baño donde nos escondemos hasta que todo pase. Levantamos la voz ante una mala contestación de alguien en la calle o en el kiosko, más alto, más alto, más alto aún sin saber ni qué estamos diciendo; nadie debe saber que nos da miedo ese desconocido.

Es algo como muy católico. Eres un saco de excrementos indeciso, torpe, asustado, debes sentirte mal por ello. Cuando Santa Teresa bajaba incólume de los cielos se la veía pura, pero también segura de traer de vuelta la palabra de Dios. ¿Tú la viste dudar alguna vez? Ponle la voz y cara de Concha Velasco, hazlo como quieras. Pero acuérdate. Eres imperfecto, malo. Dios se aburrió de ti, no fuiste lo suficientemente interesante como para que te pusiera tapicería de cuero y llantas de aleación.

La vergüenza también gasta bromas. Se esconde bajo la cama cuando estás con una desconocida o desconocido, hace como que no está y se tapa la risa con la mano, te deja jugar un rato y pasarlo bien. Qué digo bien, lo pasas de lujo, si has nacido para esto. Y hasta te duermes, es increíble. Os despertáis a la vez. No con la otra/otro, a ver si nos ordenamos que hay multitud en esta cama: digo la vergüenza y tú que como es tuya y es neurótica y tiene un adosado en tu cerebro andáis sincronizados. Entonces salta sobre ti, te lo he adelantado en un espoiler al principio, se presenta a la vergüenza del otro ser vivo que tienes al lado que también anda en las mismas y se enzarzan en una lucha idiota sobre quién de los dos va a estar más tiempo con los ojos cerrados haciéndose el dormido. Ellas dos se parten la caja mientras vosotros dos, los que no sois sentimientos vulnerables, intentáis adoptar una postura digna en el colchón y recordar que esa temperatura que tenéis cerca no os es tan ajena como pensáis.

Yo probaría un día a encerrarla en el baño. Nótese el condicional que no imperativo valiente. Mi propia vergüenza está ahora mismo tras el cogote leyendo esto que escribo y del susto de olerle el aliento -una mezcla pestilente de anís y ajo, antojos de domingo de misa-, tengo el espinazo helado.

Imagen: Red memory, shy boy de Niels Linneberg vía Flickr CC


Originally published at www.pintiparada.com on January 27, 2015.

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