Todas somos Laura Palmer

En 1990 David Lynch daba el puntapié inicial para que las series alcanzaran el grado de popularidad que tienen hoy. Lo hacía de la mano de una serie única, impactante y que poseía su sello distintivo, Twin Peaks. Al mejor estilo del director, las dos temporadas hablan sobre un pequeño pueblo que oculta terribles secretos y que salen a la luz a partir de un hecho dramático: el asesinato de Laura Palmer. En el primer capítulo vemos como esta hermosa joven de dieciocho años, reina del pueblo, popular y querida en la comunidad aparece asesinada y envuelta en plástico flotando en el río. Más allá de la serie, esta imagen de mujeres abusadas sexualmente, asesinadas y descartadas como basura se repite en la actualidad como una pesadilla propia del surrealismo. Ir a una entrevista laboral, entrar al edificio propio, salir a bailar, viajar, se pueden convertir hoy en día en una muerte segura.

Twin Peaks muestra en parte lo que la sociedad piensa, Laura Palmer andaba en cosas raras, se drogaba, se acostaba con varios hombres y bebía. Eso le hacía pensar a Donna, su mejor amiga, que a Laura le iba a pasar algo: Laura se lo andaba buscando. La ficción no logra superar a la realidad. La última muerte abordada por los medios de comunicación, la de Daiana García volvió a poner el debate de nuevo en escena. Ante la búsqueda desesperada de la familia a través de las redes sociales, muchas personas no se privaron de decir que “se lo andaba buscando por usar shorts”.

Usar shorts, tener una vida sexual activa, salir a bailar, buscar trabajo no debería ser bajo ningún punto de vista motivos para ser abusadas y asesinadas. Deberíamos preguntarnos como sociedad qué es lo que está mal, a qué grado de la cultura hemos llegado en donde quienes opinan esto están tan seguros de tener razón que lo publican en internet.

La sociedad bambolea entre el consumo de cuerpos femeninos desnudos en televisión, revistas, afiches publicitarios, mientras condena el uso de poca ropa cuando hace 33 grados de temperatura y mientras muchos hombres caminan con el torso desnudo por la vía pública. Todavía en el año 2015 se mide con distinta vara, con una muy inequitativa y muy injusta en la que una mujer independiente (en cualquier aspecto de su vida) anda buscando deliberada o inconscientemente la violación y la muerte. Culturalmente se condena el uso de burka de los países islamitas mientras se dice que usar “una mini corta es andar buscando que le hagan algo” y si después la matan “es por buscona”.

El machismo atraviesa la sociedad, hombres y mujeres lo justifican y se aferran, otras personas resisten. El machismo hace pensar a algunos hombres que tienen derecho sobre las mujeres, derecho de propiedad: esa mujer no tiene dueño, anda sola, se puso un short para provocarme, la voy a violar, ahorcar y una vez que satisfaga mis ansias de poseerla la voy a descartar como la basura que es, como el objeto usado que es.

En los casos más extremos la violencia de género llega al asesinato, en los casos más cotidianos las mujeres somos acosadas desde la infancia en la calle, en la escuela, en la iglesia, en el transporte público, en el trabajo. A las mujeres nos enseñan a cuidarnos de los hombres, a no quedarnos a solas con extraños, a no andar solas de noche, a no tomar los tragos que nos invitan en un boliche, a no confiar. Vivir de esta manera, con esa paranoia puede ser insoportable. Las mujeres hemos ganado espacios que antes no teníamos, mientras hay mujeres que gobiernan países, dirigen grandes empresas, deciden sobre su maternidad, la sombra de la violencia de género se extiende como un miedo silencioso que nos paraliza. La última muerte, pero podría haber sido cualquier otra, nos dejó con una sensación extraña, la de pensarnos posibles objetos de consumo y descarte. Con la sensación inescrutable de que las siguientes podemos ser nosotras ¿Cómo vamos a conquistar al mundo si el simple hecho de ir a una entrevista laboral puede implicar violación, asesinato y que nos tiren a la basura al costado de una ruta?

A veces la amenaza no es externa, en la mayoría de los casos a las mujeres las matan sus propias parejas o ex parejas, en otros casos, un familiar. Las amenazas no están afuera, muchas veces duermen al lado. A Laura Palmer la mató su padre luego de abusar sexualmente de ella. Otro caso en el que la ficción no se queda corta.

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