miko.
miko.
Aug 24, 2017 · 4 min read

❝¿Cómo puedes quererme?

Me quedé horas y horas observando cada facción en tu rostro.

Me pasé cada minuto haciéndome la misma pregunta.

Mientras tú dormías de forma apacible sobre mi regazo

Y yo simplemente no podía despegar la mirada de ti.

Tus ojos, aunque cerrados, disfrutaban siempre de aquella paz.

Imaginaba el color de tu cabello, despeinado y rebelde cuando hacías alguna estupidez o reías a carcajadas.

Tus labios, dulces, suaves y cálidos. La sensación de felicidad que recorría mi cuerpo nada más pensar que los había llegado a probar.

Tu voz.

La forma en la que pronunciabas mi nombre.

La manera en la que tus manos, temblorosas, se aferraban a mí con fuerza.

Y pensar que yo había logrado hacerte totalmente mío…

Tú simplemente eras un ángel para mí.

Y, ¿cómo puedes quererme?

Sabes que mi mente es un caos de preguntas.

Que cada día hay un nuevo dilema.

Que ni siquiera la lluvia podía limpiar mi memoria.

La torpeza.

Los celos nada más alguien posa la mirada sobre ti.

El miedo, nada más pensar que podrías alejarte de mí.

Sabes bien que no estoy del todo cuerdo.

Que mi alma arde en el infierno.

Y mi cabeza vive por la tuya.

¿Mi corazón? Quién sabe.

Probablemente haya huido de toda esta locura.

Sin creer que alguien como tú,

Pudiera simplemente querer a un demonio como yo.

Y entonces, una vez más, tu voz bloqueó todos los pensamientos en mi mente.

“Te quiero”, nuestras miradas chocaron, cuando yo creía que dormías, los extremos de tus labios se curvaron en una sutil y tímida sonrisa. “Pensabas en eso de nuevo, ¿verdad?”

Tu preocupación para mí era lo más enternecedor.

“A veces… Necesito respuestas”, me atreví a decir tras unos segundos en silencio.

Y observé tu rostro adoptar una expresión de extrañeza.

“¿A qué?”, cuestionaste.

Claro, probablemente, habrás oído de mí miles de dilemas sobre todo aquello.

“¿Cómo puedes quererme?”

Se hizo el silencio durante unos segundos.

Entonces observé de nuevo aquella hermosa sonrisa iluminar tu rostro.

“Porque…” comenzaste a decir, parecías no encontrar las palabras adecuadas. “Porque te quiero”, terminaste al fin.

“Eso realmente…” te interrumpí, sabía que no me comprendías «no es una respuesta».

“El amor no necesita respuestas” te observé con desconcierto, ganándome una simple sonrisa.

Se volvió a hacer el silencio, y de nuevo, simplemente te observé.

Nuestras miradas no se separaban de no ser por la necesidad de parpadear.

Entonces, volviste a hablar.

“El amor es una reacción química entre dos cuerpos sexual y emocionalmente compatibles” dijiste al fin. “Sé que dudas porque… Soy demasiado tímido para decirte todo el tiempo que te amo, por mucho que en realidad desee hacerlo… Es vergonzoso”, observé tus mejillas tomar un tono carmín “Te quiero porque… Eres ese elemento que hace reaccionar algo dentro de mí cada vez que posas tu mirada en mi alma, cada vez que tus besos me hacen eterno, cada vez que mis lágrimas sean como la elasticidad de la vida justo en el momento en el que se rompe. Te quiero, y me duele que te plantees por qué…”

“Lo siento”, acaricié tu cabello con gentileza, en ocasiones temía romperte con mi tacto. “Ya sabes cómo soy”.

Te levantaste y te sentase enfrente de mí. Cogiste mi mano con fuerza, y realmente no sabrás la sensación que me provocó aquel simple gesto. Cómo tu simple tez se sentía como el fuego.

“Quiero que dejes de pensar” sonreíste, “quiero que me quieras como yo te quiero”.

“¿Qué quieres decir?”

Me dedicaste una mirada digna del que tiene el mayor misterio.

“Quiéreme sin saber el por qué” lentamente, tu rostro se acercó al mío, “como quien cree en la magia” soltaste una leve carcajada, tus labios se rozaron de forma casi eléctrica con los míos “Cuando no hay respuestas ni preguntas, no hay límites”.

Tus palabras me parecieron tan sabias.

Tus labios tan dulces.

Y tus manos, ahora aferradas a las mías, eran mágicas.

Era suficiente todo eso para que cada complejo se marchara.

Tú eras suficiente para transformarme en quien nunca podría ser.

Yo te quería, mis razones serían infinitas…

En silencio deseé que no encontrases la razón por la que me amabas.

Así sabía que tu amor, al igual que el mío, sería mágico.

No tendría límites.

Aunque, y quizá era uno de mis defectos;

Yo no era de los que pensaban de forma positiva.

Sabía que al día siguiente, cuando fingieras dormir sobre mi regazo.

Cuando volviera a sentir tus labios, y a amar el latido de tu corazón…

Un nuevo dilema me hundiría en preguntas a propósito, para que una mirada tuya me salvase❞.

)