Ahora que cumpliré 20, me he puesto metas y límites. Uno de ellos es cambiar de rumbo, porque voy por el equivocado, los errores no los puedo cambiar pero si puedo mejorar, no he sido una excelente persona, pero si la más feliz.


A pesar de los problemas con las personas que amo, discusiones, tropiezos con personas que no valían la pena, estupideces de la noche y arrepentimientos; todo eso me ha hecho la mujer que soy y me han abierto la mente para analizar en lo que quiero hacer y lo que quiero dejar de hacer.


Sé que he y me he hecho promesas que no puedo cumplir y no porque no puedo, si no porque mi instinto no me lo permite. Pero me he vuelto más fuerte y puedo decidir bien quién quiero ser.


He tenido personas maravillosas en mi vida, y otras que mejor no mencionar.

Maravillas que me han enamorado locamente con solo una mirada, una mirada que tan solo unos segundo me tocan el alma e hipnotizan mi ser.


A pesar del miedo y las dudas de tener compañía en mi vida nunca falta ese sentimiento de querer tener ese alguien con quien compartir tu vida.

No creo mucho en el cliché de tener «una alma gemela» o «mi media naranja» eso dejémoslo para los que creen en fantasías.


Ahora quien me ha tocado el alma es una persona que conocí no hace mucho de un año, esa persona es un ser reservado, maduro, misterioso, alguien que guarda un secreto es sus ojos, que le cuesta expresar lo que en verdad siente y la única manera en que lo hace bien es por medio de un papel y lápiz, cada frase que escribe me abre más el alma, es como verlo a los ojos he imaginar que todo eso me lo dice a mí, aunque no es así.

Esas ventanas del alma que al mirar producen un desorden de sentimientos, una conexión inmensa en mi cuerpo que me hace retorcer. Pero mi ilusión sigue ahí.


Ese amor que anhelo, el cambio de los 20 no lo borrará.

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