Construyendo igualdad en las alturas

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A una altura de 8.000 pies, el clima es frío y mantener un medio de vida es difícil.

El pueblo de Siksa está ubicado en lo alto de la cordillera del Karakórum en Pakistán. A 8.000 pies de altura, el clima es frío y mantener un medio de vida es difícil. Los efectos del cambio climático están exacerbando las dificultades y las desigualdades que enfrentan los habitantes del pueblo.

“Con el tiempo, las cosas se han vuelto más difíciles, especialmente para los segmentos más pobres, incluidos mujeres y niños”, dice Nasreen, un local.

Hay 500 familias en Siksa, la mayoría de ellas agricultoras que producen cultivos y crían ganado, vendiendo sus productos. Los inviernos son duros y los locales cuentan con solo una temporada fértil. Sumado a esto, un sistema de riego poco confiable ha contribuido a aumentar las vulnerabilidades que enfrentan.

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Hay 500 familias en Siksa, la mayoría de las cuales son agricultoras que producen cultivos y crían ganado, vendiendo sus productos.

“Los glaciares han comenzado a derretirse rápidamente debido al cambio climático, lo que significa que siempre hay incertidumbre sobre si tendremos suficiente agua. A veces sí tenemos suficiente, otras no tenemos nada. Las temperaturas están cambiando, ahora tenemos días de verano inusualmente calurosos y noches de invierno extraordinariamente frías”, dice Nasreen.

La agricultura depende de las variaciones en el agua de deshielo proveniente de las montañas, y los patrones de flujo de agua tienen un impacto directo en la cantidad de alimentos que los aldeanos pueden producir. El agua dulce más cercana está alejada, por lo que construir canales de agua para llevarla hasta el pueblo es demasiado costoso.

“La comunidad posee vastas extensiones de tierras, pero no nos servían ya que no teníamos suficiente agua para utilizarlas de manera productiva”, dice Hassan Khan, el jefe de la aldea. “El clima ha cambiado en los últimos años. No estamos obteniendo la cantidad de agua de deshielo suficiente para regar ni siquiera los campos pequeños que apenas producen lo suficiente para alimentar a una familia. La cuestión de cultivar tierras áridas parecía un sueño imposible”.

La escasez de agua afecta profundamente la vida de las mujeres. El agua para beber, lavar e incluso para el riego, se recogía a pie por ellas. Todas las mañanas se levantaban temprano y salían de su casa para ir a buscar agua. Cada tarde y noche esperaban su turno para irrigar los campos, racionando el magro suministro de agua.

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La escasez de agua afecta profundamente la vida de las mujeres.

“Al final del día estaba agotada”, dice Amina Bibi, una residente local. “Simplemente no podía seguir afrontando una rutina que no permitía ningún descanso o respiro”.

Más allá de la fatiga y el tiempo perdido, había algo aún más importante: el agua impedía a las mujeres participar en la vida cultural del pueblo.

“Nuestras vidas giran en torno al agua”, dice Amina. “No podemos ser parte de ningún evento, ya sea luto o celebración. Los hombres celebran los rituales y las tradiciones culturales, mientras que nosotras pasamos nuestro tiempo recogiendo agua”.

Al igual que muchas de sus vecinas, Amina Bibi sacó a sus dos hijas de la escuela para ayudar a buscar agua y turnarse para irrigar los campos por la noche.

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Debido a todo el tiempo dedicado a buscar agua con sus madres, muchas niñas abandonan la escuela.

Las niñas eran particularmente propensas a abandonar la escuela. Al igual que las hijas de Amina Bibi, muchas pasaban sus días ayudando a sus madres en su viaje diario de horas para recolectar agua e irrigar las plantaciones.

Sin embargo, a pesar de las dificultades que enfrentan, la aldea de Siksa ha logrado mantener una tasa de alfabetización del 80%. Siempre han otorgado gran importancia a la educación de sus hijos, y las escuelas tienen una tasa de inscripción de casi el 95%. Aun así, no tener agua potable segura y confiable significó que muchos niños se enfermaran con infecciones gastrointestinales y tuvieran que faltar a la escuela.

El PNUD trabajó con Coca Cola y la Organización de Protección de Montañas y Glaciares para mejorar la vida en Siksa.

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Ahora hay suficiente agua para irrigar las plantaciones y para llenar un tanque que puede llevar agua a tierras antes no cultivadas.

Ahora hay suficiente agua para irrigar las plantaciones y llenar un tanque que puede llevar agua a tierras antes no cultivadas. Hoy cada hogar tiene un área más grande de tierra cultivable y, después de satisfacer sus propias necesidades, puede vender productos en el mercado. Las mujeres y niñas no tienen que caminar millas para recolectar agua, y los niños pueden regresar a la escuela con el agua fresca y limpia que se les proporciona en la puerta de su casa.

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Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo

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