En busca del “fantasma del bosque”

ONU Desarrollo
May 23 · 5 min read
El canguro del árbol de Matschie es conocido por los lugareños como el “fantasma del bosque” porque es muy difícil de encontrar. © PNUD Papua Nueva Guinea/Jonathan Byers de TKCP

Los canguros de árbol solo viven en la pluviselva de Australia, Papúa Occidental y Papúa Nueva Guinea. Estas especies marsupiales, que parecen una mezcla entre canguro y lémur, se han adaptado a vivir en los árboles a los que pueden escalar gracias a sus cortas patas traseras y a sus fuertes extremidades anteriores. A pesar de su peso que puede alcanzar hasta los 16 kg, estos animales son huidizos y, muchas veces, invisibles, pues suben con gran rapidez a las copas de los árboles que suelen estar cubiertas de nubes.

Sin embargo, en Papúa Nueva Guinea no han podido huir de la caza furtiva que los ha llevado al borde de la extinción.

Los canguros de árbol solo se encuentran en los bosques tropicales de Australia, Papua Occidental y Papua Nueva Guinea. Con un peso de hasta 16 kg, son esquivos y, a menudo, invisibles, se mueven rápidamente en lo alto del follaje del bosque, que a menudo está cubierto por nubes. © PNUD Papua Nueva Guinea

Danny James dice que “pensaba que todo estaba en orden. Exploté mis recursos naturales al igual que padre y mi abuelo. No presté mucha atención a lo que quedó en el bosque”.

Los canguros de árbol son una especie emblemática; se trata de un animal destacado y carismático, que a menudo actúa como embajador frente al resto con los que comparte hábitat.

Muchas de las 14 especies de canguro de árbol viven en Papua Nueva Guinea, en algunas de las últimas pluviselvas en estado natural del mundo.

En Papua Nueva Guinea existen casi 1.000 grupos tribales que hablan más de 850 lenguas. Se estima además que ahí se halla entre el 5 y el 10% de la flora y fauna del mundo.

Papua Nueva Guinea tiene cerca de 1000 grupos tribales que hablan más de 850 idiomas. Fotos: 1.) © PNUD Papua Nueva Guinea/Chris Banks 2.) © PNUD Papua Nueva Guinea/David Gillison

Más del 90% de la tierra está controlada por propietarios tradicionales.

La región de Yopno-Uruwa-Som, en la península accidentada de Huon, está conformada por 50 aldeas remotas, donde viven 15.000 personas que en conjunto poseen 1.600 km2.

Estas personas han logrado subsistir pero, en décadas recientes, ha habido escasez de recursos importantes.

“Nuestros cazadores tenían que recorrer largas distancias para encontrar animales en el bosque. A veces, teníamos que cazar en áreas de otros clanes sin su permiso porque no podíamos encontrar suficiente comida para nuestras familias en nuestras tierras”, dice Matthew Tombe.

La región de Yopno-Uruwa-Som, en la península accidentada de Huon, está conformada por 50 aldeas remotas, donde viven 15.000 personas que en conjunto poseen 1.600km2. Estas personas han logrado subsistir pero, en décadas recientes, ha habido escasez de recursos importantes. © PNUD Papua Nueva Guinea / David Gillison

En 1996 los propietarios se reunieron con la Dra. Lisa Dabek, bióloga de conservación que estudia el canguro de árbol de Matschie, conocido por los locales como “el fantasma del bosque” porque es muy difícil verlo. Decidieron colaborar juntos y así nació el Programa de Conservación de Canguros de Árbol.

Tenían el objetivo ambicioso de conseguir el compromiso de donación de tierras por parte de los clanes y crear la primera reserva natural reconocida a nivel nacional.

La Zona de Conservación de Yopno-Uruwa-Som se creó en 2009 con más de 78.000 hectáreas de tierra.

Ahora los bosques y ecosistemas son prósperos, y el “fantasma del bosque” y otras especies clave están proliferando.

“Percibo un gran cambio. Veo animales cerca de las aldeas, los jardines e incluso en las fronteras entre aldeas. Cada vez más aldeas del área Yopno-Uruwa-Som están ofreciendo sus tierras destinadas a la conservación para contribuir y beneficiarse”, dice Matthew Tombe, aldea Isan.

La Zona de Conservación de Yopno-Uruwa-Som se creó en 2009 con más de 78.000 hectáreas de tierra. © PNUD Papua Nueva Guinea/Ryan Hawk WPZ

En el decenio siguiente, el Programa y la Zona de Conservación de Yopno-Uruwa-Som se han convertido en un modelo nacional de conservación en el marco del régimen consuetudinario de tenencia de la tierra de Papúa Nueva Guinea.

Con la financiación del Programa de Pequeñas Donaciones (PPD) del Fondo para el Medio Ambiente Mundial (FMAM) y con el apoyo del PNUD, el Programa está aprovechando este logro con la siguiente generación. Los beneficios se han extendido. Los medios de vida han mejorado (cada mes, los equipos locales de la Zona de Conservación vigilan las áreas protegidas) y hay nuevas oportunidades para la educación y la salud.

Gibson Gala, Coordinador de Educación y Liderazgo del Programa, dice que “puedo ver cómo los jóvenes de Yopno-Uruwa-Som empiezan a ser conscientes de su papel en la comunidad como futuros líderes”.

Izquierda: Matthew Tombe de la aldea Isan está viendo los beneficios de los esfuerzos de conservación en la aldea Isan. © PNUD Papua Nueva Guinea; Derecha: Junior Rangers del Programa de Conservación del Canguro de Árbol Junior Rangers. © PNUD Papua Nueva Guinea / Steve Winderlich

Alianza para la Conservación del Tenkile

En las laderas del sur de las Montañas Torricelli, en la provincia de Sandaun, se creó la Asociación para la Conservación del Tenkile con el fin de salvar al canguro de árbol de Tenkile, en gran peligro de extinción. En 2001 ya estaba al borde de desaparecer, con una población estimada de tan solo 100 ejemplares.

Tres años más tarde se descubrió al canguro de árbol de Wimang, que se creía extinto desde hacía años. Las dos especies están protegidas (aunque aún siguen en peligro) gracias a que los cazadores se han vuelto conservacionistas y a que muchas aldeas se afiliaron para establecer la Zona de Conservación de la Montaña Torricelli.

Tres años después de la formación de la Alianza para la Conservación de Tenkile (TCA), se encontró con vida el canguro del árbol Weimang, que se creía extinto durante mucho tiempo. © PNUD Papua Nueva Guinea / TCA

El personal de la Asociación mapea con unidades de GPS los alrededores de la zona de conservación propuesta. Las 50 aldeas tienen mapas de sus tierras con las zonas de paso prohibido o áreas de gestión especial delimitadas, así como lugares para cultivos comerciales, jardines y aldeas. Las imágenes obtenidas por satélite ayudan a especificar y expandir las áreas protegidas para cumplir las necesidades de los ecosistemas y las comunidades.

Actualmente, los Tenkile se encuentran en zonas donde antes no se veían. Para deleite de los habitantes locales, este año, por primera vez en siete décadas, se han avistado dos cerca de asentamientos humanos. Los líderes locales lo ven como una muy buena señal.

Jim Thomas, Director General de la Asociación, dice que “es increíble lo que está ocurriendo. Es estupendo y ha suscitado un gran cambio en la actitud de todas nuestras partes interesadas. En verdad creen en la conversación”.

Después del establecimiento del Área de Conservación Yopno-Uruwa-Som en 2009 con más de 78.000 hectáreas de tierra, el canguro de árbol de Matschie, conocido por los lugareños como el “fantasma del bosque” porque es muy difícil de encontrar, ahora está prosperando. © PNUD Papua Nueva Guinea / Doug Bonham

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Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo

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