Las huertas colgantes de Colombia

Para aislar a comunidades vulnerables de inundaciones y restaurar sus humedales, Colombia promueve el uso de materiales reciclados, huertas colgantes y agricultura resiliente al cambio climático.

Doña Zoila Rosa Guerra atiende su jardín en la Comunidad de Cuenca en San Marcos.

Tengo guayaba, limón, naranjo, mandarina, coco, maracuyá, ají, berenjena, yuca, ñame y arroz,” dice doña Zoila Guerra, de pelo recio, cano y piel ajada por el sol. “Todos los años por diciembre vendo la yuca, que ahora está delgadita, pero en Navidad ya está buena”. Habla con orgullo, mientras revisa el cilantro que tiene plantado en la parte trasera de su vivienda ubicada en la comunidad de Cuenca en San Marcos, Sucre.

En 2010, Colombia sufrió grandes inundaciones que destruyeron cosechas. El mercurio en las aguas, procedente de la minería ilegal, envenenó peces y acabó con los árboles y manglares, lo cual dificultó que las familias pudieran llevar alimentos saludables a su mesa.

Desde entonces, pequeños agricultores como Zoila recurren a tecnologías inteligentes para llevar alimentos seguros y nutritivos a la mesa. Están diseñando el tipo de soluciones no convencionales necesarias para adaptarse a un clima cambiante que está poniendo en riesgo a millones de personas alrededor del planeta.

Las inundaciones periódicas, las largas sequías y el aumento de las temperaturas están perturbando las prácticas agrícolas tradicionales en Colombia.

El concepto es simple. Si se producen inundaciones, la recomendación es mover el jardín a un lugar más seguro. Y a largo plazo, trabajar con cultivos resilientes al clima que sean resistentes a altos niveles de mercurio y prosperen en condiciones de inundación; proteger el ambiente avanzando hacia una producción agrícola sin pesticidas, y educar a la familia y a los vecinos sobre nuevas prácticas agrícolas.

Para cumplir con los compromisos del Acuerdo de París alrededor de las contribuciones determinadas a nivel nacional y alcanzar las metas de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible, el Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible de Colombia está trabajando con el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo -PNUD- para la “Reducción de riesgos y vulnerabilidad al cambio climático en la región de La Depresión Momposina”.

El proyecto busca proteger a las comunidades y ecosistemas de las inundaciones y sequías asociadas con el cambio climático y la variabilidad climática, y ha dado grandes pasos para promover el uso de semillas nativas, tecnologías para el reciclaje y otras acciones para proteger el ecosistema.

El proyecto promueve el uso de semillas nativas, tecnologías de reciclaje y otras protecciones del ecosistema.

Huertas colgantes

En medio de inundaciones regulares, largas temporadas secas y temperaturas crecientes que alteran las prácticas agrícolas tradicionales, una idea simple pero innovadora es crear huertas móviles. Hierbas y semillas se plantan en tazas, macetas o botellas de plástico. Los troncos de los árboles (llamados riatas) también son útiles para plantar las hortalizas más pequeñas. “Si llega la inundación, trasladamos los chocoritos (macetas pequeñas) a otra parte, reutilizando las botellas de plástico”, explicó Mari Cruz Ribera, una de las 115 promotoras rurales capacitadas en el uso de las técnicas.

A la fecha, el proyecto ha permitido la creación de más de 1,900 de estos sistemas. Los habitantes de la zona miden los niveles de agua en los humedales y pantanos cercanos. Cuando las aguas comienzan a subir, saben que es hora de elevar sus huertas. Cuando el agua comienza a disminuir, la filtran y la almacenan en tanques para el riego.

“También elevamos la zona cultivable para que no se inunde,“ explica Ribera. “O hacemos huertas circulares cavando canalizaciones en forma de anillos. La parte cultivable queda en el centro, elevada y protegida del agua. De esta manera, la tierra conserva la humedad en la época seca”.

Para evitar una mayor contaminación del suelo, los productores usan insecticidas naturales, eliminando la necesidad de productos químicos nocivos.

Dejando atrás el uso de pesticidas

La estrategia desarrollada con las comunidades locales en los municipios de Ayapel, San Marcos y San Benito Abad en esta región de humedales también introdujo otras prácticas agroecológicas resilientes al cambio climático.

Ribera destacó el cultivo de arroz de su vecina, el cual hace parte de las 800 hectáreas plantadas a través del proyecto. “Arroz de semilla criolla es la única que filtra el mercurio dejándolo en la cáscara del grano”, afirma.

Para evitar una mayor contaminación del suelo, Ribera y sus vecinos usan insecticidas naturales como el árbol de Gliricidia, ajo y ceniza, eliminando la necesidad de productos químicos nocivos.

Esto no es alta tecnología. Es más bien un uso ingenioso de materiales simples y de ideas fáciles de implementar. Todo está hecho a mano, incluyendo los sistemas de riego, los cuales se crean a través de un sistema de goteo lento en una tapa de botella para mantener las raíces de los árboles húmedas durante la estación seca.

Las hierbas y las semillas se plantan en tazas, macetas o botellas de plástico. Los troncos de los árboles también son útiles para plantar vegetales más pequeños.

“A pesar de que las familias tenían espacio disponible para plantar alrededor de sus casas, solían comprar los vegetales en la tienda,” dice Ribera. “En el pasado, sembrábamos maticas, pero no crecían bien y se morían por la contaminación o porque no sabíamos cómo cuidarlas adecuadamente. Hoy, sabemos cómo plantar jardines, evitar las inundaciones y aprovechar nuestra tierra para cultivar las verduras nosotros mismos “.

El Gobierno de Colombia está trabajando con el PNUD para ampliar las innovaciones propias de los humedales de la Depresión Momposina a través de un nuevo proyecto de 117 millones de dólares destinados a la gestión del agua en comunidades vulnerables de La Mojana. Este proyecto pone la gestión sostenible de los ecosistemas al centro de la reducción del riesgo de desastres, promoviendo cuencas hidrográficas más saludables, protegiendo a las comunidades de las inundaciones y apoyando a las poblaciones rurales en situación de pobreza a superar la escasez de agua durante las estaciones secas prolongadas.

Con el aumento de tecnologías ecológicamente racionales, la agricultura climáticamente inteligente y el diseño centrado en las personas, se está produciendo un cambio de paradigma. Trabajando de manera conjunta gobiernos, comunidades y otros socios, están desarrollando soluciones de alta y baja tecnología para abordar los riesgos latentes que conlleva el cambio climático, el clima severo y otros peligros.