Las mujeres pigmeas de RD Congo — defensoras de los bosques

Mujeres pigmeas de Momboyo, en la zona occidental de la República Democrática del Congo (RDC)
“El bosque se agota, la caza escasea, los peces desaparecen de los estanques y nuestros hijos están desnutridos”, afirman las mujeres aborígenes de Momboyo de la provincia del Ecuador, en la zona occidental de la RDC.

A diferencia de los bantúes, en su mayoría asentados en aldeas, los pigmeos viven de la caza y la recolección en el bosque. Sin embargo, con la expansión de la agricultura de quema y la tala incontrolada del bosque por parte de los aldeanos, la Madre Tierra se está deteriorando a un ritmo alarmante. Todo esto mientras se mantiene un contexto de discriminación y marginación a los pueblos indígenas.

Régine Mboyo, coordinadora provincial de la ONG Solidarité pour la promotion de la femme autochthone (SPFA).

Régine Mboyo, pigmea de origen, es la coordinadora provincial de la ONG Solidarité pour la promotion de la femme autochthone (SPFA) (Solidaridad para la promoción de la mujer aborigen) y comparte sus preocupaciones:

“He sido discriminada en la escuela, mis compañeras se negaban a sentarse a mi lado (…) no podía comer del mismo plato que ellas. En los pueblos, los pigmeos trabajan para las poblaciones bantúes, sin que se les reconozca el acceso a la tierra o los servicios básicos, como la educación y la salud.”

Participación comunitaria

Con el financiamiento del Programa REDD+ y el soporte del PNUD, la SPFA ha puesto en marcha iniciativas comunitarias de regeneración del bosque y sensibilización de las poblaciones sobre los perjuicios que entrañan algunos de los métodos tradicionales utilizados en la agricultura, la caza y la pesca.

La pesca con veneno consiste en el uso de plantas venenosas para los peces, lo que garantiza una captura fácil pero mata a los alevines y agota los estanques naturales.

La SPFA promovió la articulación de los pueblos indígenas de la región Momboyo, más de 2.000 personas, a fin de proteger las 2.000 hectáreas de bosque de las que la mayor parte de ellas extraen sus recursos.

“Cambiar las mentalidades es un proceso largo y lento, pero hay que empezar por alguna parte,” explica Régine. “Es por ello que animamos a las mujeres para también involucren a los hombres.”

Las mujeres, centinelas

Las mujeres indígenas aportan conocimientos esenciales sobre la elección de los estanques que se deben preservar y las especies de peces que hay que volver a introducir. Ella son guardianes del bosque, denuncian la tala ilegal de árboles y desalientan las prácticas de pesca y caza perjudiciales para el medio ambiente.

“El proyecto ya ha permitido establecer límites y hacer un balance de la selva, sensibilizando a las poblaciones de las aldeas para que sólo tomen lo que necesitan para vivir”, señala Jean Marie Likongo, oficial de programa.

Tierras intactas

El proyecto fomenta la agroforestería para mitigar la deforestación y el agotamiento de los recursos naturales de los que dependen los indígenas.

Con la participación de las comunidades pigmeas, el bosque es dividido en dos partes. La mayor se deja intacta durante dos años, en esta parte no se practica ni la caza, ni la pesca en los estanques naturales, ni se talan árboles, ni hay campos cultivados.

Para remarcar la distinción entre la parte abierta a la explotación y la parte protegida, los aborígenes abren una zanja de casi cinco metros de ancho en la que plantan árboles de orugas y plantas medicinales.

Cada miembro de la comunidad tiene el deber de proteger esta área y denunciar los casos de intrusión y las actividades prohibidas. Pasados tres años, se evaluará la situación con ayuda de expertos en medio ambiente.

Para Régine se trata también de un primer paso hacia el empoderamiento de las mujeres de los pueblos indígenas:

“Tenemos la oportunidad de combatir y reducir de manera significativa los estereotipos sobre nuestra comunidad. Nosotros somos congoleños, tanto como los demás, y tenemos que disfrutar plenamente de los derechos que garantiza la Constitución de nuestro país. En Kivu del Sur, una mujer indígena es Ministra provincial, y nadie lo ve con sorpresa,” dice con una sonrisa.

Texto y fotos: Marc Ngwanza / PNUD en la República Democrática del Congo