El legado de una visión a largo plazo: el desarrollo sostenible se instala en Río Hurtado

Allan Ramírez explica cómo, 15 años después de implementar un proyecto con el apoyo del PNUD, su comuna ha consolidado a la sostenibilidad como uno de sus ejes

La pequeña minería, que empleaba leña para la fundición de los minerales, la tala indiscriminada del bosque nativo para obtener carbón y la presión que el ganado caprino ha ejercido sobre el territorio hacen del Norte Chico chileno un área muy expuesta a la desertificación. Ello implica una baja en la productividad de los suelos, perjudicando directamente la calidad de vida de las familias campesinas. El aislamiento de Pichasca, Caracoles, Fundina, San Pedro y El Chacay, en la comuna de Río Hurtado (a unos 450 km al norte de Santiago), reforzaba el círculo vicioso entre desertificación y pobreza, lo cual provocaba que muchas personas se planteasen abandonar sus hogares en búsqueda de oportunidades.

Ante tal escenario, la Junta de Vecinos de Pichasca decidió liderar el proyecto Organizaciones de base contra la desertificación comunal, en alianza con el Programa Conjunto PNUD-Unión Europea para combatir la desertificación. Entre 2001 y 2003, la iniciativa hizo posible articular una red asociativa local que permitió a las propias comunidades agrícolas y juntas de vecinos implicarse en la búsqueda de soluciones al fenómeno de la desertificación y a sus graves consecuencias sociales, ya fuese mediante la reforestación con especies nativas de 7 hectáreas de terreno o mediante la adopción de prácticas energéticas más sostenibles. La experiencia, que contó con el acompañamiento y el asesoramiento técnico del PNUD, sirvió para aumentar la concientización ciudadana de la comuna en torno a sus retos socioambientales, así como para fortalecer la vida asociativa local de un modo significativo: al término del proyecto, se estableció una Mesa Civil Local contra la Desertificación y la Pobreza, reuniendo de modo periódico a representantes de las asociaciones comunales relevantes, organizaciones gubernamentales y a la Municipalidad. Ello constituyó el primer paso de la comuna hacia la democratización de la toma de decisiones en torno al desarrollo sustentable, además de significar un hecho inédito para Río Hurtado.

Allan Ramírez es actualmente jefe del Departamento de Educación de la Municipalidad de Río Hurtado. Imagen: Allan Ramírez.

Allan Ramírez, habitante de Río Hurtado e integrante de las comunidades ejecutoras, coordinó el proyecto hace ya 15 años, y considera que la articulación ciudadana que el proyecto apoyado por el PNUD y la Unión Europea logró activar fueron claves para que en el medio y largo plazo se haya ampliado el espacio de participación ciudadana en Río Hurtado y trasladado a las personas al centro de la gobernanza medioambiental local. Sobre la experiencia llevada a cabo y la vigencia de su legado hoy, expresa lo siguiente:

Con el proyecto, al querer abordar la problemática, nos dimos cuenta de que realmente se trataba de algo demasiado grande. Por ello, en los últimos años hemos dado un giro en el plano conceptual: dentro de la comuna, hemos pasado de centrarnos en luchar en contra de la desertificación a enfocar nuestros esfuerzos hacia un desarrollo comunal sustentable, llevando a cabo medidas de mitigación del cambio climático, de adaptación a él y de fortalecimiento de la resiliencia, entendida como la capacidad de hacer frente con garantías ante un empeoramiento de la situación.

Según Allan, la red asociativa comunitaria que instaló el proyecto también ha ido evolucionando de la mano del cambio de enfoque que la comuna aplica a la gestión de los problemas socioambientales:

La Mesa Civil Local que instalamos con el proyecto evolucionó, y hace unos cinco años creamos el Comité Ambiental Comunal para el Desarrollo Sustentable. Esto le añadió al foro comunitario que teníamos anteriormente un componente ejecutivo, que nos permite, además, poder implementar proyectos, algo que el foro por sí solo no podía hacer. Además, toda la línea de trabajo que iniciamos con el proyecto nos hizo ver que necesitábamos una contraparte dentro del municipio para dar respuesta a los problemas que afectan a los vecinos: en 2010 se creó la Oficina Ambiental de Río Hurtado, lo que nos ha permitido institucionalizar la gestión de los problemas ambientales.

Las condiciones climáticas siguen agravándose en Río Hurtado en un escenario de cambio climático cada vez más evidente y tangible. Pero la red asociativa y los espacios de participación ciudadana que el proyecto contribuyó a consolidar han hecho que las y los habitantes de la comuna aumenten su resiliencia ante los efectos de los cambios climáticos. Allan Ramírez deja constancia de ello:

Pese a que la situación actual es bastante más compleja que hace diez años en lo que se refiere a la desertificación, la población de las comunidades que participaron en el proyecto se ha mantenido. Hasta marzo del pasado año la situación fue gravísima ─no caía ni una gota de agua ─, pero ahora los campesinos han reconvertido y diversificado sus actividades productivas, y pueden adaptarse; tienen un plan B, un plan C.
Vista de Fundina desde Ovalle. Imagen de Happynerd bajo licencia de Wikimedia Commons.

Por Sergio García Rodríguez, PNUD Chile