Cumpleaños, Kafka y carcasonne

Hace poco fue mi cumple. Siempre se sienten raros, pero este fue agradable. Gracias a ustedes, que estuvieron ahí. Pero aún cuando fue más simple que otros, que anteriores, sentí el inevitable paso del tiempo y, peor aún, del destino inevitable. El fin de este texto tiene que ver un poco con esa sensación, algunos precedentes literarios y cómo se ha modificado en el tiempo.

En los textos viejitos, de los griegos o los cosmogónicos del mundo, o también en los relatos heroicos, la profecía es una revelación del destino inevitable. A veces los dioses hablan a través de los oráculos, o a veces lo dicen ellos mismos, pero (casi) siempre se cumple lo que ellos dictan. Lo interesante y chistoso es que esa misma revelación forma el destino: mientras se intenta escapar del mismo, se va cumpliendo la profecía.

Ahora, no tengo idea cómo funciona la tradición (ah, y también lo vemos en cuestiones no tan viejitas, como Macbeth, con las tres viejas sapas del principio), pero es muy como mencioné antes. El único ejemplo de escape del destino (que he entendido) es Ulises, al escapar de la condena de los dioses y llegar igual a Ítaca (aún así, me falta leer más y mejor la Odisea).

Entonces, recapitulemos: en los cuentos viejitos, hay un destino inevitable, que a veces se la peleamos, pero siempre nos gana. He sentido ese género de relato, por decirlo así, también en Kafka y en relatos post-Kafka: Hay un algo, del que no podemos escapar, que a veces nos muestra que quizá podremos hacerlo, pero solo para volver al principio. Eso sí, en Kafka, es como “puta la weá”, es como estar en una fila del súper, cambiarse a la del lado porque hay menos gente, solo para ver que no avanza y volver a la otra. Esto, por toda la eternidad. 
¿alguien le gana al destino, al sistema, al tedio en estos relatos? que yo sepa no, pero hay algunos pre-kafkeanos que sí tienen algunas libertades, como Wakefield de Hawthorne, y acá se pone interesante: ¿podemos liberarnos del destino, es decir, cambiar nuestro futuro, pero también nuestro pasado? creo que Kafka lo hizo. Borges lo explica muy muy muy (¡muy!) bien en “Kafka y sus precursores”, donde parte buscando los precursores en cuestiones re viejas, como la paradoja de Zenón, para terminar en la modificación de los escritores posteriores. La gran gracia, para Borges, es que Kafka modifica la forma en que leemos, y leemos a los escritores previos a él de forma distinta: encontramos ejemplos kafkeanos en un montón de escritores y relatos viejos como la paradoja misma, o en escritores como Dunsany o el mismo Hawtorne. Incluso, se modifican símbolos, como el laberinto (que chistosamente ahora es borgeano también). De los ejemplos que nombra Borges, hay unos pulentos, como Carcasonne, de Dunsany: en ese cuento, unos weones entero felices que, luego de una gran victoria, llegan a celebrar en su gran salón (imagínenselos como llegando victoriosos de una guerra). Hay una vieja cochina que ve el futuro, y le piden que les vea el futuro porque qué más va a hacer la vieja ahí. Les dice que lograrán todo en esta vida, menos llegar a Carcasonne. Los weones quedan pal hoyo y le preguntan por eso: Carcasonne es una ciudad que desaparece y aparece, y solo algunos la pueden llegar a visitar. Este pensamiento los perturba y, como ganadores que son, van a buscar la ciudad. Vagan durante toda la vida y algunos van desertando hasta quedar unos pocos. Casi al final de sus vidas, ya viejos y con enfermedades a las rodillas, divisan un valle: todo indica que Carcasonne está al otro lado. Los weones llegan apenas, pero habían puras weás al otro lado. Después mueren (supongo).*

Ejemplos como estos abundan tanto en la literatura como en la vida, pero a lo que voy es que Kafka modificó el pasado no para él, pero para nosotros. A veces también modificamos nuestros propios pasados, dándonos cuenta de algo (por ejemplo, recordar una discusión entre A y B. Antes, se entendía que A tenía la razón. Con los años, recordamos los hechos y ahora entendemos que B tenía razón: la situación muta y nuestra visión de ese recuerdo también), lo cual encuentro muy parecido a lo que hace Kafka. Piglia dijo por ahí que los buenos escritores son los que modifican la forma en que leemos, y concuerdo. Fuera de la literatura, creo que también podemos modificarnos según cómo leamos nuestra memoria.

Para mi, se ha modificado. Antes mis cumpleaños eran pura paja y los odiaba, me amurraba todo el día etc. Ahora, por primera vez, fue feliz y todo porque, en mi memoria, se modificó un solo hecho, que es a la vez todos los hechos que fueron y serán. Qué bacán que se siente. Ojalá no vuelva patrás algún día, pero no creo.

Eso, de nuevo gracias.

*Ejemplo parecido es Moisés, quien ve la tierra prometida pero no llega.

** Dos de mis favoritos: El sueño infinito de Pao Yu, que es previo (a cagar) y Donde su fuego nunca se apaga, de May Sinclair, contemporánea de Kafka pero no sé si lo leyó (siempre webeo con este cuento pero es que de verdad lo quiero mucho).

Show your support

Clapping shows how much you appreciated Poemas Tujas’s story.