Ruidomar Zazaichescu. Cap. III

Saqué de mi bolsillo la pequeña memoria USB y la dejé sobre el escritorio. Miró con satisfacción y dibujó una sonrisa en el rostro ante el trabajo terminado. Le retiré el pelo morocho y largo del hombro izquierdo y me sostuvo la mirada. Me acerqué hasta su boca y sentí rozar los pelos de mi barba con sus labios entreabiertos con la sutileza con la que una pluma cae sobre el césped. Se separó y puso distancia con una mirada de reproche complaciente, aquel reproche de quien sabe que en este mundo mutilado hay pocas cosas por las que dar pelea. Y esta era mi pelea aunque siempre la gane ella.

-No insistas, eso es parte del pasado.

-Yo vivo en el pasado. Es un refugio donde encuentro placer.

-El placer es una trampa.

-Soy un tramposo.

-Por eso confío en vos.

-Hacés bien.

Sonrió y contuvo una pequeña risa. Avisó: -Te tengo un trabajo.

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