Ruidomar Zazaichescu. Cap. VII

Dentro del edificio gris y amplio funcionaba el mercado que controlaban mis amigas Mili y Yeny. Claramente a este lugar no había llegado la moda de ponerle nombre de estrellas a las personas y aún perduraban formas mas tradicionales.

Yeny era un poco mayor y tenía una cara un poco arrugada y esquelética que hacía destacar unos grandes y atractivos ojos azules. En contraposición tenía un cuerpo juvenil en el que resaltaban unas piernas largas rematadas en caderas voluptuosas. Su afición a la historia y la literatura le llevaba a coleccionar libros que a veces me encargaba conseguir.

Mili era más bien baja y de rasgos nórdicos, quizás más atractiva pero mucho más reservada que su socia, aunque siempre cálida en su trato cuando te enfrentaba con sus ojos algo rasgados de color miel. A Mili le gustaba la matemática y no tenía la profundidad intelectual de Yeny, pero era exquisita al lograr una conversación compartiendo el mate. A ella también le conseguía libros, pero siempre sospeché que eran excusas para motivar conversaciones.

Yeny era mordaz y verborrágica, siempre parecía estar queriendo convencerte de algo. Mili era sensible y calculadora, siempre parecía estar midiendo el próximo paso mientras te miraba fijo.

Me detengo a detallar sus características porque es necesario dejar en claro que las conocía bien, lo cual podía llegar a entrañar algún peligro en estas circunstancias, porque seguramente ellas me conocían mejor.

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