Confusiones sobre la Biblia y el amor homo-erótico

[El siguiente artículo fue escrito por el reverendo Martin Díaz en colaboración con la reverenda Daniela Kreher]

El doctor Renato Lings de la Universidad de Copenhage en Dinamarca, ha escrito sobre cómo las traducciones de los textos bíblicos tienen que ver con la represión del amor homoerótico. El académico se pregunta si ¿es posible acceder por las páginas de la Biblia al tema de la homosexualidad? se pregunta si la Biblia realmente habla del amor homoerótico. La gente en general dice que la Biblia es “clara y contundente con respecto a la homosexualidad”; y también dice que la Biblia “condena tajantemente las relaciones homosexuales”.


Veamos qué dice esta perspectiva: plantea primero que es necesario tener en claro qué significan realmente estas palabras. Por un lado el concepto Biblia que proviene del griego significa libros y después en latín se adaptó en se adoptó en singular por ejemplo Biblia Sacra el libro sagrado. ¿Son incompatibles estos dos conceptos? Hay muchas traducciones de diferentes épocas y de diferentes tradiciones en cuanto a las traducciones de los textos; por otro lado.

En cuanto al concepto de homosexualidad, es importante saber que fue Karl-María Benkert, en 1869, quien acuñó el término “homo-sexual” uniendo dos términos uno del griego “homo” y “sexual” del latín. O sea, que es una terminología moderna la que usamos como homosexualidad, heterosexualidad, bisexualidad, transexualidad, LGTB, LGTBI, Queer, etc.

Biblia es un concepto de hace 2000 años y homosexualidad se acuñó apenas en el siglo XIX. Por lo tanto se produce una “transferencia ilegítima” e indebida de significado entre dos mundos diferentes: el de hace 2000 años y el del siglo XIX, XX y XXI.

Un ejemplo para ilustrar puede ser el término paiderastía, que en la terminología griega antigua significa “amor de los muchachos”. En cambio, en la terminología moderna la palabra pederastia es definida por la Real Academia como 1.abuso sexual cometido con niños y 2. sodomía. En este caso nos encontramos ante una clarísima incompatibilidad. A pesar de tener la misma etimología paiderastía no equivale a pederastia. Entonces ¿qué pasa con “la Biblia es clara y contundente con respecto a la homosexualidad”?

Lings recomienda la siguiente metodología: En primer lugar evitar traducir conceptos antiguos usando términos modernos, y en segundo lugar, evitar insertar conceptos modernos en textos antiguos.

La Biblia es una colección de escritos redactados cuando el homoerotismo equivalía a pederastía y el concepto de homosexualidad es aplicado a las relaciones íntimas entre dos personas socialmente iguales. La terminología recomendable en lugar de homosexualidad sería homoerotismo o amor homoerótico.

Según la tradición, los textos bíblicos que se suelen usar son:

  • Sodoma y Gomorra, Levítico 18, 22 y capítulo 20 versículo 13
  • Deuteronomio 23, versículo 17 y 18
  • El libro de los Jueces capítulos 19 y 20

Y del Nuevo Testamento:

  • Romanos 1 versículo 26 y 27
  • 1° carta a los Corintios capítulo 6 versículo 9
  • 1° carta a Timoteo capítulo 1 versículo 10.

Si uno/a se fija bien, estos textos tratan de injusticia, opresión al extranjero vulnerable, destrucción, relaciones incestuosas, violaciones, polémicas políticas, extravagancias cúlticas paganas, sexo responsable, comercio y explotación sexual. Los problemas que se plantean entonces son que ninguno de los textos habla del amor y que ninguno de los textos habla del amor homoerótico.

Podemos por eso deducir entonces lógicamente que durante siglos las y los cristianos hemos tratado erróneamente la interpretación de estos textos por un lado y por otro, nos han enseñado en consecuencia a identificar el amor homoerótico con injusticia, destrucción, delincuencia y paganismo. ¿Cómo pudo ocurrir esta equivocación? Debido a la confianza en demasía en dos factores: la interpretación bíblica tradicional y la traducción basada en prejuicios.

Es importante destacar que las versiones más antiguas de la Biblia, La Septuaginta (el Antiguo Testamento traducido del hebreo y del arameo al griego) y la Vulgata (el Antiguo Testamento y el Nuevo Testamento traducidos del hebreo, arameo y griego al latín) son importantisimas para la evolución de la moral sexual cristiana.

Recordemos que los intérpretes cristianos medievales tenían además un horizonte social y espiritual marcado por los ideales de ascetismo, castidad y de celibato. Por ejemplo Agustín de Hipona en los siglos IV y V; Pedro Damián en el siglo XI; Tomás de Aquino en el siglo XIII y Martín Lutero el intérprete renacentista del siglo XVI.

Veamos dos ejemplos en los que hay interpretaciones frecuentes pero equivocadas. Tomemos los textos de Sodoma y Gomorra, y, 1°Corintios 6,9 y 10.

En el primero aparecen dos problemas: “conocer en sentido bíblico” y el término sodomía.

“Conocer” en hebreo no es un eufemismo relativo a la vida sexual. Es incorrecto decir “conocer en el sentido bíblico”. “Conocer” en la Biblia hebrea es un concepto factual, cognitivo y jurídico. Significa tener conocimiento, estar consciente; averiguar, investigar; reconocer, formar alianza, casarse formalmente. En las antiguas comedias griegas “conocer” era usado como eufemismo sexual, así que debería decirse “conocer en el sentido griego”.

Con respecto a la sodomía es un término no bíblico, inventado en el siglo XI por el fraile italiano Pedro Damian. Entonces: “conocer” en el griego clásico, define un eufemismo sexual en contextos humorísticos. Y la sodomía es un vocablo que pertenece a la literatura medieval redactada en latín. Aquí se puede observar claramente la transferencia ilegítima de conocer como eufemismo sexual y sodomía como delito sexual. Los dos términos son llevados erróneamente al relato de Sodoma y Gomorra. Y su presencia adultera y tergiversa el mensaje planteado por el narrador.

Veamos ahora 1° Corintios 6,9–10.

En este texto aparece el término arsenokoitai traducido al español como sodomitas y en otra versión como homosexuales. Sin embargo es una palabra prácticamente desconocida probablemente acuñada por Pablo de Tarso.

Este léxico no aparece en la literatura erótica de la cultura antigua griega no hay un consenso académico en cuanto a su significado y las traducciones literales propuestas son varones-cama, varones que se echan, los que se echan con varones.

En 1 Timoteo capítulo 1 versículo 10 arsenokoitai figura junto a secuestradores de niños y niñas vendidos para fines de prostitución. Hay 2 interpretaciones recientes que refieren a los que fomentan la prostitución ilegal y los que practican el incesto con la mujer de su padre.

Es decir que arsenokoitai no tiene ningún vínculo con el moderno vocablo homosexual, ni con en el término medieval sodomita, ni con la terminología usada en la cultura grecorromana para describir el amor homoerótico. Nuevamente podemos observar transferencias ilegítimas por ejemplo de las palabras sodomitas y homosexuales. Ambos conceptos son insertados erróneamente en las cartas de Pablo y además enturbian y tergiversan el mensaje bíblico.

Los traductores pueden equivocarse debido a diversos factores y por el poder de los diccionarios, que tienen larga vida, son obras de prestigio, son consultados constantemente y retoman muchas voces establecidas hace tiempo por otros autores. Algunos son impermeables a los hallazgos académicos más recientes y perpetúan muchas veces los errores y prejuicios del pasado.

A modo de conclusión se puede decir que los traductores de la Biblia tienen mucho que ver con la represión generalizada del amor homoerótico y que atribuyen al amor homoerótico cualidades repugnantes. Los traductores realizan transferencias ilegítimas de ideas de una cultura a otra.

Es la hetero-normatividad la que asume que cada persona es heterosexual y que crecerá exclusivamente heterosexual. Todas las instituciones, incluyendo las iglesias, son parte del proceso social que asume que todas y todos son, y deben ser, heterosexuales.

Dios está interesado en nuestras relaciones con nosotros mismos, con otros, con las cosas de nuestras vidas y con Él. Una persona homosexual, como cualquier persona, no puede ser juzgado exclusivamente por su conducta sexual. Existen otros componentes que todos juntos definen la personalidad.

No existe nada que indique que Dios está contra una relación amorosa, libremente llevada, sin dominación, entre adultos sinceros ya sean homosexuales, bisexuales, heterosexuales, transexuales, transgéneros o de cualquier otra preferencia u orientación sexual.

La homosexualidad no es pecado mientras que manifieste un vínculo de amor y respeto mutuo. Esto es aplicable tanto a la orientación homosexual como a la heterosexual. Es decir, Dios no ve la homosexualidad como pecaminosa ni a la heterosexualidad.

Pecados son la opresión, la injusticia, la discriminación, la persecución, la falta de respeto hacia las personas y la creación toda. Entonces pecado es: la homofobia, los crímenes de odio como golpizas y homicidios, la discriminación, las legislaciones que atentan contra los derechos de las poblaciones LGBTI, el rechazo a incluir a los a Lesbianas, Gays, Bisexuales, Transexuales, Intersexuales y Queers en las iglesias y/o en comunidades de fe en general.

Forzar a cualquier persona, ya sea por razones de raza, edad, orientación sexual o ideología, a refugiarse en un “ghetto”, eso sí es un pecado.

Tenemos el llamado a incluir en nuestras vidas a personas de todas las clases y condiciones, sin limitarse a ninguno en particular, ya sean creyentes, ateos, agnósticos, cristianos conservadores, liberales, escépticos, homosexuales, heterosexuales, mujeres, hombres, transexuales, esperanzados y desesperanzados, a todas las razas y culturas, sin imponer la necesidad de ser como nosotros. La manera en que nos tratamos unos a otros es más importante que la manera en que expresamos nuestras creencias. Cristo nos lleva a luchar por la justicia y la paz entre la gente, viviendo siempre con amor y esperanza. Dios nos creó para ser su imagen en el mundo. Todo lo que somos, incluyendo nuestros cuerpos, nuestra sexualidad, es un regalo de Dios para nuestra vida.

Jesús hizo saltar los esquemas religiosos de su época, los tabúes, las normas legales y los grupos sociales. Él anunció la venida del reino de Dios, que incluiría a prostitutas, leprosos y a todos los marginados. Repetidamente expuso la falsa superioridad de quienes se sentían dignos, mientras que daba la bienvenida a los que fueron vistos como sin valor. Jesús no solamente predicó al Dios verdadero. También combatió y desenmascaró toda imagen falsa de Dios y de la religiosidad.

En el evangelio Jesús dice: (más allá de iglesias y denominaciones) “Tengo otras ovejas que no son de este redil; es preciso que la guíe también, y oirán mi voz; y habrá un sólo rebaño, y un sólo Pastor” (Ev.Juan 10, 16). Además, Jesús nunca mencionó y mucho menos condenó, la homosexualidad; más bien resaltó la dignidad de las relaciones que honran a Dios y a las personas.

“Ya no importa ser judío o griego, esclavo o libre, hombre o mujer, porque unidos en Cristo Jesús ustedes son uno solo” (Gálatas 3, 28).

Jesús desenmascaró el sometimiento del ser humano en nombre de Dios y mostró al Dios que se acerca en gracia, el Dios que es amor, gratuitamente. Jesús nos muestra un Dios en medio de los seres humanos, en la vida cotidiana.

Es tiempo de ser Luz y Sal en este mundo en crisis, es tiempo de luchar por un lugar donde quepamos todas y todos. La libertad del Evangelio hace posible una moralidad más alta, no legislada por códigos, sino guiada por el testimonio de amor y justicia ejemplificado en Jesucristo.


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