Ella es llanto entre mis piernas,

ahogo y canto, sempiterna boca,

asfixia recurrente,

labios de belladona

cubriendo el campo de carnes rojas.

Ese alarido de la garganta,

supera las expectativas del cielo,

bleu, blanc, rouge de Kieslovski,

y no somos invitados al prêt à porter

quedamos en casa, tu arrodillada.

Jalo del cielo, enredadera de deseos,

bajas, bajas y bajas, nada te detiene,

mientras la sinfonía de labios

explota Schubert, Wagner y sus demonios,

un claro de luna derrapa por tus ojos.

Te quiero inmóvil, sucediéndome,

envolviendo mis caderas, abrazada

a la esperanza de tu boca, muriendo

en cada centímetro a arcadas rosas,

jugando al volver a empezar en déjà vu.