Diario de ciudad (Siempre toma la primer perdida, 2007)

Recuerdo perfecto como llego mi papá y me dijo:
Mira hijo tengo un cuate que me vende su camioneta, creo que esta buena, es una Chevrolet s-10 modelo 1992, pide $20,000 pesos…
A partir de ese día tuve mi primer vehículo motorizado, tenía 19 años, casi todos fueron pedos con esa camioneta pero también grandes alegrías y recuerdos, como por ejemplo irnos a Villa de Arriaga cuatro personas, uno dijo que hueva irme en las piernas de otro wey mejor me voy en la caja y así fue, el problema empezó cuando la tormenta cayo exactamente en las curvas de la carretera San Luis — Villa de Arriaga, apenas pasando escalerillas, cuando por fin tuvimos chance de detenernos ya había acabado la lluvia y él estaba empapado…
Unos de sus defectillos era que la batería se descargaba si no la prendía diario y que el medidor de la gasolina no servía.
El recuerdo más memorable definitivamente se dio cuándo llevaba la caja cargada de perfiles de acero y se me apago en la bajadita exactamente afuera de la entrada de ingeniería en la uni, donde los coches se estacionan tanto del lado de la banqueta como del camellón, aprovechando esto, una vez que la camioneta se apagó por falta de gas, con el vuelito que traía me pude poner atrás del ultimo coche en el camellón.
El chiste es que me baje muy tranquilo y camine al otro lado de la calle a pensar en la situación. Lo que paso es que en ese momento iba un camión urbano pasando y se atoro, trato de echar reversa un metro, luego adelante medio metro, atrás 40 cm, adelante 30 cm, etc… hasta que ya el tráfico estaba definitivamente mal.
El poli que cuida los coches en la calle se acercó y me dijo: Haz paro mí, muévela la troka, yo te vi, tú la dejaste ahí. Este ángel guardián y yo finalmente la tuvimos que empujar hasta el otro lado de la calle para que pasara el camión y todos los coches parados detrás.
Trate de vender mi camioneta un domingo en el famoso tianguis de coches que se pone los domingos en el estacionamiento de la feria, yo quería salir ganón así que buscaba salir de ahí con $21,000 pesos en mi bolsa. El único tipo que se acercó a ofrecer algo me dijo: Te doy 16 ahorita carnal, así como está la camioneta. Y yo dije: no ni madres me costó 20. Se cago de risa y se fue. Los siguientes 3 domingos fueron un verdadero desastre y yo ya necesitaba vender esa camioneta, en este tipo de negocios siempre hay buenos samaritanos, en este caso fue un lotero que compartió sombrilla conmigo en el tianguis, él sabía perfectamente que yo necesitaba vender esa camioneta ya.
Él fue el único que escucho como me ofrecieron 16 y no los quise; también fue el único que me dijo: los hubieras tomado, nadie te volverá a ofrecer eso otra vez.
Entonces siendo el amo y señor de la situación me acabo dando $12,000 pesos y muy agradecido los tomé, años después recordando esta negociación, entendí una de las frases más accionables de los gurus en ventas: always take the first lost.
