Una vuelta de barrio (Diario de Ciudad, abril 2010)

Hoy tengo ganas de escribir lo que oigo en la calle. Específicamente en la parada de camión, afuera de mi casa. Un wey que después de saludarme, me dijo:

…a pa’ la suerte que tengo, me dice todo mundo, hoy salí a caminar, como a eso de medio día. Iba directo al centro de Coyoacán, camine por Universidad en dirección a Viveros, que sin duda se ha convertido en el recorrido semanal que mas disfruto, las calles están empedradas a partir de que doy vuelta en Francisco Sosa, donde invariablemente huele a mierda debido al drenaje superficial que pasa por ahí. Sin embargo esto dura solo unos cuantos segundos en los cuales trato de contener la respiración, mas delante se pasa cerca de algún convento, de donde sin falta, saludo a dos o tres monjas que sonriendo siempre me dan una rápida bendición.

Sigo caminando hasta llegar a la fonoteca nacional, donde curiosamente hoy, encontré una plaquita a lado de la puerta que indicaba que en ese lugar vivió Octavio Paz sus últimos días; bendita la fortuna de algunos cuantos pensé, mientras miraba un balcón de la casa que tiene vista a la calle. Trate de subir a verlo, pero la policía de la entrada me prohibió el acceso diciendo:

No mano, por ahí se sube pa’ arriba y está restringido, ya se cayeron varios, motivos de seguridad”.

Seguí caminado, llegue a la plaza, pase por la fuente de los coyotes, vi como se cayó un niño al agua, un perro me ladro cuando pase a lado de su dueña, me asuste y salí corriendo agitando los brazos y gritando con un susto que pa’ que te cuento…hasta que llegue a la fila de las nieves, me detuve, controle la situación, me acomode la mochila y espere mi turno.

- Hola buenas tardes…Una de coco con cereza por favor- le pedí a la señorita que normalmente me atiende muy amablemente. Ella a su vez con la misma amabilidad me respondió:

- Hola, claro que si, serian diez pesos — dijo con una gran sonrisa.

Meti las manos a todas mis bolsas y ayyyyy que si no me pasa de todo, se me olvido la cartera, por lo que amablemente dije de nuevo:

- Tengo un pequeño problema, por las prisas olvide mi cartera, existe la posibilidad que tome la nieve y te la pague mañana- le dije apuntando mi mano hacia la nieve servida en su respectivo cono.

- No, regresa cuando tengas dinero- y puso la nieve a su bote dentro del refrigerador, después la acomodo con una palita.

En eso paso el camión que yo estaba esperando y tuve que salir corriendo a perseguirlo…