Venas de jaguar (Papantla 2009)

Escrito en Enero del 2010 para un concurso de cuento corto, basado en un viaje hecho a Papantla, Veracruz; donde conocí una persona que vivió en el sitio Arqueológico de Tajín y me contó su experiencia de como tuvieron que mudarse del sitio arqueológico al ser declarado patrimonio de la humanidad.

Imposible me resulta olvidar el lecho de muerte del indio totonaco Andrés Cervantes, quien fuera bautizado con este nombre por los curas de Papantla muchos años atrás. Contaba con 73 años de edad, y llevaba ya tres días recostado dentro de su choza. Estaba agonizando y con una fiebre muy alta, su cuerpo no dejaba de moverse y soltaba gritos entrecortados. En un instante, su cuerpo se calmó un poco y sus ojos negros, completamente abiertos apuntaban en dirección mía, tenía los labios secos y por momentos le costaba trabajo respirar, me acerqué un poco para tocar su frente; una de sus manos jaló mi camisa con fuerza y me acercó a él, diciendo entre suspiros:

Agradecido estoy a esta tierra, buena madre que me da la vida. Así como se la dio a mis Padres, y a los Padres de estos. Si volamos por las alturas, Dios Tlaloc asoma su cara, y mostrando todas sus luces, deja caer al fin, la lluvia tan esperada. Saciando así, el seno de mi buena madre. La Madre Tierra.

Soltó mi camisa suavemente y se recostó tranquilo, hasta que de un momento a otro, suspiró fuertemente y dejó de respirar. Su corazón se quedó quieto; sus ojos y su boca permanecieron abiertos. Los músculos de mi cara empezaron a ponerse tensos y los ojos se me llenaron de lágrimas. Salí del cuarto, la noche había caído ya. Estaba enfurecido, soltaba golpes y patadas al aire; recordaba el día que fuí nombrado jefe del proyecto de conservación de la zona Arqueológica del Tajín, en medio de la huasteca Veracruzana, lugar a donde me dirigía en ese momento. Miré al cielo y había una gran luna llena, su resplandor iluminó mi camino. Me encontraba llegando a las ruinas, cuando comencé a escuchar un ruido chillante y ensordecedor; el cual parecía seguirme… Me tape los oídos con las manos y empecé a correr, un escalofrío recorrió todo mi cuerpo; de pronto tropecé con algo y caí al suelo quedando boca abajo. Estando en el suelo, me percaté que el sonido provenía debajo de la tierra, en este momento la desesperación era tal, que con las manos empecé a cavar un hoyo, y entre más cavaba, el ruido era más fuerte. Me encontraba desquiciado, quería llegar al fondo de todo; mis manos se movían cada vez más rápido, sentí como una de mis uñas se desprendió del dedo índice derecho justo cuando removía una piedra de la tierra; pero ni el dolor que me provocó podía aplacar la furia que en este momento se había desatado dentro de mí. Una luz resplandeciente apareció y me cegó completamente, llevé las manos a mis ojos y caí de espaldas sobre la tierra; el ruido desapareció y perdí el conocimiento…

Algo muy suave rozo mis labios, dejando un delicioso sabor a vainilla sobre ellos. Poco a poco me fuí levantando, el cielo estaba despejado y la mañana había llegado. Frente a mí, se encontraba sentada una joven mujer, de piel morena y pelo negro; tenía puesto un traje de manta, color claro. Quedé sentado frente a la hermosa dama. Mis manos estaban limpias, veía el hueco que dejó la uña que perdí; sin embargo, no existía dolor alguno. Busqué algún hoyo en la tierra… Traté de decir algo, pero la mujer me interrumpió:

No hables, escúchame. Aquí no encontraras lo que buscas ¿Cómo distingues entre un sueño salvaje o el recuerdo de un hecho salvaje? Estarás de acuerdo conmigo, en que los dos están sólo en tu memoria. Si lo contaras a otra persona ¿Cómo podrías demostrar que algo sucedió cuando estabas despierto o que sucedió cuando dormías? Solo tú conoces la verdad; no olvides que la prudencia, es una virtud que pocos conocen. Cierra los ojos, imagina el universo y piérdete en el infinito….Bienvenido a casa hijo mío.