Viajar al estilo Tapo (CdMx — Oaxaca 2010)

Diario de viaje. Abril del 2010.

- Buenas noches pasen por favor a registrar sus mochilas en el escritorio jóvenes por favor. Nos dijo la mujer policía que cuida la puerta de acceso a los camiones de segunda, en la central Tapo de la ciudad de México.

- Por eso me gusta viajar por AU — me dijo Gabriel cuando nos dirigíamos al escritorio del equipaje.

Dejamos las mochilas y en seguida subimos al camión, no tenia TV lo cual fue excelente, hasta que se subió una señora cargando un niño en sus brazos, el cual iba sonriendo y movía las piernecillas en el aire, le señora me pidió permiso para pasar a su lugar en la ventana junto a mi asiento. Me moví como pude y el niño quedo exactamente pateándome la cara durante el tiempo que la señora platicaba con su esposo que estaba en el asiento delantero, después de unos 15 segundos decidí cambiarles el lugar y así los dos podían estar juntos. La señora me agradeció muy contenta y le dijo a juanito, su hijo, que le diera las gracias al muchacho tan amable que había cambiado el lugar, sonriéndole al niño y a la madre, me pase para adelante. Grave error: ya no eran las patadas del niño las que me molestaban, no dejo de llorar las cuatro horas de camino que pasamos hasta llegar a Cuautla, dos horas antes de la ciudad de Oaxaca.

A las 6:30 de la mañana el camionero se estaciono de seco, y a su vez prendió las luces gritando: Terminal suuuuur, bienvenidos a la Ciudad de Oaxaca señores pasajeros, les pido que de manera ordenada bajen y se formen para recoger sus mochilas!

Gracias a los empujones y los codazos con los que me recibió la mañana, nos toco ser los últimos en recoger las mochilas.

- Mi mochila no está aquí- le dijo Gabriel al encargado de las mochilas, que se estaba comiendo un mango y escupía la cascara al piso.

- Haber chéquele bien amigo porque aquí viene todo.

Después de checar, era definitivo, la mochila no estaba.

- Pinche AU de mierda, nunca me había pasado esto- Dijo Gabriel.

Sin más remedio salimos de la estación dejando los datos para regresar por la mochila después…

- Heyyyy que tal de viaje — era la voz de Cosme Padilla, quien comparte departamento con Gabriel en la ciudad de México y venia por nosotros para llevarnos a casa de su tía, donde dormiríamos; subimos las cosas a su coche y partimos.

Más tarde, recogimos a nuestra amiga América y juntos fuimos a ver el famoso árbol del Tule: que tiene como unos 20 mt de diámetro, el tronco claro, y 50 mt. de altura, y que según dice la leyenda (escrita en una plaquita al lado del árbol) tiene más de 2000 años y ha servido para un sinfín de cosas relacionadas con fenómenos e historia de civilizaciones antiguas de esta zona; hasta de adorno milagroso de la catedral actual, que recibe ofrendas y limosnas de todos los visitantes del museo del árbol, que cuesta 5 pesos, y te incluye ver el árbol más de cerca. Dentro del museo reconocí a un señor potosino que cargaba una cámara de video y llevaba puesta su gorra de Carranco y sonreía caminando junto a su esposa, mientras sus hijos trataban de saltarse la reja de un metro de altura, que protegía al gigantesco árbol. Al habernos reconocido, nos acercamos y nos dimos la mano sonriendo como los buenos amigos que nunca hemos sido, pero claro, porque no ser amigos estando tan lejos de casa, cuando en casa podemos vernos diario y nunca voltearnos a ver.

Después de este hecho inesperado, decidimos ir a buscar un lugar para comer, seguimos el camino de terracería y cruzamos entre dos gallinas que picaban la tierra y sacaban una piedritas tratando de masticarlas y que al darse cuenta de lo duras que estaban, las escupían de nuevo y buscaban otras para hacer lo mismo. Al fin llegamos a un restaurant, pedimos que movieran la mesa debajo de la sombra de un árbol, probablemente nos sentíamos tan cerca de lo natural, que incluso el techo de lámina estropearía esos momentos tan diferentes. Apenas nos sentamos y las palomas empezaron a cagar sobre nosotros, por demás me queda decir que invadimos su territorio.

Pedí una tlayuda de chorizo con cecina y cada quien pidió un vasito con mezcal de gusano, con el cual brindamos los cuatro. En ese momento llegaba una señora que vendía juguetes y alebrijes, puso una jirafita rosa en mi mano con la cual me puse a jugar mientras platicábamos, después le pedí una paletita muy simpática, de la cual cuelga un hilo y una pelota da vueltas por abajo, la cual a su vez hace que unas gallinas se muevan y parece que están comiendo; momentos después, sin darme cuenta por lo divertido que estaba, sentí que algo me frotaba la espalda con algún dispositivo especializado para tal tarea, al voltear vi que la misma señora movía una especie de bola de madera, de la cual salían tres palitos que terminaban en otras bolitas y con esas me frotaba la espalda, la imagen debió ser de lo más divertida, tanto que incluso la señorita que traía los mezcales se detuvo a reír, tanto se reía, que escupió el chicle que masticaba, después se tapo la boca y se regreso a la cocina….