La felicidad del inconsciente

La ansiedad es tabú. ¿Por qué? ¿Por qué la sociedad ha acordado que la ansiedad debe estar asociada a personas débiles, atormentadas y nerviosas? ¿Por qué padecer ansiedad y negarlo? ¿Por qué el autoengaño?

La ansiedad está mal vista.

Hay quien pasa por su vida atormentado por la ansiedad y muere sin haber sido consciente de ello. Ni siquiera cuando claramente ésta ha sido la causa de su marcado carácter apático. He ahí la importancia de ser consciente y la ayuda de un psicólogo.

Aun pudiendo existir múltiples causas, en mi caso, he focalizado mi atención en el miedo al fracaso. El miedo a fracasar ante expectativas, reales o imaginarias. Ante lo que se espera de mí. Y no sólo lo que se espera, sino además fracasar en el intento de conseguir mis metas autoimpuestas, como pueden ser el éxito laboral, encontrar a mi “media naranja” o, simplemente, tener algún día una hipoteca y unos críos.

¿Quién me ha impuesto a mí estas cosas? ¿Por qué dejo que guíen mi vida? Con suerte, te darás cuenta tarde de que nada de eso te hace feliz a ti. Y es que uno de los puntos fuertes de la sociedad actual es inculcar estándares. A veces me deja atónito lo fácil que parece ridiculizar a quien intenta buscar la felicidad a su manera. ¿El ejemplo más claro? ¿Acaso no es normal reírse del típico “friki” que se pasa el día leyendo cómics, viendo anime y jugando a videojuegos? ¿Humillar a ese “friki” que disfruta yendo a eventos y convenciones disfrazado de sus personajes de ficción favoritos? Ridiculizarlo porque a lo mejor él ha encontrado su manera de ser feliz. Amigo mío, te voy a contar un secreto: lo que te hace feliz a ti quizás a otra persona, no. No todos necesitan ir a las Maldivas para hacerse fotos en paisajes paradisiacos para compartir su “felicidad” por redes sociales. No todos disfrutan yendo a exposiciones de arte contemporáneo. El problema es dejarse llevar por esta sociedad tóxica, no conseguir disfrutar de lo que se supone que tienes que disfrutar y… ¡BUM! Ansiedad. Depresión.

Por otro lado, tenemos quien se pasa su vida luchando para triunfar o tener un buen sueldo, creyendo que al final de ese largo y arduo camino será feliz. Es cómico a veces cómo esa visión casi onírica de lo que debe de ser la felicidad obliga a un ser humano a aguantar agobio, ansiedad, miedo, presión, cansancio… Todo para que el día menos pensado palmes. Y en el mejor de los casos, en el que sí llegues a conseguir ese “éxito”, siempre quedará el riesgo de que no sea lo que esperabas. ¿Y entonces qué? Toda una vida tirada al contenedor de residuos orgánicos.

Pasarlo mal nunca está justificado.

Nuestra felicidad entonces se verá condicionada por cómo orientamos nuestra vida, bien con objetivos propios o con expectativas de seres queridos, o no tan queridos, a quienes creemos debemos impresionar. Sabiendo esto ¿no sería lógico eliminar de raíz estos absurdos objetivos autoimpuestos? Eliminaríamos así de un plumazo la ansiedad, el miedo al fracaso, los agobios por no llegar a ciertos mínimos, o como me gusta llamarlos “requisitos”. ¿Cómo es esto posible? Concibiendo todo lo que haces como un plus, como un “bonus track” de un álbum de música. Nadie esperaba eso de ti, pero tú igualmente lo has hecho. Tú has hecho más de lo que se te pedía. Si sólo sobreviviendo ya vas de lujo, cualquier cosa que consigas en la vida, cualquier cosa que hagas ya es un gran logro digno de celebración.

De esta manera, el único periodo de tu vida en el que se podía esperar algo de ti sería durante la escuela. Una vez conseguido superar esa etapa, ya cumpliste con lo que se esperaba de ti en vida. De ahí el considerar cualquier éxito como un plus adicional que te das el lujo de conseguir. Y no conseguirlo no sería un fracaso porque no se esperaba que dieses más de ti. Soy consciente de lo absurdo del concepto, pero el hecho de despojarse de la presión y de la ansiedad no tiene precio. Es liberador.

La poca importancia de fracasar.

Un buen ejemplo donde ponerlo en práctica sería el siguiente: tienes un trabajo y en la empresa se rumorea tu despido ¿por qué tener miedo a ese despido? ¿Por qué rogar entre lágrimas una segunda oportunidad al jefe? ¿Por qué los cojones de corbata? Pierde ese trabajo, ya encontrarás otro. Total, en tus metas no está el éxito laboral y el fracaso no significa nada para ti. Al igual sucede con las relaciones sentimentales: no tengas miedo a la ruptura, hay más peces igual de hijos de puta en el mar por los que desvivirse.