Si me preguntás

La idea se me apareció ese día como una certeza demoledora, así que me aferré a ella como si fuera la última gota de agua sobre la Tierra. Fue mientras veía a Maite bailar. Cuando la vi sola en el escenario supe lo que iba a pasar. Por fin.

Más tarde, helado de por medio, me preguntó si lo había hecho bien, si me había gustado. -Bien, le pusiste mucha garra, estuvo lindo- ¿Qué le iba a decir? ¿Que me pareció una mierda? ¿Qué todo lo que hace me parece una mierda? ¿O que directamente ni me interesa? ¿Qué probara con cualquier otra cosa total a mí me daba lo mismo? ¿Cómo se le dice eso a una nena de cinco años? No, no podía decirle eso. Sé que la destrozaría en mil pedazos, y ni siquiera sé si es por eso o porque no tengo las fuerzas que se necesitan para enfrentarla y decírselo. La veo así, tan frágil, con su vestido blanco de acá para allá, con las mejillas rosas, su pelo largo. Tan fresca, tan inocente. Y digo inocente por no decir ingenua. Le hice preguntas que fingían interés mientras le pagaba un segundo helado. Sabía que era el helado de la culpa. Hace rato que me di cuenta que no la quiero. Me costó mucho aceptarlo, hasta que supe que era una cuestión de supervivencia: ella o yo. Los dos juntos no teníamos garantías de existencia. Esa fue la razón que usé para autoconvencerme.

Nunca me hizo nada malo. Ni siquiera nos cayó en un momento inesperado, con Cynthia estábamos planeando tener un hijo hacía meses. Cuando nació era mi todo, mi hija, mi Maitecita; le decía mientras la comía a besos. Empezó a crecer y en cada cumpleaños me sentía peor que el anterior. Con el tiempo, parte de mi amor por ella fue mutando. No sé si fue a partir de la muerte de su madre, o si este desamor empezó a gestarse desde antes. Con lo de la danza empezó bien de chiquita, siempre le gustó y Cynthia la incentivaba mucho para que practicara, para que se animara a bailar. Después, cuando ella ya no estaba, era yo quien la tenía que llevar e ir a buscar a sus clases de gimnasia jazz, tap, swing, hip hop, etc. Que el tutú violeta, que las tapitas negras para hacer ruido con el zapato, que todos mis fines de semana ocupados en sus torneos, que la tengo que acompañar y cuidar porque soy lo único que tiene en el mundo. Me molestaba, me fastidiaba tener que lidiar con todo eso y no saber por qué. ¿Dónde podía meter mi pedacito de vida entre toda esa maratón de eventos y sucesos ajenos a mí? ¿Dónde quedaba el lugar para habitar mi propia vida? Mis amigos, mis libros, mis talleres, mis afición por la fotografía, mi tiempo ocioso, mi vida sexual, todo había quedado guardado en algún lado que desconocía. Había sido reemplazado por este ser humano chiquito, risueño, infantil, del que yo me tenía que hacer cargo.

Al principio quería creer que era algo pasajero, que era la famosa crisis de la paternidad, y que algún día, cuando Maite me mirara buscando mi aprobación, todo iba a volver a la normalidad. Estaba seguro que en algún momento iba a poder sentirme como me sentí el primer día de su existencia, cuando la conocí en la clínica toda roja e hinchada como una frutilla reventada. Intenté mucho tiempo volver a quererla, durante varios años me sentí como un nene intentando encajar un cuadrado de plástico en un agujero redondo. Hace poco me di cuenta que era imposible. Me invadió una extraña paz cuando supe lo que había que hacer. Solo tenía que aguantar tres días más.

Esperé con tranquilidad hasta el martes a las 20hs. Ella salía de su entrenamiento para el próximo torneo. Llegué quince minutos antes para quedarme en el auto esperando, mientras decantaba todo el alboroto de pensamientos que había acumulado esos últimos días. El hámster de Maite me miraba tras las rejas, desde la jaula en el asiento de atrás. Lo llevé porque pensé que ella iba a asustarse menos si se quedaba con alguien conocido. Además si no quiero quedarme con mi propia hija, menos voy a querer conservar su hámster. Necesitaba liberarme de todo lo que me hacía ruido, de todo lo que me generaba duda. Tuvimos una pequeña conversación. Por algún motivo me salió pedirle que la cuide, que yo no era la persona indicada en este mundo para protegerla, y que nadie podía quererla y acompañarla mejor que él. El, a su manera, me dijo que me quedara tranquilo.

Cuando Maite abrió la puerta, me encajó su bolso lleno de mallas, ropa interior y shorts deportivos, y se sentó. La miré, tenía la cara transpirada. Me contó que el torneo del sábado en vez de a las diez era a las nueve, y se apoyó sobre el respaldo. Ah- fue lo único que dije. Puse el auto en marcha y apreté el acelerador. Silencio. A las cinco cuadras giré la cabeza y la veo con los ojos cerrados y chorreando baba con la boca abierta.

Cuando llegamos, antes de abrir la puerta metí la jaula adentro del bolso. Me bajé del auto y le abrí la puerta a Maite. Se había despertado recién. No iba a explicarle nada hasta que ella no quisiera saber. Me preguntó que hacíamos ahí.

-Surgió un viaje a último momento.

-¿De qué?

-Tenés parientes en el interior que te quieren conocer. Se enteraron que existías cuando murió tu mamá, por un tema con la sucesión de la casa- dije sin mirarla.

-¿La qué?- dijo ella con los ojos brillosos.

Pregunté en la primera boletería que vi cuál era el próximo micro que salía.

-Ese que está ahí, va a Bariloche- me lo señaló con el dedo la chica de uniforme.

-Dame uno.

Pagué, le di el pasaje a Maite y le dije:

-Tenés que subirte a ese micro, ¿sabés? Hay gente que te quiere mucho y te quiere conocer. Te van a estar esperando cuando llegues.

Le di un abrazo y me fui.

Pasaron ocho años. No hay un día en que no piense en ella. Pero no la extrañé nunca, y no me arrepiento de lo que hice. Soy más feliz. Nos ahorré el problema de tener una historia familiar mediocre, nos evité el esfuerzo de tener que mantener una fachada. Cualquiera puede pensar que soy un hijo de puta, pero ¿quién elije gastar toda una vida fingiendo amor? Yo no. Déjenme con la cosa más honesta que hice en mi vida, ahora duermo tranquilo.

One clap, two clap, three clap, forty?

By clapping more or less, you can signal to us which stories really stand out.