Un golpe de timón y una vuelta por las Rías Baixas

El irlandés Papageno surcando las excitantes aguas de las Rías Baixas

Hemos de reconocerlo. Nos gusta improvisar y nos encantan las sorpresas.

Para esta semana teníamos programada una historia muy triste, poblada de muertes a babor y estribor, a uno y otro lado del cabo. Una historia de esas que mientras escribes te toca en lo emocional y te mete en un pozo de insondable tristeza… Y también te da frío… mucho frío. Casi la teníamos acabada cuando, buceando por la Red, hete aquí que nos dimos de bruces con una peripecia que era todo lo contrario: refrescante, luminosa, optimista. Un reportaje escrito por un viajero impenitente que apareció hace solo cinco días en un medio británico de intachable reputación: Yachting Monthly. Y aunque Corrubedo ostenta un papel más bien testimonial hemos decidido dar un golpe de timón y centrar el post en esta narración en la que el autor surca en velero las Rías Baixas. ¿Por qué? Bueno… nos gusta saber cómo nos perciben desde otras latitudes y culturas, cuál es esa primera impresión que se llevan de aquí: de nuestra gente, de nuestra tierra, de nuestros hábitos, de nuestro mar. Leer el artículo nos ha resultado enriquecedor y queremos compartir la experiencia con vosotros.

Aparcamos pues nuestra gélida-lacrimógena historia para navegar un rato por el lado soleado de la vida.

Portada vintage de Yachtling Monthly: la Segunda Guerra Mundial no detuvo las rotativas

Yatching Monthly no es una revista cualquiera. Vio la luz en mayo de 1906 con la intención de informar sobre la naciente náutica deportiva. Fue lanzada por un arquitecto naval de 33 años llamado Herbert Reiach: «El navegante de cruceros es un hombre tolerante y con buen humor — decía en su primera editorial — ; Yatching Monthly pretende reflejar su talante». Ni la Primera Guerra Mundial — en la que el magazine desarrolló una suerte de activismo para que sus lectores se convirtiesen en auténticos vigías detectasubmarinos — ni en la Segunda — en la que una bomba destruyó sus oficinas londineses — dejó de publicarse. En diciembre de 1989 celebró su número 1.000. Después llegó Internet y la inevitable dispersión de esfuerzos hacia el papel y lo digital. Su tirada total, incluyendo ambos conceptos, fue de 22.109 ejemplares en 2015… Resistiendo.

Chris Beeson tampoco es un periodista cualquiera. A los diez años de edad empezó a navegar en las aguas cálidas de Malasia y desde entonces no ha parado: Irlanda, el Caribe, el Báltico, la China Meridional, el Mediterráneo, Columbia Británica, el canal de Panamá… Ejerce de asistente al editor en Yatching Monthly y tiene un par de libros traducidos al castellano: ¿Y ahora qué hacemos patrón? y Manual de Supervivencia en el Mar. Entre sus cuentas pendientes estaba la costa gallega… hasta el verano pasado.

«A cruising guide to the Rías Baixas». Ese es el título con que publicó este martes 7 de marzo su reportaje sobre su experiencia aquí. Su llegada no pudo dar más en el clavo: aterrizó en el aeropuerto de Santiago el 25 de julio, festividad del Apóstol y Día Nacional de Galicia o de la Patria Gallega.

El hombre es sincero. Nada más ponerse en faena admite que nuestra proximidad geográfica a la «temible» bahía de Vizcaya y el «poco hospitalario» nombre de Costa da Morte le habían pintado un paraje difícil de navegar: una «costa irregular y despiadada azotada por el poder sin trabas del furioso Atlántico».

Sin embargo, sus sensaciones empezaron a cambiar en el trayecto que le llevó desde la ciudad compostelana hasta el Club Náutico de Portosín, donde habría de iniciar su travesía. «Manchando las onduladas colinas — escribe — había viñedos, granjas, iglesias y pequeños pueblos, con ríos y vías de ferrocarril serpeando plácidamente a través del paisaje».

Club Náutico de Portosín: hora de zarpar

En la localidad sonense le esperará quien va a ser su anfitrión estos días: el inglés Peter Haden, dueño de un hotel en la verde Irlanda y de un velero de 10 metros de eslora bautizado Papageno que acostumbra dormir los inviernos en el Club Náutico Rodeira en Cangas pero que cada verano desde 2005 surca las aguas de nuestra orografía gobernado por su septuagenario patrón, quien se confiesa joven y feliz estando por aquí [Faro de Vigo, 25 de agosto de 2011].

El martes 26 de julio llega la hora de la partida. Zarparán del Club Náutico de Portosín, del que Beeson no escatima elogios, y pondrán rumbo al suroeste cruzando entre punta Queixal y los islotes de Neixón para abandonar la ría de Muros y Noia. Tras «millas y millas de playas desiertas» y después de dejar atrás As Basoñas y punta Careixiñas se aprestan a rodear cabo Corrubedo con su «handsome faro». «Entonces es cuando las cosas se ponen interesantes — anota — . Estamos a punto de plantar cara al canal de Sagres».

Portada de la guía Cruising Galicia

Aquí el periodista hace una digresión para transcribir lo que sobre este canal dice la guía Cruising Galicia publicada en 2008 por Imray, centenaria editorial especializada en libros y cartas náuticas. «Es un paso de 250 metros de ancho y de 7 a 10 de profundidad — cita — que no es recomendable excepto en días de calma, usando cartas detalladas y preferiblemente con conocimiento local».

Se ve que Beeson no las tiene todas consigo […y no nos extraña: allí fue donde perdieron la vida los seis muertos del María Rosa] puesto que hace dos consideraciones importantes: primera, que van lanzados a entre 15 y 18 nudos de velocidad; y segunda, que, por lo que ha podido colegir, el patrón del Papageno no es precisamente un «hombre de cartas» (ya sean detalladas o de otro tipo, apostilla) sino que prefiere regirse por un «pilotaje espiritual». «Al menos no le falta conocimiento local», se consuela.

Con el motor encendido por si las moscas, Haden hace uso de lo que en un rapto de inspiración Jedi el escritor denomina «la Fuerza» y ambos se precipitan hacia un «cúmulo de rocas de aspecto aterrador y aniquilación segura», dejando en la popa el «precioso» («pretty much») Corrubedo hasta que un promontorio que emerge por estribor les hace corregir el rumbo y pasan a través de un «auténtico valle de la muerte» que al autor le semejó bastante más estrecho que los 250 metros que indicaba la guía de Imray. Por fin alcanzan las Piedras del Sargo que «marcan la salida a tres millas de un panorama de destrucción con rocas afiladas como cuchillas que puedes ver y arrecifes dentados que no puedes ver»… El premio a tamaña osadía será un refrigerio en un paraíso en la tierra…

Tras superar la ordalía del paso de Sagres llega la recompensa en forma de isla

…Sálvora, donde se detienen para almorzar. El escritor dedicará cuatro párrafos a alabar la hermosura de la más meridional de las islas incluidas en el Parque Nacional das Illas Atlánticas en lo que parece amor a primera vista. Beeson resumirá su historia, rememorando su condición de refugio para piratas sarracenos hace un milenio, el naufragio del vapor Santa Isabel («the Galician Titanic», lo llama) o el abandono de sus últimos moradores en 1972. Mencionará dos singulares mutaciones arquitectónicas: la que convirtió en pazo aquella prístina fábrica de salazón que edificara Jerónimo de Hijosa en el siglo XVIII y la que hizo de una taberna la capilla de Santa Catalina. Evocará la legendaria sirena de la que nació la estirpe de los Mariño de ojos azules. Y hablará de su uso actual como lugar de cría para las aves marinas y santuario de caballos salvajes.

Siguiente parada, Portonovo. Tras atravesar la «imposiblemente bonita» playa de A Lanzada y rodear punta Cabicastro el Papageno alcanza las modernas instalaciones del club náutico de la villa, donde disfrutará de una magnífica cena de la que recomienda un plato: zamburiñas en foie-gras. Después conocerá una de las famosas noches de verano en la localidad, con sus bulliciosos bares y restaurantes, en uno de los cuales tendrá ocasión de catar un rioja por 2,40 euros. Ya por la mañana visitará el abarrotado mercado para comprarse por 10 euros un kilo de mejillones.

La ruta prosigue hasta la isla de Ons, donde se entretienen caminando desde el muelle hasta el faro y se recrean en la observación allá al norte del distante cabo Fisterra. Al regresar se dan un homenaje en Casa Checho, en el que comen percebes y pulpo a la gallega regados con vino Albariño… Sabia elección.

Lo mejor de cada casa: pulpo, percebes y vino Albariño

Y como no hay dos sin tres, después de Sálvora y Ons le llega el turno a las islas Cíes. Rodean punta Muxieiro y echan el ancla junto a la baliza de Piedra el Borrón. Allí nuestro escritor, ni corto ni perezoso, decide zambullirse para nadar hasta la orilla: «Podrá ser julio, pero con meterte en el agua recordarás intensamente que esto es el Atlántico», suspira [y eso que no ha probado el agua de Corrubedo…]. Una vez aclimatado, bracea hasta una playa de fina arena en la que no deja de reparar en que ferrys y más ferrys transportan a centenares de vecinos locales hasta el archipiélago pues aquí nadie es ajeno a la belleza del entorno.

Más tarde, frente a la playa nudista de Barra en la península del Morrazo, Haden identificará otro yate llamado Oustercatcher propiedad de unos amigos suyos irlandeses: Brian y Anne Cronin con los que quedan para cenar al día siguiente. El sol ya está cerca del ocaso así que se disponen a saborear aquellos mejillones adquiridos por la mañana en Portonovo mientras los bañistas en cueros — «estamos lo suficiente lejos para que ello no afecte a nuestros apetitos» — se van retirando del arenal a medida que las sombras de la noche se expanden.

Peter Haden sonriente a bordo de su velero en aguas gallegas

Un nuevo día. Realizan una expedición fotográfica a la isla de San Martiño y después se internan en la ría de Vigo, atravesando grandes extensiones de bateas a pesar de la aprensión que le suscitaba a Beeson el tener que navegar entre aquellas estructuras por huecos de apenas 10 metros.

Atracan en el cangués Club Náutico Rodeira, ese en el que suele amarrar el Papageno en la temporada de invierno, y comparten bebidas y tapas en el bar con el presidente de la entidad, Juan Carlos Rodríguez, en un evento organizado por Faro de Vigo. Por la tarde callejean por Cangas y disfrutan de una cena sensacional en la Tapería O Pelao en compañía de los Cronin.

Nos acercamos al final… Después de visitar el mercado Peter y Chris cogen el ferry para cruzar la ría y conocer el Club Náutico de Vigo, que le impresiona por su arquitectura «que evoca el estilo de las grandes líneas transoceánicas». Acto seguido se suben al tren rumbo a Santiago de Compostela, donde, claro, el autor se queda anonadado ante la visión del conjunto monumental, la plaza del Obradoiro, la Catedral, el hostal de los Reyes Católicos y la interminable riada de peregrinos llegados de todas las partes del planeta. Despedida, taxi, aeropuerto y regreso a casa.

Este es su veredicto: «Este crucero tiene absolutamente todo lo que el navegante podría esperar: brisas regulares, clima cálido, buenos refugios a cualquier viento, abundancia de clubs amigables con asombrosas instalaciones, islas alejadas de la costa de fácil acceso, alucinantes fondeaderos, excelente precio, fabulosa comida y vino, hermosos escenarios, buenos enlaces de transporte e increíble historia. El único riesgo es que no quieras abandonarlo».

Amén.

Lo hemos traducido a las prisas pero quien quiera leer el reportaje completo en su versión original os dejamos el link. Por nuestra parte, nos despedimos mientras se acerca la hora de comer y el azul lucha por teñir el cielo. ¡Ya huele a primavera!

El Club Náutico Rodeira dejó testimonio de la visita en su web: Chris Beeson es el del centro

¿Y la heladora historia que os íbamos a contar? La dejaremos para el próximo invierno.


Originally published at barpequeno.wordpress.com on March 12, 2017.