Una casa y un jardín

Ojalá te compres una casa grande. Blanca y con techo de tejas bien naranjas. Desplegada en una sola planta. Que sea como una isla en medio del jardín, que la rodee el pasto a todos los costados. Que tenga un pino en el patio de adelante. Un pino que lo hayas elegido un día. Bajo el brazo desde un vivero y llevado, así chiquito, en una de esas macetas temporales. Que ponerlo en la tierra no haya sido mucho trabajo. Que lo puedas ver crecer, que veas el paso del tiempo. Hasta que un día sea demasiado alto como para adornar en navidad.

Que dé sombra en un living con una mesa grande, maciza. Rodeada de sillas que no hacen el juego original, pero que igual quedan bien. Hechas de madera tipo roble o algunas de esas de antes. Nada ecológico, o de esas cosas como las que se hacen los muebles ahora. Que sean de buena calidad y un poco toscas. Pero que se pueda acercar alguna, con apoya brazos, afuera, cuando no quieras estar en el sillón. Que haya una parra para leer bajo ella en verano. O en primavera. O para pensar mientras se mueve la luz que pasa de todos modos. Ese efecto de luz que atraviesa las hojas pero nunca en el mismo lugar tiene un nombre. No me lo acuerdo y ya no voy a buscar cosas como esas para contarte. Bajo la parra también es un muy buen lugar para charlar, un día me vas a decir. “Seguro”, contestaré. O que otro día arreglamos. Te regalo mi cordialidad, mi charla en una vereda de casualidad. Que sepas que ando bien. Que veas alguna que otra cosa que sea pública en un perfil de algo. Que no me tomé ningún tiempo para borrar ningún mapa. Que sigo como si nada porque no vale la pena. Te regalo una sonrisa genérica y un te aviso y un día paso, que sabemos es mentira.

Ojalá sea cerca del mar, la casa. Te regalo el espacio bajo la parra, con su sombra de a parches y el aire con ese olor a mar que llegue de a ratos. Te regalo tiempo en soledad en que nadie quiera ir a visitarte. Te regalo la reposera, los muebles y el pino. Y un rosal y una biblioteca y años y silencio para pensar en cómo es que es tan fácil comprar casas hermosas, pero a veces no hay quien ayude a mover la mesa.

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