Solo hay 5 tipos de planetas
Y ni rocosos ni gaseosos son unos de ellos

En efecto, según un estudio realizado por 3 científicos en su trabajo Earth as a Hybrid Planet, podemos clasificar todos los planetas del universo bajo 5 categorías. Dicha clasificación se fundamenta en la capacidad que tiene cada planeta de producir energía libre, es decir, aquella porción de energía que esta disponible para realizar trabajo termodinámico en un sistema. Esta energía libre causa lo que se conoce como desequilibrio energético.
Un planeta será capaz de generar esta energía mediante procesos abióticos (los que no tienen relación con seres vivos), bióticos (los que si están relacionados con seres vivos) y tecnológicos. La existencia o no de estos procesos, así como su intensidad, nos permiten realizar la clasificación.
Clase I: planetas sin atmósfera
Se caracterizan por un equilibrio de radiación, por lo que la radiación estelar absorbida es aproximadamente igual a la emitida por el propio planeta. Mercurio sería un ejemplo de planeta de clase I, puesto que la sonda Mariner10 de la NASA no dio evidencias de una atmósfera significativa, lo cual implica que no existe nada capaz de generar un desequilibrio energético.

Clase II: planetas con atmósfera
Los planetas con atmósfera, que contienen gases de efecto invernadero, interactúan con la radiación solar creando gradientes térmicos entre la superficie y la atmósfera del planeta.
Estos gradientes generan energía cinética debido a los flujos convectivos de los gases por lo que la radiación absorbida por el planeta ya no es igual a la emitida por el mismo y se genera el desequilibrio del que venimos hablando. Venus sería un ejemplo de planeta de clase II, debido a su densa atmósfera.

Clase III: planetas con biosfera leve
En estos planetas se da por supuesta la existencia de la atmósfera y el desequilibrio que esta genera. En los clase III, la vida se ha abierto lugar y consigue existir mediante la energía libre química que obtiene del entorno. No obstante, dicha vida no es capaz de causar un desequilibrio energético perceptible y es por eso que se dice que estos planetas tienen biosferas leves. La Tierra en el Precámbrico, hace 4000 millones de años, fue un ejemplo de planeta de clase III.

Clase IV: planetas con biosfera fuerte
En estos planetas las formas de vida alteran el equilibrio energético de forma notable y son capaces de alterar la composición atmosférica o el balance de agua, entre otras cosas. La vida, por lo tanto, da forma a su entorno (aunque no bajo un punto de vista tecnológico) y por eso decimos que se trata de planetas con biosfera fuerte. La Tierra durante el Cretáceo o la luna Pandora, de la película Avatar, son ejemplos de planeta de clase IV.

Clase V: planetas tecnológicos
Finalmente, estos planetas albergan vida inteligente, cuya actividad tecnológica intensiva es capaz de generar y retroalimentar energía libre, generando una forma más de alterar el equilibrio energético. Todos estos procesos tecnológicos se definen como aquellos procesos físicos que no podemos observar de manera natural a menos que nosotros alteremos el entorno. Para entendernos, el uso de placas solares para la generación de energía es un ejemplo de creación de energía mediante la tecnología, pues el efecto fotoeléctrico no es algo que podamos observar en la naturaleza.

Si consiguiésemos obtener toda nuestra electricidad por medio de energía solar u otras energías renovables con niveles de retroalimentación igualmente bajos, entonces la Tierra sería un planeta de clase V. Hasta entonces nos encontramos en un punto intermedio entre las dos últimas clasificaciones.
Los planetas de clase IV y V son claramente los más interesantes de todos a la vez que los más improbables. No obstante, el universo es vasto y las asunciones más pesimistas aseguran la existencia de un gran número de estos planetas a lo largo de la historia cósmica. Quizás somos el único planeta con vida en este preciso tiempo o uno de miles solo en la Vía Láctea. ¿Quién sabe?
