DISCURSO DE GRADUACIÓN
Honorables y distinguidas autoridades académicas y administrativas de la Universidad Internacional San Isidro Labrador, queridos compañeros graduados, familiares y amigos que nos acompañan, tengan todos muy buenas tardes.
Es un gran honor para mí poder dirigirme a ustedes en nombre de todos mis compañeros y compañeras en esta tarde tan especial. Quisiera comenzar este mensaje expresando nuestro agradecimiento a todos los aquí presentes. Sin lugar a duda, este éxito no hubiese sido posible sin su apoyo incondicional. En primer lugar, debemos agradecer a nuestras familias o personas cercanas, quienes nunca dejaron de creer en nuestro potencial y siempre nos animaron a seguir luchando, a dar nuestro máximo esfuerzo, aunque hubiera días grises. Además, quiero agradecer a todos nuestros profesores por compartirnos su experiencia y conocimientos, y por ayudarnos a crecer en nuestras capacidades. Finalmente, pero no menos importante, deseo agradecer a mis compañeros y compañeras por su amistad y confianza, que hicieron de estos meses, una experiencia agradable y reconfortante.
Hoy nos damos cuenta de que lo que aprendimos en las aulas es igual de importante que lo que aprendimos fuera de ellas. Hoy podemos dar fe que el trabajo duro tiene siempre su recompensa.
Hoy somos profesionales, con todo el honor y compromiso que esto representa, pues la educación que hemos recibido no solo busca formar profesionales competentes técnicamente, sino también ciudadanos críticos, honestos y solidarios que incidan en la realidad histórica de Costa Rica.
Estimados, hoy recibiremos un título que representa la suma de muchos esfuerzos, desvelos, experiencias invaluables y amigos que llevaremos para siempre en nuestros corazones. No perdamos de vista que este día celebramos la culminación de un ciclo, ya que al recibir nuestro título estamos aceptando, a la vez, un compromiso a futuro. Hoy saldremos de esta universidad coronados con honores y rodeados de las felicitaciones de nuestros seres queridos, pero jamás olvidemos, compañeros, que la Universidad nos invita ahora a trabajar por una sociedad más humana y justa, a trabajar por un país próspero, a demostrar que podemos cambiar paradigmas y mejorar las cosas.
Como reflexión final, voy a citar las palabras del sacerdote salvadoreño José María Tojeira, quien dijera que, en uno de sus escritos sobre la educación universitaria, “ustedes deberán ser élites inclusivas”. Estas palabras sintetizan bien el privilegio y la responsabilidad que hoy asumimos: nos convertimos en “élites” porque pasamos a formar parte de una minoría muy afortunada: ese pequeño porcentaje de la población que logra culminar estudios universitarios. Pero a la vez, estamos llamados a ser “inclusivos”, es decir, debemos asumir el compromiso de trabajar por el desarrollo integral de nuestra sociedad, para que, en un futuro no muy lejano, todos los costarricenses tengamos las mismas oportunidades. Compañeros, que esta invitación quede grabada en nuestra mente y corazón.
Finalmente, los animo a que nunca dejemos de perseguir nuestros sueños, a hacer siempre lo correcto y a seguir construyendo nuestro destino a la luz de los valores. Queridos compañeros y compañeras, de aquí en adelante, el cielo es el límite. ¡Muchas felicidades!
